Ninguna

Prólogo: Steve Stevenson, vigilante de los cielos de profesión

En el cielo, a veces, también hay guerras y orgasmos. Es en esa fina línea donde el mar conoce al cielo, donde todo termina y vuelve a empezar. Un ciclo que se lleva repitiendo una y otra vez tanto tiempo que ya no se sabe qué es más viejo, si el cielo o el mismo ciclo.

Había siempre un hombre a cargo de presenciar el ciclo, asegurándose de que el ciclo siguiera adelante. Un hombre que, debido a las pequeñas casualidades que conforman la vida, siempre se llamaba Steve Stevenson.

Steve Stevenson XXIV, el Stevenson que resulta ser el protagonista de nuestra historia, tenía una vida tranquila, apacible, envidiable para muchos salvo para aquellas personas que prefieren una vida interesante y esas cosas. Vivía en un gigantesco faro de piedra alejado de la civilización a más de cien kilómetros de radio. Se despertaba por la mañana muy temprano, se servía una taza de café y miraba al cielo. Seguía mirando el cielo durante cinco o seis horas y entonces se preparaba un rápido almuerzo, y luego seguía mirando al cielo durante otras siete u ocho horas, entonces se preparaba una cena, miraba al cielo otras cuatro horas, y a dormir. Al día siguiente vuelta a empezar, todos los días mirando al cielo, sin descanso, sin días libres, siempre, sin nada más que le pudiera preocupar.

Y entonces, un día, pocos días después del quincuagésimo segundo cumpleaños de Steve Stevenson XXIV, el cielo tuvo un orgasmo, y Steve estaba allí para presenciarlo.

Capítulo I: El Fuego del Infierno de Venus

Llevaba seis horas y media mirado el cielo cuando, en un instante, un destello dorado lo cubrió todo. Un cambio de ciclo, pensó Steve Stevenson, o tal vez la destrucción de uno.

Steve había oído historias desde que era pequeño sobre el significado de ese destello. Según decían, un destello dorado en el horizonte marino es una señal de que Venus ha sido destruido, pero Steve se mostró siempre escéptico, pues le habían dicho que ese destello fue registrado al menos dos veces en el transcurso de la historia de los vigilantes de cielos, pero según había leído en los libros, Venus solo había uno. Así que cuando Steve contempló anonadado ese destello, comprobando con sus propios ojos que al menos una parte de la leyenda era cierta (el destello existía, al menos), no pensó en Venus. Lo primero que pensó Steve Stevenson XXIV al contemplar anonadado el destello dorado fue que debía avisar cuanto antes a Steve Stevenson XXIII.

Mas no tuvo oportunidad de hacer la llamada, pues sus grandes ojos quedaron aún más grandes y embelesados con lo que vino después del orgasmo celestial.

Los únicos datos registrados que existen sobre el orgasmo del destello dorado (cuyas autorías pertenecen a Steve Stevenson VI y XIII) son escuetos: un destello del color del oro en le lejanía del horizonte marino, y luego, de nuevo tranquilidad. Es posible que precisamente por eso, por la falta de algo realmente jugoso que contar, se inventaran lo de Venus. Pero ninguno de esos datos hablaba de lo que contempló Steve Stevenson XXIV justo después del destello dorado. El destello, o eso le pareció a Stevenson, se alargó tomando la forma de algo parecido a una vagina gigantesca y dorada, fulgurante en el horizonte marino; luego, para mayor sorpresa, de la vagina emergió un dragón dorado con tres cabezas coronando sus sendos cuellos de hidra. El dragón tricéfalo alado comenzó a lanzar rayos láser color anaranjado por sus tres fauces, y estos rayos triples golpeaban las olas creando remolinos y tornados. Una imagen digna de ver, una imagen que te hace estar al fin orgulloso de ser vigilante de los cielos, pensó Steve Stevenson, y desde luego una imagen digna de ser registrada en datos fehacientes que me otorguen la fama sempiterna.

La bestia surgida de la vagina dorada se mantuvo veinte minutos en el mismo rollo: creando tornados y remolinos con sus alas cromadas, devastando enormes tsunamis con sus rayos láser triples y, en definitiva, alterando el ciclo eterno que debía vigilar y salvaguardar Steve, del que dependía su sustento y, por ende, su nutrida colección de pornografía. Cuando hicieron veinticuatro minutos exactos, Stevenson XXIV pensó que no se iba a perder nada por ausentarse cinco minutos, y decidió telefonear a Stevenson XXIII para contarle lo ocurrido y prepararlo para la lectura de datos más polémica de las últimas diez generaciones.

Mas no tuvo oportunidad de hacer la llamada, pues sus grandes ojos quedaron aún más grandes y embelesados con lo que vino después del dragón tricéfalo dorado.

Capítulo II: Erika Shiragami, o al menos, lo fue alguna vez

¿Un segundo orgasmo? ¿Una guerra inminente? En fin, podemos confirmar que al menos la respuesta a una de esas preguntas es afirmativa.

Había una costa en la lejanía (al oeste del gran faro del oeste, en las inmediaciones del ciclo), no muy alejada de la bestia y de los desastres naturales que provocaba. Varios tsunamis habían sembrado el pánico por aquellos lares, y los temblores de tierra despertaron a lo que parecía ser un monstruo primigenio que dormitaba plácidamente en las cuevas subterráneas de las playas. Con cabeza de cocodrilo y cuerpo de rosal, tentáculos rematados en plantas carnívoras y, en alguna parte muy escondida, el alma de una niña adolescente, esta monstruosidad mutante se hacía llamar Rose Biollante. Steve Stevenson había oído hablar de él, un híbrido contra natura entre rosa mutante, radiación nuclear y niña pequeña, o algo por el estilo. Al parecer a un doctor se le fue la pinza años atrás e intentó revivir a su hija con catastróficas consecuencias. Tras ver el resultado, abandonó a la criatura a su suerte y ésta creció y se mudó a Saturno.

Biollante empezó a lanzar bilis pútrida sobre el mar, tanta que las olas se volvieron verdosas y al agua que circundaba la costa le salió una telilla espesa parecida a la que le sale al ramen cuando lo dejas un buen rato sin comértelo. Esto atrajo la atención de Ghidorah, el Fuego del Infierno de Venus, que con un ligero aleteo se acercó al monstruo mutante y le lanzó varios rayos láser triples anaranjados a modo de aviso. Entonces se desató la batalla de kaijus. Steve Stevenson XXIV estaba tan ensimismado que ni pensó en llamar a su predecesor. Era como una película de la Showa en sus mejores tiempos.

Erika se desplazó rápidamente con sus tentáculos hasta posicionarse justo debajo del dragón alado, y aprovechó su confusión para atarlo con celeridad entre sus tentáculos espinosos y tirarlo a tierra. Ghidorah, humillado, rugió tres veces a la vez y juró venganza, como diciendo, nena, no te conviene luchar contra el dragón dorado de tres cabezas que extinguió a los dinosaurios, que destruye planetas cuando se aburre. Erika estaba preparada, estuviera donde estuviera, y para demostrarlo hizo rugir a su cabeza de cocodrilo mutante. Con su pecho, de paso, lanzó montones de rosas ponzoñosas y alucinógenas para debilitar a su adversario.

Pero Ghidorah no era un adversario corriente. Siglos de exilio espacial le habían inmunizado contra casi todos los tipos de gas nocivo que existen en el universo. Con un ágil exabrupto, agitó dos de sus cabezas (la de en medio se quedó embobada mirando el cielo) y volvió a rugir, al menos dos veces. Luego, su cerebro hiperevolucionado coordinó sus tres cabezas para realizar un combo de mordiscos de quince golpes. Erika no las veía venir, se las tragó todas sin hacer miramientos. Cuando quedó satisfecho, el Fuego del Infierno de Venus dio un salto impulsado por sus brillantes alas y le propinó cuatro zarpazos con sus garras de plata.

Rose Biollante quedó para el arrastre, y al ver que Ghidorah volvía a su rollo a crear remolinos y tornados en el mar, Steve decidió que por fin era el momento de ir a por la máquina de escribir y ya de paso telefonear por fin al último vigilante con vida.

Steve Stevenson le resumió rápidamente todo lo ocurrido a Steve Stevenson, quien a juzgar por su voz se encontraba o bien deprimido, o bien preocupado, o tal vez, probablemente, ambas. La escueta respuesta de Stevenson XXIII fue “Tenía que pasar en algún momento”, a lo que añadió un dato interesante: según unos recientes e impactantes informes del faro del norte (aquél que tiene un observatorio incorporado), se habían avistado unos fogonazos y explosiones en el espacio hacía una media hora aproximadamente, y el resultado de aquella aparente guerra celestial había sido la desintegración del planeta Venus.

Capítulo III: La redención de Destoroyah, la bestia perfecta

Ya no queda Venus. Venus ha sido reducido a polvo gris y roca errabunda.

“Cuando tenía seis años, mi padre me contó por fin el motivo secreto de mi nombre. El objeto era convertirme en el mejor y más experimentado observador y vigilante de los cielos que hubieran existido. Se decía, como tantas otras leyendas saturnianas absurdas, que el hecho de llamarte Steve Stevenson te ofrecía ya de por sí buena fortuna  y un talento innato para la observación celestial. Mi padre ya me instaba a mirarlo antes de los seis, pero desde que me contó aquello, mi misión, mi sino, no dejé de vigilarlo ni por un momento. Me he dedicado a mirar los cielos y a anotar cualquier posible anomalía (hasta el momento, ninguna) los últimos cuarenta y seis años de mi vida, sin descansar media hora seguida, todos los días de todas las semanas sin excepción. Me he dedicado diligentemente a esta tarea toda mi vida sin esperar reconocimiento ni recompensa alguna”

Steve Stevenson XXIV no hacía más que pensar en Venus y en la leyenda urbana que le contaban cuando era un renacuajo (en Saturno la clase de vida dominante es la de los hombres-rana, muy parecidos a los humanos pero con la piel verde y la estupenda capacidad de la visión periférica, muy útil para la profesión de vigilante de los cielos, que casualmente solo se ejerce en dicho planeta) y en cómo demonios podían haber desintegrado Venus por culpa de ese destello si ese destello ya lo habían visto dos veces antes. No tenía sentido. Algo estaba mal.

“La primera vez que me llamaron para ejercer la vigilancia de los cielos estaba que no cabía en mí de ilusión. No era más que un adolescente abotargado por las feromonas saturnianas y me llevé a una chica cien al faro la primerísima noche de trabajo, para fardar y así quizá poder darme el filete con ella; recuerdo que ella me llamaba Destoroyah, la bestia perfecta, pues la chica cañón era además una friki del canal asiático terrestre cuyo satélite pirateábamos. Estábamos en el faro del sur, el más lujoso y barroco de todos, pero también el más exigente. Todo salió mal. La chica cañón se tropezó cuando nos estábamos morreando y tiró al suelo un tarro de oro blanco rematado en jades que contenía las cenizas de un tal Steve Stevenson IX, el primer Steve Stevenson abiertamente homosexual de la historia. Por supuesto fui yo el que cargó con la culpa, y dada mi excelente habilidad para vigilar los cielos, me mantuvieron en nómina, aunque me reubicaron en el faro del oeste, lejos de mi familia, de la civilización y de todo mundo conocido. Todo ha sido paz y tranquilidad desde entonces”

El dragón de tres cabezas estaba rodeado por una pared de tornados y remolinos que a su vez lanzaban por el aire todo tipo de criaturas marinas. Parecía algo sacado de un disco de Ahab. Trataba los mares y los cielos con total indiferencia, como a quien no le importa que el planeta sea destruido porque llegó a él a través de una vagina gigantesca dorada y puede dejarlo de la misma forma, y lo peor de todo era que, muy lentamente, se iba acercando cada vez más al faro, a Steve.

Ya nadie podía ayudarle: ni su familia, ni Steve Stevenson XXIII, ni su infructuoso ligue de una noche. Ya solamente podía ayudarle su inmensa colección de pornografía, que había ido nutriendo con el paso de los años gracias a su honrado sueldo, así que nuestro protagonista se marcó la de Shinji Ikari y fue a hacerse una paja en el momento más inoportuno de la aventura. Cuando volvió al mirador, el Fuego del Infierno de Venus estaba muy cerca del faro, y entonces fue cuando todo se difuminó y se volvió borroso. Y por fin todo empezó a tener sentido.

“Ahora miro hacia atrás y lo veo casi como un paseo, aunque debo admitir que en su momento la cosa se convirtió en una puta odisea. Lo recuerdo con muchas luces estroboscópicas. En un momento estábamos en Saturno, en el faro, y cuando esa maldita criatura rugió estábamos en un lugar totalmente diferente en el que en vez de mar, había escarcha y lagos helados; cuando Ghidorah tropezó y hundió una pata en el agua helada, volvió a rugir, y entonces, de nuevo las luces estroboscópicas (¿había bongos de fondo o es mi mente que lo está magnificando todo por culpa de la demencia senil?), y entonces estábamos en un mundo desértico y caluroso, sobre un acantilado de tierra seca y roja. Creo recordar que me percaté de lo que pasaba antes del siguiente rugido. Yo ya había leído sobre dimensiones paralelas en los textos de Stevenson II, el teorista, y estaba claro que el Fuego del Infierno de Venus era una criatura magnífica capaz de atravesar agujeros de gusano interdimensionales que le hacían ir de un universo a otro como un niño jugando a la rayuela. Esta teoría, al menos, daría por explicada la leyenda del destello dorado, pues no sería imposible imaginar que Ghidorah hubiera destruido los planetas Venus de tres dimensiones distintas. Cuando la bestia magnífica volvió a rugir y ambos volvimos a saltar, me decidí a armarme de valor y tomar el dragón tricéfalo por los cuernos.

Nunca supe del todo donde estábamos, aunque la posición de las estrellas en el firmamento me era muy familiar, así que sospecho que no muy lejos de  mi planeta natal. Había rocas y cráteres pálidos y escombros por todas partes, algo parecido a una cúpula geodésica medio derruida y un planeta gigantesco, azul y verde como telón de fondo. Ghidorah me lanzó una mirada inquisitiva, yo le lancé una mirada de furia y decisión. Y Ghidorah me lanzó un rayo láser triple, al cual sobreviví milagrosamente al saltar a un cráter cercano.

Allí encontré la horma de su zapato: una caravana rosa con flores verdes muy estilo años sesenta, sea lo que sea eso, prácticamente chamuscada. No sé si fue instinto o si me paré realmente a pensarlo, pero funcionó: agarré un tubo metálico que colgaba por detrás del vehículo y lo lancé hacia el Fuego del Infierno casi sin terminar de darme la vuelta. Le acerté en la cabeza del centro y se abalanzó sobre mí. Recuerdo haber pensado, joder, he cabreado a un dragón dorado de tres putas cabezas, si salgo de esta me tomaré un tiempo de solaz. Corrí como un loco y me caí por un terraplén que acababa en las ruinas de una cabaña derruida. Miré atrás y vi que Ghidorah se había enzarzado con la caravana, por alguna razón estaba intentando comérsela, pero no le sentaría bien, pues poco después emprendió vuelo y desapareció de mi vista a través de una especie de vagina gigantesca dorada para seguir destruyendo planetas inocentes.”

Ya no queda Saturno. Saturno ha sido reducido a polvo gris y roca errabunda.

“Desde entonces, he dedicado mi vida a vigilar los cielos de estos lares. No he visto mucho, salvo una especie de rombo negro cruzando el horizonte una vez, pero no estoy seguro de si fue mi imaginación, o quizás sea que después de otros cuarenta años de soledad, por fin me he estoy volviendo loco a los ochenta y cinco. También creo que vi un payaso de pelo enmarañado azul una vez, observándome inquisitivamente desde la lejanía, pero cuando quise acercarme a saludar ya no estaba, y en su lugar había una tortuga con la cara sospechosamente parecida a Joe Pesci que acabó convirtiéndose en mi mejor amiga.

Debí habérmelo imaginado después de llevarme toda una vida mirando los cielos y  las estrellas. Al final nunca queda ninguna esperanza”

PUNKHEAD #1: Caperuza Bastarda

 

Escisión bastarda 1. La caperuza bermellón y el sadismo implícito

Caperuza Bastarda caminaba brincando y cimbrando sus pies ante la majestuosa luz del sol veraniego, deteniéndose ante cada matorral y admirando sus desordenados ramajes que se iban sintetizando en un único y frondoso matojo. Iba camino de la casa de su Abuelita, pero quería demorar la llegada todo lo posible, pues recordaba con dolor como su Abuelita le pegaba palizas cuando era más pequeña por minucias como romper el jarrón con las cenizas del abuelito o quemar el antiguo granero con todas las reses dentro. Bastarda no paraba de argumentar que había sido un accidente, pero ella misma sabía la verdad, aunque no quisiera reconocerlo: lo había hecho a propósito, y disfrutó sobremanera escuchar la melodía mortal que cantaban las vacas y mulas mientras se chamuscaban. Aun así, las palizas interminables no había quien se las quitara, y a estas alturas Bastarda ya tenía todo el cuerpo lleno de moratones irreversibles a los que incluso les había puesto nombre (sus favoritos eran Descanso, que tenía forma de nube, y Eterno, que tenía forma de castillo derruido). Otro secreto que a la abuelita no le gustaba reconocer ni siquiera ante ella misma, es que disfrutaba sobremanera aquellas palizas, más aún, pensaba que estas palizas tan dinámicas y divertidas eran lo único que la mantenía viva, pues había sobrepasado ya los noventa y cinco años y seguía muy ágil. Eso y los brownies con LSD que Bastarda le llevaba en su cestita cada dos semanas.

Caperuza Bastarda brincaba con su caperuza bermellón camino al bosque que llevaba a casa de su abuelita, no demasiado feliz teniendo en mente lo que se le venía encima.

Escisión bastarda 2. Mose: entre el vacío y el matojo

Mose, ¿un planeta? Desde luego la mayoría de sus habitantes así lo creen, aunque cierto es que ha habido escépticos que argumentan teorías en base a unos lunáticos que afirman venir de Soltar, otro de los, como dicen, continentes de lo que vendría a ser un planeta gigantesco del que Mose solo sería una pequeña parte.

Entonces Mose, ¿un continente? Pero sus tres soles salen por el sur y se ponen por el norte todos los días, y los astrónomos han diseñado cartografías del espacio en las que, según toda lógica matemática, Mose es un planeta de dimensiones no muy gigantescas.

Mose, ¿acaso un sentimiento? Eso desde luego. Un sentimiento de responsabilidad para con los cientos de princesas encerradas en torres, las innumerables bestias transformadas, los hombres crueles, los científicos locos, la magia a borbotones… es un sentimiento de humildad, de honestidad y de sadomasoquismo intrínseco en cada persona viviente. Los reinos se corrompieron y cayeron ante las rebeliones; la crápula, orgullosa, se irguió y escupió sobre la nobleza; los reyes fueron desollados, las princesas fueron mancilladas y encerradas y la moralidad fue apuñalada al menos cuarenta veces.

Mose, un diamante en bruto del sadomasoquismo. Lo que está muerto, está muerto. Entre la materia y el vacío, un matojo de entropía sarcástica se erguía esplendoroso: Mose.

Escisión bastarda 3. El legendario cazador de huracanes

Cuando Freddy el Prenda nació aún no le habían apodado así, aunque la verdad es que no tardó mucho en ganárselo. De pequeño en la escuela le gustaba oler el pegamento y organizar los diferentes tipos según las sensaciones nihilistas que obtenía tras olerlos. Más tarde, en su adolescencia, dejó ese vicio y se interesó en la búsqueda de la sinestesia perfecta: quería oler un huracán. Quizás así, cuando le dijeran que era un prenda, él podría decir que sabe a qué huelen los huracanes, y sería el primero en poder decir eso; le respetarían, se interesarían por él y dejarían de llamarle prenda; pasaría de prenda a leyenda. Sus sensaciones nihilistas fueron a más cuando se casó y tuvo dos hijas y luego decidió matar a su mujer y sus dos hijas con un tenedor. No tardó mucho, aunque dejó el salón hecho un completo desastre. Cuando se enteró la policía y empezaron a perseguirlo por todas partes, Freddy el Prenda simplemente desapareció, se fue a vivir a un bosque asiduamente habitado por huracanes y continuó su búsqueda en pos del huracán con el olor perfecto y definitivo, fuere cual fuere.

No obtuvo ninguna caza interesante hasta que se encontró con Caperuza Bastarda brincando por el bosque.

Escisión bastarda 4. La mierda holística

Una naranja valenciana golpeó a un pájaro en una rama y lo tiró al suelo. Caperuza Bastarda seguía brincando por el bosque cuando vio de lejos lo que parecía ser un gigantesco huracán bastardo que se dirigía a casa de su abuela. Perpleja porque los huracanes no solían salir hasta pasada la puesta de Sol, cuando su abuelita estaba ya dormida y no se enteraba de nada, Bastarda se recreó un momento con las posibles consecuencias: sangre, ruinas con manchas de sangre, el cadáver sangrante de su abuela, etc. Dejó de pensar en eso y se detuvo un momento a mirar el cadáver de un pájaro manchado de cítrico naranja. Luego siguió contemplando la belleza del huracán.

Un venado de astas plateadas persigue a un hurón rayado cuando se golpea fuertemente contra un cedro, provocando un gran estruendo. Freddy el Prenda estaba paseando por el bosque cuando el estruendo le hizo percatarse del Huracán Desasosiego, que estaba pastando por una colina. Se percató de las posibles consecuencias: sangre, ruinas manchadas de sangre, el sangriento cadáver de su odiada madre, que vivía por allí y a la que llevaba mucho tiempo sin visitar, etc. Momentos antes de ser perseguido por un venado de astas plateadas, el hurón intenta comer una naranja que ha robado sobre la copa de un cedro, pero un sentimiento inefable lo hace lanzarla fuertemente. Freddy se paró un momento a contemplar la belleza del huracán.

Por un momento parecía que había una persona dentro del huracán, pero la silueta parecía no tener cabeza, sino un tentáculo largo y viscoso que se retorcía hacia arriba.

Fue entonces cuando las miradas de Freddy y Bastarda se encontraron. Y también las de otros tres ladrones macarras que pasaban por allí recogiendo naranjas para luego timar a los campesinos con sus precios.

Escisión bastarda 5. Mentirosos hijos de puta

Eran tres ladrones cuyos nombres no importan. Lo relevante aquí es que eran tres ladrones muy pero que muy malos, y que no debéis creer nada de lo que digan porque también son unos mentirosos. Estaban persiguiendo a un hurón que les había robado una naranja para despellejarlo, cuando le echaron el ojo a Caperuza Bastarda justo en el momento en que el cazador de huracanes la vio por primera vez. A los que desconocen las leyes de la estadística esto suele parecerles insólito, pero la verdad es que este tipo de cosas ocurren todo el tiempo. Bien, eran tres ladrones, uno de ellos era también pederasta violador, y eran además unos mentirosos.

-“Hola niñita, ¿cómo estás tan sola por aquí? ¿Te has perdido?” –dijo el primero, pero éste no era el pederasta.

-“Podemos llevarte con tu mamá si hace falta. Puedes fiarte de nosotros, somos buena gente…” -¿veis? Son unos mentirosos de mierda, no os fiéis de ellos ni en broma.

-“Podemos hacer que te sientas mejor…” -dijo el tercero, antes de relamerse los labios. Éste era el hijoputa pederasta violador; seguro que no hace que se sienta mejor.

De pronto Freddy el Prenda, cazador de huracanes de profesión, entra en escena heroicamente.

-“¿Quién eres tú? ¡Largo! ¡Aquí no se te ha perdido nada!” -otra mentira más. A Freddy se le perdió algo hace mucho en ese mismo bosque: su fe en la humanidad, por culpa de su madre, que vivía por allí.

Escisión bastarda 6. Breve baño de sangre predeterminado

Freddy el Prenda siempre llevaba una escopeta recortada atada con varias cintas de esparadrapo a su espalda, ya que siempre había considerado vital el efecto sorpresa. Con un movimiento ágil propio de un buen cazador, sacó la escopeta, apretó el gatillo, luego apuntó rápidamente al primer bandido y le reventó la cabeza bañando de sangre a sus colegas. Éste no volvería a mentir ni a agredir ni a violar a nadie ni a nada; simplemente éste no vivió más. No vivió por ejemplo para contemplar la muerte de sus colegas ladrones, que fue ligeramente más espectacular.

Freddy lanzó la escopeta a la cara del segundo ladrón, y aprovechó su distracción para lanzarse a por el tercero y arrinconarlo contra unas rocas puntiagudas. Golpeó su cabeza varias veces hasta que dio con la tecla y escuchó un chasquido: la había reventado por fin, al tercer intento, el de la suerte. Aún quedaba un tercer ladrón hijo de puta mentiroso vivo, al que le había dado tiempo de recoger la escopeta recortada, apuntar a Freddy y apretar el gatillo, pero curiosamente no acertó al cazador de huracanes, sino que rozó la pata trasera de un hurón también hijo de puta y ladrón que pasaba por allí. El hurón no se lo pensó dos veces antes de lanzarse a la cara del ladrón mentiroso, y esto atrajo la atención de un alce de astas plateadas que estaba persiguiendo anteriormente al intrépido animal, y que no iba a desistir en su caza. Las plateadas astas del alce atravesaron el pecho del ladrón ante la perpleja mirada de Freddy y Bastarda, que no tenían ni idea de qué estaba pasando. Después de arrancar con sus dientes al hurón de la cara del hijo de puta ladrón mentiroso, el alce se alejó del cazador y de la niña; al parecer solo estaba interesado en cazar al hurón. A cada cual con su caza.

Escisión bastarda 7. Camino a casa de la Abuelita

Freddy y Bastarda se llevaron bien enseguida. A ambos les gustaban los brownies con LSD y las películas de Bröm Calandrön, que es como el Leslie Nielsen de Mose. El cazador le prometió a la niña que la escoltaría hasta la casa de su abuelita, pero antes debían ir a casa de su madre, que también vivía por allí. Tenía una corazonada y quería sincerarse con ella antes de que llegara lo inevitable: que uno de los diez o doce huracanes que cada día arrasa el bosque se la lleve por delante.

Pero cuando llegaron a la cabaña ya era demasiado tarde: el Huracán Serendipia ya se la estaba llevando por delante. La corazonada de Freddy era correcta, y las posibles consecuencias se materializaron: su madre había sido limpiamente despellejada por el huracán, y su piel colgaba encajada en el sofá ondeando al aire con la fuerza del huracán como si fuera la bandera más grotesca que jamás se hubiera visto en un cuento de hadas, o el envoltorio de un chicle flotando sobre una rejilla de metro, si hubiera metros en Mose.

-“Mamá” –le gritó Freddy el Prenda al huracán. –“Sé que me odias y que has muerto odiándome porque maté a tus nietas, pero… sólo quería que supieras que… simplemente las maté porque te hacían feliz… y yo no podía soportar verte feliz… ¡Ahora si me disculpas, este huracán huele a pellejo de vieja pasado de fecha! ¡Me voy en busca de otro huracán que huela mejor! ¡Sé que no te ha importado nunca, pero voy a encontrar al huracán del olor perfecto!” –se dio la vuelta y miró a la niña pequeña –“Pequeña Caperuza Bastarda, ¿te quedan brownies de LSD? Sé que me dijiste que eran para tu abuelita, pero por uno no va a pasar nada, no se va a morir de hambre y yo… yo necesito un descanso de verdad”

Escisión bastarda 8. Brownies

El hombre de la cara de tentáculo avanza hacia la casa de la Abuelita. Mientras, Freddy se relame los labios porque siempre le ha encantado el sabor del LSD y no quiere desperdiciar ni la más remota pizca del brownie que la niña le ha regalado. Por otra parte, Bastarda se toma otro brownie de un bocado, y luego otro más. No importa, piensa, pues de todas formas siempre suele comerse al menos la mitad de la bolsa de camino a casa de su Abuelita para que las palizas por habérselo comido le duelan menos; es un círculo vicioso que nunca cesará porque lo cimienta una adicción muy temprana a un alucinógeno muy potente.

El caso es que cuando el cazador de huracanes y la pequeña niña de caperuza bermellón se encuentran a pocos cientos de metros de la cabaña de la Abuelita, empiezan a subirle las drogas y nada parece real. Lo típico: Freddy siente que es Hitler e intenta apuñalarse el pecho con un ramo de flores que cree que son un cuchillo para detener la Segunda Guerra Mundial, y ésta alucinación sí que es un pasote porque esa guerra ni siquiera ocurrió en el planeta en el que él vive… Caperuza Bastarda gestó una idea horrible en su cerebro: que ella era la reina de un enjambre de hombres-abeja que la obedecían en todo, pero ella sólo quería más y más miel de LSD y al final acababa viendo como se volvía tan grande y gorda como los tres soles, y éstos la achicharraban hasta la muerte…joder, Bastarda estaba tan drogada que incluso sus alucinaciones tenían alucinaciones…desde luego se había pasado con los brownies. Después les pareció ver a una especie de hurón de color naranja con pequeñas astas plateadas que les hacía gestos con una pata, como queriendo decirles que debían seguirle. Le siguieron a través de una cueva oscura llena de cedros que gritaban tormentosos, como si fueran las almas de todas las personas que han perecido en ese bosque a causa de los huracanes tan recurrentes.

Freddy y Bastarda siguieron al hurón hasta que éste les llevó a la casa de la tan temida Abuelita. El hurón subió por el pantalón de un hombre con traje formal, luego siguió subiendo y desapareció en la manga de su camisa. Donde debía estar el rostro de esa persona había un tentáculo largo y viscoso que ascendía hasta el cielo. Después de proferir un alarido que parecía demasiado real y horrendo para ser una alucinación, atrajo toda la fuerza del bosque a sí mismo. Un huracán se formó en muy pocos segundos alrededor de esa cosa tentacular, el Huracán Desasosiego.

Escisión bastarda 9. El envoltorio de un chicle flotando sobre una rejilla de metro

Supongo que debe ser un sentimiento complejo y contradictorio. Me refiero, por supuesto, al hecho de que un huracán destruya a tu Abuelita, que es además tu ser más odiado. Por una parte, imagino, debe de ser un alivio porque se acabó el odio, pero por otra parte es tu Abuelita, y por muy pesada que sea la carga, la familia siempre lo es más. Así que Bastarda no sabía ni cómo sentirse en ese momento en que el Huracán Desasosiego estaba a punto de destruir la cabaña que asiduamente había estado visitando y temiendo durante más de la mitad de su vida. ¿Debía sentirse aliviada? ¿Debía sentir dolor? ¿Debía sentirse hambrienta o furiosa? Lo único que estaba claro en la mente empapada de LSD de la pequeña niña, es que quería coger a ese hurón tan raro y cocinarlo en una barbacoa.

Freddy, en cambio, sí que tenía claro lo que quería hacer. Una especie de aroma lo estaba hipnotizando mágicamente desde que vio al hurón. Se dirigió hacia el hombre-tentacular-huracán corriendo tanto como le permitía el ciegazo que llevaba. La silueta-tentacular de dentro del huracán se giró a ver qué pasaba, antes de llegar a la cabaña.

-“¿Qué haces? ¿Quién eres tú? ¿Acaso no eres consciente de mi poder destructivo? ¿Para qué si no te interpones en mi camino?” –le preguntó el huracán.

-“Para olerte mejor” –respondió Freddy mientras se abalanzaba contra el huracán. En un acto de coraje y determinación sin igual, logró abrazar al hombre-tentáculo en el centro mismo del Huracán Desasosiego, y lo que olió fue sin duda la sinestesia perfecta. Una inefable sensación de nihilismo deslumbrante, una supremacía legendaria sobre todos los que alguna vez se rieron de él. Pero esta sensación no duró mucho, pues la fuerza del huracán despellejó la piel de Freddy de cuajo y la dejó flotando por ahí como el envoltorio de un chicle flotando sobre una rejilla de metro; mierda de holística, para odiarse tanto, madre e hijo murieron dejando la misma imagen espectral. Las vísceras, intestinos y restos mortales de Freddy dieron un último baño de sangre póstumo a las criaturas del bosque: menudo prenda el tío, vaya suerte la suya…

-“¿Y tú, niña pequeña de caperuza bermellón?” –preguntó el hombre-tentacular extraño a nuestra protagonista-“¿No quieres interponerte en mi camino, o acaso no te importa que me lleve por delante a tu Abuelita?”

-“Llevo un rato pensándolo” –respondió Caperuza Bastarda“La verdad es que creo que no me importa demasiado, ¿sabes? En fin, quiero decir…si eso te hace feliz…allá tú con tu rollo…”

Escisión bastarda 10. Y vivieron bastardos y no comieron más naranjas

El Huracán Desasosiego no daba crédito a lo que oía. No podía creer que a la niña no le importara la vida de su Abuelita. Esa apatía misantrópica hacia los demás le dejó pasmado.

-“¿A mi rollo, dices? ¿Cómo que a mi rollo?” –quiso aclarar.

-“A tu rollo, sea cual sea” –respondió la niña de la caperuza bermellón.

-“Mi rollo es destruir vidas humanas para prolongar mi vida y aumentar mi poder; después, seguir absorbiendo más y más vidas hasta que no exista un mañana” –espetó el Huracán Desasosiego, en un exabrupto sincero.

-“Pues adelante con tu rollo. Te respeto, tío. Incluso me parece que el tentáculo que te cuelga del careto tiene cierto atractivo” –esto ya fue demasiado. Nunca nadie había encontrado atractivo su tentáculo, de hecho todos lo consideraban asquerosamente innecesario. ¿Y ahora qué? Ahora una niña pequeña y apática le había dejado prendado y sin palabras.

Caperuza Bastarda le sonrió. El huracán le devolvió la sonrisa y ambos pasaron por delante de la cabaña de su Abuelita destruyéndolo todo y reduciéndolo a una masa informe de sangre, ruinas con manchas de sangre, el cadáver sangrante de su abuela, etc. Las cosas nunca fueron mejor para Bastarda, que acabó casándose con el Huracán Desasosiego y teniendo tres hijos híbridos entre humano, huracán y pulpo llamados Jordan, Flubber y Martin. El Holismo dejó de perseguirla, y entre los tres hijos y su papá redujeron a cenizas gran parte de Mose mientras Bastarda se dedicaba a mirar y sonreír con altivez. Nunca le fueron mejor las cosas a Bastarda, hasta que un día un extraño aroma a pegamento la atrajo hipnóticamente hacia una carretera y un enorme camión lleno de naranjas la pasó por delante.

FIN

Habitación vacía

“Though thou loved her as thyself,
As a self of purer clay,
Though her parting dims the day,
Stealing grace from all alive;
Heartily know,
When half-gods go,   
The gods arrive”
Give all to love
Ralph Waldo Emerson

 

I

El cosmos al fin se pliega sobre sí mismo. A menos de medio minuto de la destrucción total del universo, Jeff decide fumarse su último cigarro allí mismo, de pie en el trozo de roca que orbita alrededor de la última Luna de B’tre’hg-9, último planeta superviviente del Universo-2, ya prácticamente extinto. Y tira el paquete vacío de Camel al suelo rocoso. Qué más da. A quién le va a importar a estas alturas apocalípticas si Jeff es el último ser vivo de la existencia.

II

La llama de su mechero le trae hermosos recuerdos: de repente es transportado por unos ángeles negros que le llevan en volandas a Cjor, su ciudad natal, en un planeta cuyo nombre consta de tantos números que la gran mayoría de sus habitantes lo han olvidado. Allí en Cjor, los edificios se erguían orgullosos hacia el cielo con afiladas agujas que rasgaban las nubes color malva; la población de los numerosos parques del centro de la ciudad consistía en copiosos intentos de recrear criaturas que habían avistado con sus telescopios alrededor de toda la galaxia: perros deformes sin orejas, smelplux de color naranja oscuro, dragones del desierto sin trompa, etc. El eslogan de la ciudad era “Un lugar para disfrutar, un lugar para ser disfrutado”, y ciertamente ningún habitante o turista de Cjor podría haber afirmado jamás que el eslogan no le venía como anillo al serso -salvo, por supuesto, cuando el planeta se plegó sobre sí mismo y se vio reducido a un montón de nada arrugada.

III

“El momento que fue el momento”, así es como lo llama. Así es como Jeff se refiere siempre a la oportunidad para cambiar su vida que desaprovechó por completo aquel 45/7 de Höpf. “El momento que fue el momento”. Le gusta porque suena trascendental y metafísico, aunque se esté refiriendo al momento más doloroso de su vida, y el que le ha causado más remordimientos y quebraderos de cabeza.

IV

El momento que fue el momento. Sí. Tan sólo mencionarlo hace que le duela la entreingle y le hierva la blangre.

V

Su esposa se llamaba Zíx’k, y murió al día siguiente de su boda, por complicaciones debidas a que su cabeza fue golpeada repetidas veces contra la pared cjoriana por Jeff. Jeff no tenía la culpa: Zíx’k le dijo que no era suficientemente hombre para hacerlo así que Jeff le demostró su amor. Tuvieron una hija antes del matrimonio, llamada Glor’r, y precisamente fue Glor’r la principal desencadenante, aunque de forma colateral, de ese famoso momento que indudablemente y como bien sabéis, fue el momento.

VI

 Un día, precisamente el 69/0 de Çëpf, durante la celebración anual del culto a la diosa de la incertidumbre -la más incierta de las cincuenta y siete diosas del panteón cjoriano-, la pequeña Glor’r se acercó demasiado a la Garganta del Este Infernal de Cjor mientras jugueteaba con las hormigas rojas y estuvo a punto de despeñarse por el mortal acantilado -no mortal por la altura, pues se trataba de una fosa de menos de cinco metros, pero aun así era el acantilado más letal del planeta, pues allí se escondían las temibles serpientes arcoiris-. La pequeña Glor’r habría perdido la vida esa tarde del 69/0 de no haber sido por Jamelga, una mujer bella y esbelta a la que le apasionaba el bondage.

VII

El momento en que su preciosa princesita casi es devorada por un nido de serpientes camaleónicas que lanzan chorros de veneno opiáceo por los ojos. El momento que fue el momento.

VIII

 Jamelga era una anoréxica bielozi’ma y hippie de alma, pero no de aspecto -aunque sus cabellos eran de colores-. De blangre caliente y con la cabeza bien amueblada, Jamelga se acercó a Jeff y le envió una indirecta. Pero el caso, queridos míos, es que Jeff no es un personaje con la cabeza bien amueblada; como protagonista no es más que un patata insensible y con mala suerte, y su historia es sólo interesante por lo que es, no por quien él es; y un parguera como Jeff, por supuesto, no iba a recibir, aprehensiblemente hablando, ninguna indirecta de ninguna mujer en ninguna de sus diferentes vidas -pues los cjorianos, sabedlo desde ya, tienen diecisiete vidas-.

IX

Mientras, cerca de La Caleta, un chico oriundo de Trebujena, Capital del Mosto, suspira profundamente y agarra el enciendellamaradas con sus sersos fríos por culpa del invierno que vino antes de tiempo. Enciende el objeto de papel que sostiene en su boca, se rasca la entreingle durante unos diez segundos y luego vuelve a teclear como una máquina autosesgomática-ipsométrica en su ordenador de cecina de ternera. Sé que no viene a cuento y que no es realmente posible porque no se conocen, pero este chico está empezando a gestar una malsana animadversión hacia Jeff, nuestro protagonista, así que es muy posible que este relato no acabe bien para el pobre desdichado.

X

 Jamelga, como decía, no vio ninguna respuesta en su acercamiento romático, así que alzó el vuelo literalmente y Jeff nunca la volvió a ver. Mientras Jamelga desaparecía en el pico de un temible mastuerzo de miel -pájaros colosales de color miel que cazan serpientes arcoiris, supongo que confundirían el cabello de Jamelga con un asqueroso nido-, Jeff solo pensaba una cosa.

XI

Este era el momento que era el momento. Y lo he perdido. Mi momento que fue el momento ha desaparecido en la garganta gigante de un pajarraco absurdo.

XII

Dilo y haz que los demás también se sientan desdichados o cállatelo. Como dice el antiguo adagio bielozi’mo, “para medir la pleitesía de los cielos no hay que fijarse en la anchura del Sol, sino en la largura de las nubes”. Esa frase encerraba algún significado secreto sólo para Jeff, estaba seguro, pero no sabía el qué. Así que sin pensarlo mucho, como una máquina autosesgomática, agarró un cuchillo con sus sersos fríos y lo clavó en la bugía lateral de Glor’r, justo entre ojo y ojo, a unos cinco centímetros cjorianos de donde empezaría su cerebro exterior.

XIII

Glor’r estaba muerta. El momento llegó y se fue. La vida después de aquello no fue mucho más fácil, aunque al menos Jeff no tenía ya esa responsabilidad sobre sus hombros. Ahora, sentado sobre el cráter de la última Luna de B’tre’hg-9, por fin piensa en ello y recapacita. No, aquello no estuvo bien.

XIV

 Y ahora, creo recordar, es donde las cosas empiezan a ponerse abstractas. No me llega la memoria a tanto por esto de la vejez senil, pero era un faisán de color mierda, estoy casi seguro. Era un faisán de color mierda con un nombre acabado en “-ardo”, y provocó un caos total en el mundo de Jeff -para que nos entendamos, algo parecido a lo que Disney hizo con Marvel-. Dijo algo de unas absurdeces ipsométricas sin sentido y de repente el mundo estaba patas arriba. Las paredes cjorianas ya no eran paredes: eran serpientes arcoiris; el faisán se transformó en una señora pelirroja muy muy vieja con millares de arruga; “soy Zíx’k, pero tú no eres Jeff. Y es una lástima porque llevo cincuenta y siete millones de años sin echar una cana al aire”. Entonces la vieja pelirroja estalló en un montón de serpientes arcoiris que se unieron a sus compañeras en las paredes. Las paredes rotaban y sus ángulos se multiplicaban; en un momento, la habitación en la que se encontraba, el comedor de su casa, ya no tenía nada que lo uniera a sus antiguos recuerdos del comedor. Cubos, pirámides, rombos y demás desfases no euclidianos se manifestaban por doquier y Jeff no podía pensar otra cosa que: “¿Pero dónde está mi filete con patatas?”

XV

 El techo también decidió venirse abajo como el que no quiere la cosa. Era de madera, y dejó al descubierto un vórtice brillante y aterrador -como un cotillón- que se lo estaba tragando todo a su paso, incluidas las nubes de color verde-tóxico tan bonitas que por allí pasaban. El cielo era de color violeta y parecía tener un matiz difuminado de color plateado, como una fotografía que alguien ha hecho una bola por despecho pero luego se ha arrepentido porque ha sentido en su bugía lateral el hechizo de la diosa del enchochamiento severo. “Son las Tierras Fantasma”, dijo un mastuerzo de cacao que se posó oportunamente en una viga del techo al descubierto; su plumaje era atraído hacia el vórtice, pero estaba bien agarrado con sus zarpas. “Es un nexo con los otros mundos. No deberías pasar por allí. Además, ¡eeeeeek! Es allí donde guardan el botón para destruir el universo”.

XVI

Lo volveré a repetir varias veces para darle dramatismo. El botón para destruir el universo. El botón para destruir el universo. El botón para destruir el universo. El botón para destruir el universo. El botón para destruir el universo. El botón para destruir el universo. El botón para destruir el universo. El botón para destruir el universo. El botón para destruir el universo. El botón para destruir el universo. El botón para destruir el universo. El botón para destruir el universo. El botón para destruir el universo. El botón para destruir el universo. El botón para destruir el universo. El botón para destruir el universo. El botón para destruir el universo. El botón para destruir el universo. El botón para destruir el universo. El botón para destruir el universo. El botón para destruir el universo. El botón para destruir el universo. El botón para destruir el universo. El botón para destruir el universo. El botón para destruir el universo. El botón para destruir el universo. El botón para destruir el universo. El botón para destruir el universo. El botón para destruir el universo. El botón para destruir el universo. El botón para destruir el universo. El botón para destruir el universo. El botón para destruir el universo. El botón para destruir el universo. El botón para destruir el universo. El botón para destruir el universo. El botón para destruir el universo. El botón para destruir el universo. El botón para destruir el universo. El botón para destruir el universo. El botón para destruir el universo. El botón para destruir el universo. El botón para destruir el universo. El botón para destruir el universo. El botón para destruir el universo. El botón para destruir el universo. El botón para destruir el universo. El botón para destruir el universo. El botón para destruir el universo. El botón para destruir el universo. El botón para destruir el universo. El botón para destruir el universo. El botón para destruir el universo. El botón para destruir el universo. El botón para destruir el universo. El botón para destruir el universo. El botón para destruir el universo. Ni repitiéndolo cincuenta y siete veces pierde la gracia, oigan.

XVII

A Jeffrey-Randall Auster la idea de un botón para incinerar el universo, o destruirlo o lo que fuera, le parecía irresistible, por supuesto, así que se acordó de la anchura del Sol y la largura de las nubes y todas esas idioteces que le contaban sus abuelos sobre sistemas métricos celestiales y, sin pensarlo dos veces, saltó intempestivamente a las paredes-serpiente arcoiris. Trepando por ellas y haciendo caso omiso del veneno opiáceo que le lanzaban, se agarró al mastuerzo y éste emprendió el vuelo. Como pudo, Jeff se encaramó hasta el pico y se metió dentro -había espacio de sobra para él y para una fiesta con ambiente y mozas de buen ver, pero estaba solo; con migraña, a punto de precipitarse por un vórtice aterrador y completamente solo. Vaya vida esta. Vaya momento para…

XVIII

…y entonces fue el momento. “El momento que tampoco fue el momento”, como aún lo recuerda Jeff en el cráter de la Luna de B’tre’hg-9, con medio cigarro por fumar y a unos diez segundos de la completa desaparición de todas las cosas que existen. “Ese momento tampoco fue el momento. Tuve dos momentos. Y dentro de poco ya no existirán los momentos, literalmente”.

XIX

Fue justo en ese momento, cuando Jeff terminó de acomodar su bugía lateral en la parte delantera de la lengua del mastuerzo, cuando se quedó pasmado ante la mirada de una mujer a la que no esperaba volver a ver. Jamelga, acomodada también dentro del pico del mastuerzo que se la llevó, lo miró desde la lejanía. Era una segunda oportunidad sin duda, un segundo momento. Pero ya sabéis que el momento que no fue el momento no tendría tal nombre si de verdad lo hubiera sido, así que no hay oportunidad posible, y Jamelga envió un gesto feísimo con sus sersos a Jeff -gesto que sí aprehendió al instante- y se lanzó del mastuerzo en busca de la gravedad fría y asesina. Jeff no lo pensó mucho, no quería deprimirse. Simplemente se acurrucó dentro de la garganta del pajarraco absurdo y esperó. Esperó hasta que el pajarraco le llevó hasta el centro mismo del universo. Y allí estaba, sobre una mesa de despacho que flotaba parsimoniosamente en el vacío ipsometroide. El botón para destruir el universo.

XX

Ya no queda apenas nada a lo que sostenerse en la Luna del planeta B’tre’hg-9. Mientras sus piernas se pliegan sobre sí mismas y su cerebro exterior se petrifica, Jeff hace un movimiento especial con sus sersos y lanza la chusta del cigarro hacia la Eternidad Fantasma. “Joder, debí haber aprovechado ese momento que fue el momento”. El agujero de su ombligo fue el último estertor de materia del Universo-2.

XXI

Fue entonces el momento perfecto para que naciera el Universo-3, que también tuvo muchos momentos especiales. Pero esa es otra historia.

El ataque de los vampiros transexuales del espacio exterior.

 

(Escena 1. Empezamos con varios planos detalle rápidos al son del Amazing grace cantado por el Soweto Gospel Choir: unos pergaminos con garabatos incomprensibles, en uno de ellos hay un boceto de un monstruo gigantesco con alas y cabeza de calamar destruyendo una ciudad y unas letras que dicen “distruzione finale”, en otro hay diseños de máquinas imposibles, y en otro sólo hay dibujos de tetas y penes; unas cortinas de seda rojas; la comisura superior de unos labios escondidos por una bien poblada barba. Luego pasamos a un plano medio largo de Leonardo Da Vinci en su estudio. Mientras sigue la canción, él gira su cabeza y ve que ha entrado en la habitación un varón caucásico de poderosos ojos azulados. Este joven se detiene un momento delante de él, sonríe y se agacha, buscando el miembro del afamado artista, saliendo del plano. Pasamos a un plano americano, y vemos cómo el joven le despoja de sus pantalones, y pasa la mano por delante del miembro, convirtiéndolo milagrosamente en una vagina. Levanta la mirada buscando la aprobación de Da Vinci, que asiente con una sonrisa ruborizada, y entonces, aún al son del Amazing Grace, se marca el cunilingus del siglo. Leonardo Da Vinci gime de placer y sus gemidos se mezclan con el coro. La imagen se difumina. Todo se vuelve translúcido, como si vieras la escena a través de la mampara de una ducha.

En unas grandes letras góticas rojas, se presenta el título de la obra)

EL ATAQUE DE LOS VAMPIROS TRANSEXUALES DEL ESPACIO EXTERIOR.

(Escena 2. Aún mantenemos el Amazing Grace, ahora nos encontramos en los aposentos de Francisco de Goya: un plano general en el que le vemos de espaldas a la cámara, pintando a la Maja. En un arrebato de pasión en slow motion, echa abajo el caballete y se lanza a la cama de la modelo: le pasa la mano por su vagina y la convierte en un falo.  Entonces comienza a juguetear con el falo de la maja desnuda mientras ella se deja hacer. Durante la escena, aparece en la esquina inferior izquierda el nombre del primer capítulo de la película, que va por capítulos porque aunque sea serie B, tiene ínfulas modernoides de película de Von Trier o de Anderson, además de tratarse de un relato y no de una película):

1#El sueño de la razón produce vampiros transexuales.

(Escena 3. Por supuesto mantenemos la misma canción. Ahora nos encontramos con el primerísimo primer plano de Michael Jackson. Sonríe. Mantenemos unos cuatro segundos ese plano. Cambiamos a un gran plano general cenital y vemos que está en una gran cama rodeado de personas desnudas de ambos sexos, pero todos sus sexos están cambiados. Él se levanta en plano entero y sale de la habitación esquivando los cuerpos, casi se tropieza con uno. Entonces, aún en plano entero, delante de un gran y ostentoso espejo, se mira y vuelve a sonreír. Pasa la mano por su sexo y lo vuelve a cambiar: tiene pene otra vez. Se ríe, en voz muy alta, y sus risas se confunden con las voces del coro.)

(Escena 4. Nos encontramos con un plano entero de Eduard Punset, que está a punto de salir de su casa. Entonces, justo cuando él se dispone a abrir la puerta, entra su esposa. Eduard, en un arrebato de pasión, le quita las ropas a su amada. Entonces, en un plano medio corto, vemos cómo Punset convierte el pene de su esposa en una vagina otra vez, y entonces la empuja fieramente contra la pared y le hace el amor, ya en un plano americano, al son del Amazing grace.)

(Escena 5. El coro de Gospel se desvanece gradualmente. En su lugar tenemos los sonidos de la naturaleza: el viento cortando la hierba, unos grillos. Varios planos detalle rápidos: un perro rascándose las orejas con la pata trasera, un molino medio derruido en lo alto de una colina, unos gatos jugueteando en un huerto. Pasamos a un gran plano general: una granja, la típica granja de madera chapuza del sur de EEUU, probablemente Texas o Louisiana, con su porche y su mecedora con un señor corpulento meciéndose mientras limpia su escopeta y mastica una rama de trigo sin tragársela nunca. Ya en un plano general, vemos con mejor detalle que el señor, de unos cincuenta y vestido con un viejo peto azul despintado y una camisa de franela roja debajo, tiene a su lado a otro perro: un border collie con un collar que dice Trueno. Volvemos al gran plano general, esta vez la parte trasera de la granja. Una estela de fuego blanco cruza el horizonte y desaparece bajo las montañas cercanas. Una leve iluminación tras estas montañas sugiere que la bola de fuego ha tocado tierra. Que ha encontrado su destino.

-Joe: (en el mismo plano general de antes, Trueno se levanta rápidamente y se dispone a salir del porche en busca de respuestas) “Tranquilo, chico. No seas tan ansioso.” (Se levanta, escopeta en mano) Iremos juntos a mirar si te sientes mejor, pero seguro que no es nada”. (Primer plano del rostro de Joe, su mirada de hielo da a entender que ni él se cree lo que acaba de decir).

(Escena 6. Vemos mediante varios grandes planos generales como Joe y Trueno cruzan el valle hacia las montañas, en silencio, escuchando los sonidos de la naturaleza, mientras en la parte inferior de la pantalla van apareciendo con letras góticas los créditos de entrada:

Starring

Tor Johnson as Joseph “Joe” Versallius

Bela Lugosi as Vampyr Alfa

Boris Karloff as Vampyr Omega

Dolores Fuller as The Topless 1

Katrina Uribe as The Topless 2

Lisa Carver as The Topless 3

Vincent Price as Dr.Aleksandr Senior

Leslie Nielsen as Nikolai Nikonov

Duke Moore as Aleksandr Junior

Loretta King and Tony McCoy

as Annacletta and Annacletto

Lon Chaney as The Wolf Dude

Vampira as Michael Jackson

Clancy Brown as

The mysterious man that came in the name of love

And Constantino Romero

as the voice of awaken Cthulhu.

(Escena 7. Gran plano general del clásico O.V.N.I de toda la vida, de unos diez metros de radio, y otros diez de altura. Se ha estrellado en tierra, y un aterrizaje aparentemente muy forzoso lo ha destrozado por completo: humo, fuego, varias partes del vehículo se han venido abajo… se nota que es una imagen de croma cutre. En plano general vemos que Joe y Trueno se acercan a curiosear, y entonces se abre una compuerta del O.V.N.I. De esta compuerta sale un anciano, vestido con una bata de laboratorio, con su bigote y barba de chivo canosos, seguido por dos señores en traje de chaqueta: el que va delante lleva el pelo moreno corto engominado hacia atrás, una pajarita y camisa blancas y sonríe, el que le sigue parece bastante mayor, su pelo canoso también está engominado hacia atrás, tiene ojeras, un semblante invariablemente serio y una corbata de franjas diagonales monocromática. Detrás de este señor, salen tres chicas de bellos cuerpos, desnudas de cintura para arriba, con los ojos tapados por una venda negra. Por último, al final de todos, sale un hombre de mediana edad, también engominado hasta las trancas, vestido con un traje de chaqueta, con corbata y con un bigote de dandy; sonríe, y tira de una cuerda. Vemos que la cuerda está atada al cuello del último en bajar, que aparentemente es la mascota de este dandy: es un hombre lleno de pelos, parece un hombre lobo, y camina a cuatro patas con bastante facilidad. Todos miran al cielo, a los árboles, a Joe y a su perro.

-Vampyr Alfa: (en plano medio. Sonríe, como siempre. Es una sonrisa de superioridad, de altivez) “Chicos, no sé qué pensaréis, pero a mí me gusta. Creo que podemos encontrar aquí muy buenos sacrificios para el…” (Se percata de la presencia de Joe y Trueno: los vemos en un plano medio y luego volvemos a Alfa de nuevo, que se relame los labios dejando ver sus colmillos) “Sí, muy buenos sacrificios, ciertamente…”

-Vampyr Omega: (inexpresivo, serio, en plano medio) “Vamos Alfa, no te exaltes tan rápido, que luego ya sabemos lo que pasa. ¿O no recuerdas que dijiste exactamente lo mismo en Júpiter? ¿Y qué pudimos sacar en claro de allí?” (Su ceño se acentúa) “¿Acaso algo bueno?”

-Vampyr Alfa: (En un primer plano, su sonrisa se acentúa) “Es porque fuimos allí que somos vampiros”.

-Vampyr Omega: (Hace un exabrupto con las manos, una especie de gesto de impotencia o de auto contención, y se acerca a Alfa, encontrándose sus semblantes a pocos centímetros. Serio, invariablemente serio) “¿Algo bueno, acaso? Además no jodas, no somos vampiros por haber ido allí, somos vampiros por tu entera culpa, y lo peor es que pareces plenamente orgulloso de…”. (Mira a Joe y a su perro, los vemos en un plano americano, parecen atentos a la situación, pero también asustados. Luego, volvemos al plano medio de Alfa). “¿Qué demonios estamos haciendo discutiendo en un lugar como este? ¿Por qué no ofrecemos algo a nuestro primer colega oriundo de la Tierra?”

-Aleksandr Sr.: (En plano medio largo, con una sonrisa leve medio escondida por su bigote y perilla de chivo típica de los doctores malvados de toda película de serie B). “Estoy de acuerdo.” (Se acerca a Joe y le pasa la mano por el hombro, como si se tratara de un viejo amigo). “Invitemos a nuestro colega Joseph Versallius a unas bebidas espirituosas, ¿no es así como se dice ahora? Nunca entenderé las modas de hoy en día…” (Joe etá pasmado, ni siquiera puede articular palabra pero vacila al ser empujado suavemente hacia la entrada del O.V.N.I. medio derruido). “Sí, sí… confía en nosotros. Te conocemos de toda la vida, Joseph. Somos amigos, y hemos venido en son de pax aeterna… quiero decir…”

-Aleksandr Jr.: (Plano medio largo, sujetando la correa del Nota Lobo, le quita a su padre la mano del hombro de Joe y la pone él en ese lugar. Empuja con más fuerza a Joe introduciéndolo en el platillo volante. Aunque Joe es un hombre muy corpulento, está tan absorto que se deja llevar a donde sea, y su perro le sigue, como buen perro). “Lo que quiere decir es que venimos de buen rollo, y te queremos demostrar a ti, por ser el primero que nos hemos encontrado, lo hospitalarios que somos nosotros los trans… transeuntes del espacio” (Suspira, en un primer plano.) “En fin, que no tienes de qué preocuparte, venimos en son de paz…”. (Estas últimas tres palabras se repiten con un eco varias veces mientras se cierran las compuertas del O.V.N.I., en un gran plano general, vemos que todos han entrado, salvo los tres bellezones en topless, que se quedan custodiando el lugar. Vemos en plano detalle que los pezones de la Topless 1 están erguidos por el frío.

-Topless 1: (plano medio largo, tiritando de frío) “¿Vosotras sabéis si nos pagan bien por esto? Es que aún no he visto ni un duro y…”

-Topless 3: “Yo estoy ahorrando para tatuarme en el culo PROPIEDAD DE DRÁCULA, ¿os mola? Así que necesito el trabajo.”

-Topless 2: “¿Soy yo por ser rubia, que pienso tonterías, o acaso no tiene mucho sentido que nos contraten para vigilar las cercanías y nos obliguen a llevar los ojos vendados todo el tiempo?”

-Topless 1: “Eres tú, guapa. Eres la tonta de las tres”.

(Escena 8. Dentro del O.V.N.I. Plano general de una habitación decorada con cuadros rupestres y motivos equinos por doquier: planos de talle de algunos cuadros, de una herradura colgada de la pared, de una cabeza de caballo árabe negro como la noche, con un letrerito dorado debajo que dice “Mi querido, inolvidable amigo Sergei. Mi primera vez.”. Otra vez en plano general, los comensales están sentados: Joe, entre Alfa y Omega, con Trueno a sus pies comiéndose las sobras; Aleksandr Sr. y su hijo, que tiene a su lado, en el suelo, al Nota Lobo restregándose contra su pierna; también hay un chico y una chica al fondo de la mesa, de unos quince o dieciséis años de edad cada uno, vestidos con los mismos colores; ambos son rubios y de cara inexpresiva. La mesa está repleta de manjares deliciosos y todos han empezado ya a comer, con excepción de Joe).

-Aleksandr Jr.: (Sonriente, plano medio corto, habla mientras está masticando) “¿Sabes, Joseph? Puedes comer tranquilo, y dialogar con nosotros si quieres… Ya te hemos dicho y repetido que somos buena gente, que venimos en son de paz, tío. Así que… sé sincero… este sitio mola un pegote, ¿verdad? Si no estuviera medio derrumbado molaría más aún, pero… ¿has visto cómo lo tenemos? De donde venimos también tenemos caballos y nos encantan, es curioso porque hemos intentado imitaros desde hace mucho, y en un montón de aspectos no sólo lo hemos conseguido, sino que os hemos superado.” (Apunta a la cabeza de Sergei) “¿Ves a ese semental de ahí? Bueno… lo que se pudo salvar de él…” (Primer plano de la cabeza de Sergei, mientras se oye a Junior hablando). “Es un caballo árabe. Lo introdujimos nosotros en vuestro planeta hace… buf, siglos… verdaderamente llevamos siglos espiándoos, ¿cómo hemos…? Chicos…” (Su rostro se torna dudoso, mira a Alfa y a Omega) “Chicos, ¿cómo es que hemos tardado tanto en decidir venir? Ya sé que Anacletta y Anacletto tenían que estar preparados pero aun con todo… podríamos haberlo resuelto mucho antes si…”

-Vampyr Omega: (en un plano medio corto, se limpia la boca con un paño y termina de masticar. Invariablemente serio). “Ya vale, Junior. No querrás aburrir a nuestro invitado con estulticias espaciales, ¿no? Queremos causarle una buena primera impresión. Que pase la noche con nosotros, si es posible, y que nos cuente de todo acerca de la Tierra…”.

-Aleksandr Jr.: “Yo sólo decía que si hace siglos hubiéramos estado atentos, ahora mismo estaríamos en…”

-Aleksandr Sr.: (Tajante, serio) “Ya vale, Junior. Aburrirás al Señor Versallius. Y queremos que se quede.”

-Joe: (sin levantar la mirada, su semblante parece estar casi desfigurado por el terror y el desconocimiento de si lo que dijeron al principio, lo de los sacrificios, iba por él. Habla con una voz susurrante, tartamudeando) “Te-tengo… tengo un par de pre… de prepreguntas…” (Y levanta la mano como si estuviera en una clase de primaria. El pobre no sabe ni qué hacer para que no le maten).

-Aleksandr Jr.: “Pues dispara, colega. No vamos a hacerte daño.”

-Vampyr Alfa: (sonriente, relamiéndose los colmillos) “No, a menos que tú nos des permiso para ello, claro.” (Se ríe en voz muy alta, es molesto). “Bromeo, claro.”

-Vampyr Omega: (serio) “Bromea, claro. Es un molesto bromista y un gaznápiro.”

-El Nota Lobo: (primer plano, Junior le ha pasado un hueso y se entretiene con él) “Brrr… brrrrrrr…” (Su boca emite un sonido más parecido al gruñido de un perro que a una frase comprensible). “¡Brrrr… omista! ¡Brrrromista!”

-Aleksandr Jr.: (primer plano)“¡Vamos! ¡Dispara!”

-El Nota Lobo: (primer plano, suelta el hueso) “¡¡Brrrrromista!! ¡Brrrrrr Brrrrrromista!”

-Joe: (Mirándose las rodillas en plano americano) “¡Quisiera saber qué carajo quisisteis decir antes con lo de los sacrificios!” (Levanta la mirada en primer plano y la dirige hacia Aleksandr Senior. Tiene una mirada a medio camino entre el desquiciamiento total y la absoluta decisión, esa mirada que sólo se ve durante los últimos segundos de aquellas personas que saben que están a punto de morir) “¡¿A qué habéis venido aquí?!”. (Volvemos al plano general de todos los comensales en la mesa. Un par de segundos de silencio tenso, y entonces Alfa empieza a reírse. Luego Junior, y le siguen los gemelos, Senior e incluso Omega sonríe y el Nota Lobo se intenta subir a la mesa al ver tanta euforia).

-Vampyr Alfa: (consigue dejar de reírse, se quita las lágrimas de los ojos con las mangas de su traje de vampiro) “Dios, eres de lo que no hay, Joseph. ¿No has oído que soy un bromista? El papel de vampiro se me vino arriba desde Júpiter y no veas… el caso es…” (Se relame los labios) “…que no vamos a hacerte ningún daño.”

-Vampyr Omega: (invariablemente serio) “Eres una persona muy preciada para nosotros.”

-Aleksandr Sr.: (con una sonrisa que se nota de lejos que es fingida) “Y es por eso que queremos que te quedes”.

-Joe : (aún mira a Senior) “¿Y a qué se refería ese… Junior…?” (Lo señala) “¿A qué se refería con lo de venir aquí y… y lo de espiarnos desde siglos…?” (Joe tiembla como si tuviera una pistola en la sien) “¿De qué vais? De… de qué…”

-Aleksandr Sr.: (De nuevo con la sonrisa fingida) “¡Oh, querido Señor Versallius, no tiene usted de qué preocuparse! Lo conocerá todo a su debido tiempo. Y ahora, deléitenos con historias sobre la Tierra. ¿Qué comen actualmente? ¿Qué está de moda? ¿Qué… drogas están de moda? Cuéntenos, por favor, somos muy curiosos…” (Las últimas tres palabras resuenan con un eco mientras la escena desaparece, difuminada en negro).

(Escena 9. Plano general de Joe en el camarote individual del O.V.N.I. que le han dejado para dormir. Está tumbado en un catre sucio, con las manos apoyadas tras la cabeza. Suspira. De pronto se oye un ruido, y se levanta. Es el sonido de un ceremín interpretando la canción “Somewhere over the rainbow”. Joe abre la puerta con cuidado, y la cámara empieza a perseguirle en plano secuencia. Le perseguimos lentamente mientras vemos que, con suma tranquilidad y sin hacer ruido, se acerca al camarote más cercano, y mira por el cristal de la escotilla de la puerta. Entonces pone cara de asco y se aleja; la cámara, curiosa, antes de volver a perseguirlo, mira también por la escotilla: ve a los vampiros Alfa y Omega manteniendo relaciones sexuales, de alguna forma Alfa debe tener vagina, porque Omega está encima de él penetrándolo por delante; la imagen se vuelve doblemente grotesca al son del ceremín. Después de un segundo de esta imagen, la cámara vuelve a perseguir a Joe, que ha encontrado otro camarote persiguiendo a su vez el sonido de ese celemín. Está quieto, agachado, y vemos como abre suavemente la puerta, muy levemente, para escuchar lo que dicen Senior y su hijo).

-Aleksandr Sr.: (Fuera de plano, estamos todo el tiempo viendo a Joe agazapado en la puerta) “Pues sí, querido hijo. Estoy seguro de que lo conseguiremos. Con un poco de ayuda de tu hija Anacletta, claro. Ella es vital. Pero será todo muy sencillo y… y valdrá la pena. Eso es lo importante.”

-Aleksandr Jr.: (Fuera de plano, a él sólo se le oye susurrar) “Sí, sí… la llevo entrenando para esto toda su vida. Ahora que por fin ha llegado el momento de la acción después de tantos siglos siendo meros espectadores… no va a cagarla, estoy seguro. Tiene una voluntad férrea y… bueno, en fin, ¿quién podría fastidiarlo? Alfa y Omega no harán nada, estoy segurísimo.”

-Aleksandr Sr.: “¿Y ese granjero, ese tal Joe? Nos es útil contándonos cosas sobre la Tierra para que perfilemos nuestro plan y será sin duda un buen sacrificio cuando llegue el momento, pero…” (Joe se pone la mano en la boca para impedir gritar o hacer alguna tontería) “…bueno, podemos… liquidarlo antes de lo previsto por si surgen molestias.”

-Aleksandr Jr.: “Que vaa… Le llevaré a una de las topless de ahí abajo, que no se ni para que las tenemos. Que hagan algo por una vez, sí. Y así ese idiota, que no se espera nada, se entretendrá y se mantendrá alejado de mi hija… y podremos disponer de él cuando nos sea preciso. De momento tenemos que ganarnos su confianza… En fin, me voy volviendo a mi camarote, que…” (Joe se recompone y se aleja con cuidado de la puerta, escondiéndose detrás de unas oportunas cajas. La cámara continúa persiguiendole en plano secuencia; en algún momento la cámara se gira para ver que Junior se ha ido por otro lado. Joe sigue su camino en solitario, persiguiendo a ese ceremín que le tiene de los nervios, que le promete algún lugar más allá del arcoiris, algún lugar sin sacrificios ni melodramas vampírico-transexuales. Se acerca al siguiente camarote que encuentra, se asoma a la escotilla y sigue caminando. La cámara también echa un vistazo y vemos una habitación pintada de rosa con motivos florales y una cama vacía; de hecho, la habitación entera lo está. La cámara vuelve a perseguir a Joe y vemos que éste ha encontrado al fin de dónde venía el sonido. La cámara se asoma junto a Joe a la escotilla y vemos al pequeño chico rubio e inexpresivo de la cena tocando el ceremín en su cuarto, que tiene motivos marítimos, como una ballena azul pintada en la pared. Joe se queda unos segundos ensimismado escuchando la melodía, hasta que decide levantarse y volver a su camarote. La cámara vuelve a perseguirle en plano secuencia, esta vez va más rápido, aunque igualmente con sigilo, arrastrando los pies. Cuando abre la puerta de su cuarto, encuentra a la Topless 3 sentada en su cama, desnuda de cintura para arriba y con una cinta tapándole los ojos. La cámara se acerca a la topless y sigue lentamente su figura desnuda, desde las pálidas plantas de sus pies hasta sus majestuosos cabellos).

-Topless 3: “Hola. Te he oído.”

-Joe: (la cámara hace un zoom de las tetas de la topless, y luego se gira y hace un primer plano de la cara de Joe, que sonríe como un niño pequeño en navidad) “Hola. Encantado. Déjame que adivine. Te han ordenado que me satisfagas en todos los aspectos”.

-Topless 3: “Exacto” (Esta palabra resuena varias veces en eco mientras desaparece la escena, difuminada en negro).

(Escena 10. En un plano general vemos a un niño de unos diez años con un revolver en las manos, junto a un hombre de pelo blanco y un caballo árabe negro como la noche. Se pone el Sol, están en lo alto de una colina. Toda la escena es en blanco y negro, y muchos fotogramas parecen dañados, como si se tratara de una escena de una película muy antigua. Asimismo, todas las voces se escuchan lejanas y con eco).

-Nikolai Nikonov: (con tono seco) “¡Vamos, Alek! ¡Dispara!”

-Aleksandr Sr.: (apuntando al caballo, temblando) “¿Pero por qué tengo que hacerlo? ¡Sergei es mi mejor amigo!”

-Nikolai Nikonov: (se enoja, y habla en un tono más insultante) “¡Cyka, Alek! ¡Ya te lo he dicho una miríada de veces! ¡Precisamente porque es tu mejor amigo le tienes que disparar!

-Aleksandr Sr.: (plano medio corto de sus manos temblando como si lo agitasen como una botella de champagne) “No… no puedo, yo…”

-Nikolai Nikonov: (más enojado, hace aspavientos con las manos) “¡Mierda, Alek! ¡Cyka! ¡Si tu hermana aún estuviera aquí, ella… ! ¡Dios, ella salió a mí, tan dispuesta siempre, pero tú… tú has salido a tu madre, que Dios la tenga en la gloria a ella también!”

-Aleksandr Sr.: (en un plano americano, dispara a Sergei al costado, sin dirigirle la mirada. Por un momento, durante un sólo segundo cuando el chico dispara, un fogonazo de luz borra la escena y vemos fugazmente a un hombre engominado con muchas canas, que lleva una túnica blanca inmaculada y un colgante con un medallón metálico con un corazón en relieve; lleva también unos auriculares blancos, y baila con las manos arriba durante unas milésimas de segundo, en un campo con muchas flores. Luego, otro fogonazo de luz barre la escena y volvemos a encontrarnos con el pequeño Alek y su padre, en plano americano) “Yo… soy como tú. Quiero ser como tú. No soy débil. Mataré a quien quieras que mate. Me desharé de lo que quieras que me deshaga, aunque eso incluya renunciar a todo lo que siempre he amado” (Primer plano de su rostro, vemos una lágrima recorriéndole la mejilla izquierda) “Te quiero, papá”.

-Nikolai Nikonov: (Plano medio. Apenas se emociona, habla en tono condescendiente) “¡Oh, Alek! Eso es bonito. Matarías a quien yo te ordenase… Tienes mucho que aprender, querido hijo, pero tienes suerte de tener un padre como yo. Te lo iré desglosando todo a su debido tiempo, tú sólo sigue viviendo, y disfrutando de la vida. Encuentra a una mujer digna y ámala, y… “ (Mira hacia el caballo. Lo vemos en plano entero, tumbado y muerto en el suelo, pero le han empezado a salir unos brotes vegetales por todo el cuerpo, que lo están cubriendo rápidamente. Luego, volvemos al plano medio de Nikolai hablándole a su hijo) “…bueno, a su debido tiempo, tú, querido hijo, serás testigo de la destrucción de este planeta como acto heroico en nombre de los nuestros.” (Volvemos al plano entero del caballo. A estas alturas los brotes vegetales se han adueñado de toda su piel y lo han cubierto por completo. Todo el caballo está hecho completamente de marihuana) “Y será glorioso”  (Otro fogonazo de luz pone fin a la escena).

(Escena 11. Plano cenital de Joe en el catre sucio de su camarote. Se despierta a gritos de su pesadilla. Fuera hay una tormenta. Mira a su lado y se percata de que la vigilante topless se ha ido).

-Joe: (susurrando casi para sí) “Qué cojones… por qué demonios soñaré yo con el viejo chivo ese y con su caballo… yo… y encima ésta se ha ido y no puede animarme…” 

-¿?: (Una voz de hombre surge de algún lugar oscuro de la habitación. Habla en voz bastante alta y parece que le cuesta vocalizar) “El sueño de la razón produce vampiros transexuales, ¿verdad, JJJJJoe?¿Qué tal si yo le animo?” (Un rayo intempestivo deja ver a Vampyr Alfa por un instante, en plano entero, sentado en una silla en medio de la habitación, fumando un cigarro).

-Joe: (da un brinco, asustado) “¡Mierda, Alfa! ¡¿A qué vienes aquí?! ¡¿Qué demonios… quieres?! ¡¡Me has asustado!!”

-Vampyr Alfa: (se levanta de la silla, aún en plano entero. Sonríe. Se queda un momento en silencio y gira la cabeza, como escuchando el sonido de la lluvia) “Te dije que era un br… brromista” (Empieza a reírse muy alto durante unos segundos, luego se detiene, y en primer plano vemos como se relame los colmillos de nuevo con una mirada perdida, de borracho total) “Vengo a… adtervirte…. adtrevirte…”

 -Joe: “Vienes a advertirme. ¿Qué ocurre?”

-Vampyr Alfa: (enfadado) “¡Cálla- ¡hip!-te! ¡Aquí soy yo el que habula! ¡Vengo a amenazarrte, a amedlentarte!” (Le da una calada al cigarro, pero ve que se ha gastado hace ya bastante, y que no queda nada salvo una colilla diminuta. La tira al suelo enfadado) “¡¡Puta mierda de tabaco de humanos!!” 

-Joe: “Vienes a amenazarme. ¿Qué ocurre?”

-Vampyr Alfa: “¡He dichio quetecalles! ¡Y no toques a Anaculetta!”

-Joe: “¿Qué?”

-Vampyr Alfa: “Anaculetta. Eso. Que no la toques. No es pata ri, es para nosotlos.” (Se tambalea, se agarra a la silla) “No se te ocurra tocarla, es pura, y así tiene que seguir.”

-Joe: “Porque es parte de vuestro plan…”

-Vampyr Alfa: “¡¿Cómo demonios… ?!” (En plano medio, desconcertado, intenta hacer unos aspavientos tan exagerados que no puede controlarlos con su borrachera y se cae desapareciendo de la pantalla. Luego se levanta agarrándose a la silla, dolorido) “¡¿Cómo demoniossssabes eso-hip?!

-Joe: (en primer plano de su cara, sonríe, porque está a punto de contar una mentira y sabe que el muy borracho se la creerá). “¡Pero si me lo acabas de decir, cretino! ¡¿Pero qué pasa con ese plan?! ¿Qué pinto yo en él, y Anacletta y los sacrificios…? ¡No me explicas nada!”

-Vampyr Alfa: (de nuevo desconcertado, se rasca los pelos con la mano, agarrado como puede a la silla, balanceándose). “Ah sí, sí. Yo… sssoy un charlatán… No deblería… pero buenoyaquetehecontadoeso… el caso es que Anaculetta… tiene que permanecer pura… ¡essso egs vital, amigo mío!” (Se saca otro cigarro de un paquete que tenía en un bolsillo interior de la chaqueta de su traje negro, y se lo enciende con un mechero, al tercer intento). “Ella tiene que permanecer pura y casta, y su sexo sin edulcorar, para que ssirvla como plimer saclifijo…” (Da varias vueltas bruscas con la cabeza, como si un ente invisible la empujara con fuerza de un lado a otro). “Bueeeno… yo me voy yeeendo ya a la cama antesdeque… se me esclape algo implortante másh y tú… lo malentiendasss… yo… ¡¡No toques a Anaculetta!!” (Y deja el camarote cerrando rápido pero sin hacer ruido).

-Joe: (susurra casi para sí) “¿Qué habrá querido decir Alfa con eso de que la pureza de Anacletta es vital para el primer sacrificio? ¿Acaso la van a sacrificar a ella? Dios, si no es más que una niña… “ (Se acuesta en el catre, da un giro para intentar acomodarse pero le resulta imposible. Otro. Y otro más). “Sea como sea… lo que está claro es que la pureza de  Anacletta es el centro de su plan…”. (La última frase resuena en eco varias veces mientras se difumina la imagen en negro).

(Escena 12. Justo después del eco de esas palabras, empieza a sonar el This little light of mine interpretada por el Soweto Gospel Choir, mientras vemos a Anacletta, sentada en una cama en plano medio largo, convirtiendo su vagina en un pene, en slow motion. Luego vemos a un hombre que se le acerca por detrás y la abraza. Pasamos a un plano americano y vemos al Nota Lobo, que la acaricia y la besa. Toda la escena es en cámara lenta, al ritmo del coro. Ambos se acarician sus cuerpos y Anacletta cambia de postura. Se pone encima de él y lo toma por detrás. En algunos momentos los planos americanos de cópula explícita son interrumpidos por primerísimos primeros planos de los sudorosos rostros de los enamorados, y por planos detalle del pequeño camarote que sirve como caseta del perro: un cuadro con una foto del Nota Lobo cuando era adolescente, en un páramo desértico, con otros dos adolescentes con mucho vello y pelo; una mesilla con una lámpara con forma de hueso de alita de pollo; la parte inferior de un armario, mordida y la madera casi cedida. Después de un par de minutos de estas escenas al son del coro, aparece en la parte inferior izquierda de la pantalla el título del segundo capítulo de la obra, en letras góticas rojas):

2#La insoportable levedad de ser un vampiro transexual.

(Después de desvanecerse el nombre del capítulo, el desenfreno sexual zoófilo continúa de muy variadas formas hasta que acaba la canción y entonces todo desaparece con un difuminado negro).

(Escena 13. En el camarote de Joe, éste se despierta de su cama en plano medio largo. Se queda unos segundos callado, pensando, con las manos agarrándose la nuca. Luego, se pone la ropa y sale de la habitación lentamente. En el pasillo todo está tranquilo y en silencio sepulcral, hasta que Joe se encuentra con el chico que estaba tocando el ceremín la noche anterior, el gemelo de Anacletta).

-Anacletto: (plano medio corto, su cara es apática. Lleva un pijama a rayas verticales monocromáticas y su pelo corto dorado está despeinado) “Buenos días, señor Versallius. Nos acompaña a desayunar, ¿cierto?”

-Joe: (primer plano, está sudando, mueve sus labios de forma extraña, como queriendo contenerse unas palabras que provocarían problemas) “Ehm… sí… supongo que…” (Entonces, en un plano americano, vemos como Joe da un par de pasos hacia atrás y coge una lámpara con forma de lágrima que estaba sobre una mesilla en el pasillo, y golpea con ella a Anacletto en la cabeza. Luego, sale corriendo. La cámara le persigue rápidamente mientras cruza los pasillos y mira en todas las ventanas de los camarotes. Entonces, entra en uno, en el de las topless. La cámara sigue en plano secuencia, tras Joe. En la habitación sólo están Topless 2 y Topless 3. Joe agarra fuertemente a su querida Topless 3).

-Joe: (nervioso, plano medio largo mientras la agarra a ella con ambas manos) “Tenemos que irnos, querida. No hay tiempo para explicaciones, y yo puedo darte una vida mucho más feliz de la que tendrás aquí entre transexuales chupasangre. Mereces algo más. Me mereces”.

-Topless 3: (primer plano, sonríe y se acerca al rostro de Joe) “Te merezco. Sólo me metí en este trabajo porque necesitaba dinero para hacerme un tatu en el culo. Pero eso ahora no importa. No, ahora que te he conocido”.

-Topless 2: (plano medio largo, está sentada en su cama) “¿Soy yo por ser rubia, o él es un machista egocéntrico, y tú estás demasiado enamorada para acabarlo de conocer?”

-Joe: (plano general, sigue agarrando a Topless 3 por ambas muñecas como si se le fuera a escapar. Sonríe y mira a Topless 2) “Eres tú, guapa. Eres la tonta de las tres” (Luego, dirige la mirada a su Topless 3, y en plano americano, se marca el morreo pertinente). “Tenemos que largarnos, nena”. (Salen de la habitación, y la cámara empieza a seguirlos de nuevo en plano secuencia)

-Joe: (cruzando el pasillo, lo vemos de espaldas, mientras tira de su amada) “Tenemos que darnos prisa, cariño. He dejado K.O. al pequeño Anacletto. Tenemos que desaparecer”.

-Topless 3: (su voz suena asustada y nerviosa, pero también puede deberse a que están cruzando por los pasillos del O.V.N.I. a toda prisa casi sin saber a dónde van) “¡¿Pero qué has hecho, chiflado?! ¿Acaso tienes idea de cuál es el poder de esos transexuales chupasangre, como los llamas?” (Se detiene, y hace detenerse a Joe y a la cámara también). “¿Sabes lo que has hecho? Se van a vengar de ti. Van a ir a por ti… toda la hospitalidad que te mostraron ayer, desaparecerá hoy derribada por un puño de acero y de sus cenizas resurgirá un odio que…”

-Joe: (interrumpiéndola bruscamente, casi enojado) “Vaya, no sabía de tus metáforas y de tus discursitos con moralina cuando te compré” (Primer plano, sonríe).

-Topless 3: (plano medio, con cara de duda, como de sarcasmo) “¿En serio? ¿Ahora? ¿Quieres tener nuestra primera discusión de pareja mientras huimos de unos vampiros transexuales que si nos pasan la mano por la entrepierna nos cambian de sexo?”

-Joe: (con cara de decisión, plano medio. La agarra de nuevo y siguen caminando mientras la cámara les sigue en plano secuencia) “Tienes razón. Prioridad, salir de este maldito cacharro. Si no me equivoco, mi escopeta debe seguir ahí fuera, donde se me olvidó anoche. Al menos así tendremos algo con que defendernos”.

-Topless 3: “Buena idea…”

-Joe: “Luego ya en mi cabaña al otro lado de la colina, tendremos tiempo para discutir y hacer el amor frente a la chimenea. Además, tengo muchas más armas allí. De todo tipo, incluso una Bazuca. Las he ido consiguiendo con el paso de los años, destrozadas, y yo las arreglaba. Mi padre me enseñó cuando era pequeño, era un… un coleccionista y un auténtico manitas…”

-Topless 3: “Ya… Yo no conocí a mis padres. Pero eso que dices de hacer el amor frente a la chimenea suena bien” (Y mientras siguen cruzando los laberínticos pasillos, asomándose primero en cada esquina por si se encuentran con algún vampiro transexual, las imágenes desaparecen con un rápido fundido. Y pasamos a la siguiente escena).

(Escena 14. Vemos en un plano medio largo al Nota Lobo y a Anacletta tumbados en la cama de la habitación del Nota. Anacletta está desnuda y tiene su cabeza contra el pecho del licántropo. Una sábana le tapa el sexo. El Nota se despierta y, aún medio adormilado, le da una cachetada a Anacletta en la cara).

-Anacletta: (Se despierta, se ruboriza y ríe en voz baja, en ese orden) “Me encanta que me despiertes a hostias” (Suspira) “Ah… lo de anoche fue genial…”

-Nota Lobo: “¡RRRRR….RRRRABIA! ¡RRRABIA!”

-Anacletta: “Sé lo que intentas decir y la respuesta es no. No sufro. Soy masoquista y plenamente consciente de ello. No hay ningún problema en lo que hacemos. No te pasas con los azotes. No llegas, de hecho, adonde me gustaría que llegaras. Y me temo que no lo haces porque te estás encariñando conmigo. Todos piensan que eres un animal y que no tienes sentimientos pero… solo yo veo a través de tus ojos de depredador lobotomizado y… me encuentro a mí misma. Un reflejo del animal que quiero ser…” (Le pasa la mano por detrás de la cabeza a su amado y le rasca la oreja. El Nota sonríe y gime en voz baja igual que si le estuvieran practicando una felación). “No hay ningún problema en lo que hacemos, mientras mi abuelo y mi padre no se enteren de nada”. (Pone su cabeza contra la del Nota en pose romántica y relajada) Te quiero, Nota Lobo” (La imagen desaparece en un fundido en negro mientras las últimas cuatro palabras de Anacletta resuenan en un eco espectral).

 (Escena 15. Ya fuera del O.V.N.I., está todo nublado y no hay rastro de Sol. Joe encuentra su escopeta delante de un matorral que hay junto a un árbol. Entonces, Topless 3 le hace un gesto silencioso, apuntando a la compuerta del platillo volante, y vemos en plano general a Vampyr Omega saliendo de la destrozada nave lentamente. Tras la nave, se ven los pantanos de Louisiana entre la niebla, aunque se nota a lo lejos que es una imagen de croma).

-Joe: (decidido, en plano medio) “Yo me ocupo de él”. (Entonces Joe, escopeta en mano, se esconde tras el árbol y hace gestos a Topless 3 para que haga lo propio en el matorral que tiene delante. Ambos escondidos, pasamos a un plano general de Vampyr Omega alrededor del O.V.N.I., paseándose plácidamente, frío y lento, y mirando siempre a todos lados con el ceño fruncido. Llega el momento en que les da la espalda a Joe y Topless 3 para sacar un cigarro del paquete que tiene en el bolsillo de su chaqueta mientras contempla los pantanos, y entonces Joe aprovecha para salir del árbol e ir a por él. La cámara le sigue lentamente en plano secuencia, y cambiamos a un plano americano en el que Omega se da la vuelta y justo en ese momento, Joe le dispara con la escopeta en pleno corazón, a no más de tres metros de distancia. Suenan unos cuervos de fondo. Vemos un plano detalle del agujero que ha dejado Joe en el corazón de Omega, durante medio segundo. Después de esto, Joe corre a por Topless 3 y ambos se largan lo mas rápido que sus pies les permiten, mientras la cámara les sigue en plano secuencia. Durante un momento, la cámara se da la vuelta y vemos a Omega caer al suelo y desaparecer entre la niebla. Luego, la imagen desaparece con un fundido negro).

(Escena 16. Vemos mediante varios grandes planos generales como Joe y Topless 3 cruzan el valle de vuelta de las montañas corriendo a toda prisa, dirigiéndose a casa de Joe. Escuchamos sus voces y diálogos mientras caminan a través de verdes campos y variopintos paisajes rocosos).

-Topless 3: “Pues sí, y a los dieciocho me fugué del orfanato y me metí a stripper. Entonces, después de una leve pero intensa carrera como modelo para un fotógrafo digital que me descubrió en el Club Nostradamus Orgiae, descubrí esto de vigilante nocturna en un O.V.N.I. que, según la llamada que recibí, se iba a estrellar en tal sitio y a tal hora. Simplemente dije que sí, y lo demás vino solo. Tú, con tu perro y tu escopeta, los vamp…”

-Joe: (con tono asustado) “¡¡Mi perro!! ¡Dios mío, Trueno! ¡¡Lo he dejado allí con esos monstruos!! ¡Dios mío, Dios mío, cuando vean lo que le he hecho al niñato ese y a Vampyr Alfa! ¡¡Lo van a matar, Dios mío, Dios mío!!”

-Topless 3: “Ese niñato se llamaba Anacletto y era un virtuoso del ceremín. Y el vampiro al que mataste era Omega, no Alfa. Ojalá hubieras matado a Alfa, ese cretino de…”

-Joe: “¡¿Te crees que me importa el nombre del vampiro transexual al que he matado o que el niñato insoportable toque lo que sea que dices que toca?! ¡¡Ellos nos habrían hecho lo mismo!! ¿Qué es lo que…? ¿Cuál es su plan? ¿Qué es lo que quieren?”

-Topless 3: “Bueno, he oído cosas a hurtadillas. Anoche, cuando salí de tu habitación porque hablabas cosas raras en sueños. Cosas de un tal Sergei… El caso es que oí parte de una conversación entre Alfa y Omega”.

-Joe: “¿Qué oíste? Dime… tengo que saberlo… tengo que saber qué clase de monstruos tienen preso a mi perro…”

-Topless 3: “Por lo que oí anoche… una clase de monstruos de una galaxia vecina que viene vigilando desde hace mucho cada planeta de la nuestra. Se reprodujeron hace siglos y hay algunos entre nosotros que les ayudarán si es necesario. Creo que buscan un entorno tan lleno de vida y egoísmo que suponga un sacrificio digno para los suyos. Por alguna razón, están obsesionados con los suyos. Los mencionaron varias veces, un sacrificio para los nuestros, nosequé del perdón de los nuestros, volver a nuestras raíces, blablablá…”

-Joe: (con un tono entre la duda y la preocupación) “¿Pero a qué se referían con los sacrificios? ¿Se referían a Anacletta? ¿La van a sacrificar a ella? Si es sólo una niña… y encima su propia hija…”

-Topless 3: (suspira, luego con tono de desesperanza) “Sí, mencionaron a Anacletta… creo que puede que sea el primer sacrificio. El símbolo de la pureza y el símbolo del egoísmo o algo así. Dos primeros sacrificios que no pueden salir mal… Dijeron muchas cosas que no entendí… Pero… Joseph… yo creo que no serán sólo esos dos sacrificios… creo que su plan es… sacrificar a todo el planeta Tierra en nombre de los suyos…”

-Joe: (suspira profundamente, luego con tono decisivo) “Tengo que sacar a mi amigo de allí y luego saldremos de este planeta cagando leches… como sea… tenemos que hacerlo… Lo primero es llegar a la cabaña… allí tengo todo lo que nos hará falta…”

(Escena 17. Dentro de la cabaña de Joe. Gran plano general. Joe está agachado sacando revólveres de un baúl. Tirados por el suelo, vemos MP5s, Berettas, etc. Topless 3 está sentada en un sillón, mirando a su alrededor, aunque no hay mucho que ver, la decoración es simple y el mobiliario, rústico).

-Joe: (En plano medio. Saca del baúl una S&W M500 llena de polvo, y empieza a cargarla. Luego, le quita el seguro, se pone de pie y se la ofrece a su amada) “Ésta es para ti. Es bastante potente, así que tendrás que cogerla bien fuerte con ambas manos” (Sonríe) “Seguro… que después de lo de anoche no te cuesta acostumbrarte…”

-Topless 3: “Muy gracioso” (Agarra el arma con ambas manos, apunta hacia la ventana y dispara. Se escucha un sonido metálico muy fuerte, y luego otros sonidos como de derrumbamiento). “Soy muy buena tiradora, ¿sabes? He tenido mis prácticas…”

-Joe: (Plano medio corto, pasmado) “Te has cargado mi cobertizo, pero bueno… Me alegra saber que puedes defenderte por ti misma… Y encima con vendas en los ojos…” (Vuelve a buscar en el bául, y saca una Colt Python) “Y esta pequeñina es para mí… La Python… siempre me ha gustado como suena… Creo que buscaremos unas cuantas granadas, y con la Bazuca y la escopeta será suficiente… ” (Plano medio largo, Joe se enfunda el arma en una pistolera estilo viejo oeste y le da otra a Topless 3. Se fija en que ella está aún mirando por la ventana). “¿Tú qué crees? ¿Será suficiente? ¿Crees que lo conseguiremos?”

-Topless 3: (con tono agorero, pesimista) “Creo que no tendremos tiempo para pillarlos por sorpresa. Vienen de camino. Los estoy oliendo. Mis sentidos se agudizan. Y traen a tu amigo. Pero huele…”

-Joe: (la interrumpe de nuevo, mientras se acerca y mira también por la ventana. Vemos un plano medio largo de ambos mirando por la ventana, pero no vemos lo que están viendo) “¡Oh Dios! ¡Tienes razón! ¡¡Esos cerdos, mira lo que le han hecho a mi pobre Trueno!! Yo… ¡¡Era mi mejor amigo desde hace muchos años, hijos de puta!!” (Primer plano, unas lágrimas brotan de sus párpados y acuden a sus mejillas. Luego, otra vez el plano medio largo de ambos enamorados mirando por la ventana, viendo venir su perdición).

-Topless 3: (le chista) “¡Que nos van a oír! Ven, vamos a escondernos por aquí a ver si… podemos hacerles una emboscada decente…” (Coge a Joe de la mano y lo arrastra a un escondite detrás de un armario mientras la cámara sigue en plano medio largo. Luego, pone unas cajas por delante de ellos, para hacerlos menos visibles y se agachan). “Así… más o menos… Puede que tengamos una oportunidad…”. (Entonces la cámara vuelve a girar enfocando la puerta, que se abre de una patada. Entran Vampyr Alfa, Anacletto, con la cabeza vendada y una mano en cabestrillo, y el Nota Lobo, con una correa que sostiene el niño. También está Trueno, que flota en el aire moviendo sus patas, y además tiene unos colmillos inusualmente largos y ya no tiene falo: es obvio que lo han convertido).

-Vampyr Alfa: (en plano general en picado de la habitación) “Están aquí. Los huelo. Huelo sangre de mortales”. (Entonces, saca una pistola SIG-Sauer P226 de 9mm del bolsillo interior de su traje de chaqueta y apunta justo al armario tras el cual está escondida la pareja).

(Es entonces cuando por fin comienza la fiesta. Y para acompañar a la primera escena de acción de la película, nada más apretar Alfa el gatillo, empieza a sonar Swing Down interpretado por el Soweto Gospel Choir. Como decía, nada más apretar el gatillo y comenzar la música, ocurren varios acontecimientos rápidos, y todos ellos los vemos a la vez en el plano general en picado: Trueno, a quien no le gustan los sonidos fuertes a lo Aronofsky, flota rápido hasta un lugar seguro en la cocina; Topless 3 sale de detrás del armario y, sin parar de disparar a ciegas todo el tiempo, corre a esconderse detrás de un diván viejo y sucio, Joe sale por la otra parte del armario y se acomoda al lado de una mesilla de noche, acurrucando su cabeza contra la lámpara para protegerse y disparando mientras a sus enemigos; mientras, entre el caótico tiroteo, cruzan el umbral unas diez personas de raza negra: son los integrantes del Soweto Gospel Choir, que se han unido a la fiesta y han decidido que este tema de la banda sonora será un directo. Mientras bailan moviendo sus manos y cantan alegre y armoniosamente, una bala alcanza a Anacletto en la cabeza, y el chico, que estaba de pie indefenso y sin hacer nada, cae al suelo en redondo. Entonces Alfa da un grito, los negros siguen cantando alegremente y el Nota Lobo, a cuatro patas como siempre, va lentamente al cadáver de su amo y empieza a lamerle los vendajes color rojo sangre que tiene en su cabeza. Alfa, indignado, se guarda de nuevo la SIG-Sauer en su chaqueta y, mientras recibe a quemarropa y sin inmutarse todos los balazos que Joe puede proporcionarle, se acerca al diván en pleno caos gospel y agarra por la melena a Topless 3. Joe grita, sale de su escondite detrás de la lámpara y dispara varias veces a la cabeza a Alfa, que sigue sin inmutarse. Las balas no le hacen ni un rasguño. Entonces el vampiro le pasa la mano por la entrepierna a la topless y tras un pequeño destello, sonríe. Joe, más enfurecido que nunca porque sabe lo que acaban de hacerle a su amada, tira su Python al suelo y busca algo más potente en su baúl de los recuerdos. Agarra un MP4 y lanza una ráfaga donde se encontraba Vampyr Alfa, que ya había lanzado a la topless contra la pared con desprecio. La ráfaga no logra hacer ningún daño a Alfa aparentemente, pero sí pone fin a la vida del pobre Nota Lobo, una inocente criatura del señor, que seguía lamiendo las heridas de su amo. La ráfaga también hace que los diez o quince negros se larguen cagando leches, y la música se acaba cuando se van. Quedan solos y en silencio Alfa y Joe, pues Topless 3 está inconsciente en el suelo).

-Joe: (cambiamos a un plano medio largo de ambos apuntándose con sus armas, uno apunta a la cabeza de su enemigo, y el otro, directamente al corazón de su némesis. Ninguno de los dos sonríe; más bien parecen furiosos) “Devuélvela a su estado normal. La amo. No quiero que tenga pene y ella tampoco lo desea. Dejad de cambiar los sexos a las personas sin pedirles permiso. Dejadla como estaba y te prometo que no interferiré más en vuestro plan. Me iré lejos y…”

-Vampyr Alfa: (primer plano) “Pedazo de idiota, no importa lo lejos que huyas, no estarás a salvo de nuestra ira descontrolada. Nunca te alejarás lo suficiente del ataque de los vampiros transexuales del espacio exterior. Además, aún no has interferido realmente en nuestro plan. Los sacrificios seguirán su curso, y sólo has… bueno, sólo has hecho una pequeña purga. Seguramente Alek y el doctor se enojen, pero… en fin, visto lo visto, no demasiado mientras el plan siga en marcha… Además, ya me he vengado y el doctor se reirá mucho cuando se lo cuente. Se trata de una de esas venganzas que son peores que la muerte misma. Pues el humano es simple: solo desea sexo, y si se lo quitas, lo convertirás en polvo estelar a la deriva” (Se ríe en voz muy alta). “Puede que vengamos a poner fin a vuestras inútiles vidas antes de que caiga la  noche, que es cuando llevaremos a cabo el plan, por fin. Siempre que siga nublado. Creo que el doctor cambiará de opinión respecto a lo de que serías un buen sacrificio cuando se entere de la que has liado… Así que si no corres rápido… te… alcanzaremos… Y si corres lo suficientemente rápido… igual tienes suerte y puedes contemplar el fin del mundo con tu novia con pene ¡Feliz apocalipsis!” (Plano americano. Sonríe, coge los cuerpos del Nota Lobo y de Anacletto y se pone uno en cada hombro, luego empieza a flotar, cruza el umbral y se va volando, aunque al ser una película de serie B se notan las cuerdas de hilo transparente que le sujetan. Luego, cambiamos a un primer plano de Joe, que suelta un largo y apasionado bufido y, tras cerrar los ojos y levantar la cabeza un par de segundos, se deja caer en el sofá comido de mierda a descansar por fin. Después, del primer plano pasamos a un  primerísimo primer plano, y vemos como la imagen se va difuminando y poniendo fin a la escena mientras Joe con los ojos cerrados pone gestos de molestia, como si estuviera teniendo una pesadilla).

(Escena 18. Plano general de un salón amplio y poco amueblado. Suena en una gramola Hosanna interpretada por el Soweto Gospel Choir. Luego, plano medio largo de Nikolai Nikonov recostado en un diván rojo frente a la chimenea. La escena es en blanco y negro, con fotogramas dañados como si fuera una cinta antigua. Contemplamos como detrás de Nikolai y sin que éste pueda notarlo, emerge una silueta a la que no le vemos el rostro. Esta persona rápidamente agarra las manos del hombre sentado en el diván y les pone unas esposas, luego, con un movimiento casi imperceptible, engancha las esposas en la pata de madera del diván, dejando a Nikolai con las manos en la espalda tendido en el diván y a completa merced de su hijo, que baja su rostro para encontrarlo con el de su padre; aparentemente debe tener unos veintitantos, pero como son alienígenas, quién sabe. Como hechizado, se monta encima de él y saca un cuchillo que tenía escondido en su zapato).

-Aleksandr Sr.: (plano medio corto, su rostro está como entusiasmado, en contraposición con el de su padre, que parece ser una mezcla de incredibilidad y terror) “Calla, padre, no, no digas nada…” (Su padre intenta hablar pero él le pone el cuchillo en los labios para impedirlo). “No, no, tss, tss… No quiero que me malinterpretes, padre. Quiero… que me escuches y me comprendas, ¿vale? Tú, tú mataste a madre y a mi hermana, y… y crees que con eso ya basta, ya eres lo suficientemente egoísta y el sacrificio saldrá bien, pero… ¡Eso no es así, ¿sabes?! ¡¡Y hay mucho en juego!! ¡¡El respeto y el perdón de los nuestros, maldita sea!! Tú ya eres viejo, y si sale mal y resulta que no hay suficiente egoísmo en ti, todo habrá sido en vano…”

-Nikolai Nikonov: “Es… escucha hijo mío…” (Su rostro es ahora terror absoluto. Sigue sonando Hosanna) “Alek… yo maté a sangre fría a tu madre y a tu hermana… y las amaba muchísimo… ¡muchísimo, maldita sea! ¡¿No es acaso egoísmo suficiente entregarlas al bien común para destruir todo un planeta y que nos perdonen los nuestros?! ¡¿Cómo, si no matando a los que queremos, obligando a los que queremos a que se maten unos a otros, como cuando te obligué a que mataras a Sergei, podríamos demostrar egoísmo suficiente para iniciar la serie de sacrificios?!”

 -Aleksandr Sr.:“Te diré como, padre. Rizando el rizo. Verás, yo te mataré a ti, y luego mataré a mi esposa y a…”

-Nikolai Nikonov: (alucinando, ojiplático) “¡¿Pero qué dices?! ¡Si tu mujer tiene que parir al sacrificio de pureza! ¡¡No sabes lo que estás ha…!!”

-Aleksandr Sr.: “No, no, padre. No hables sin saber. Katia dio luz anoche a la muy esperada Anna. Pero, ¿sabes qué? Mi hija no va a ser el sacrificio de pureza. Se me ha ocurrido algo mucho mejor. Verás, voy a matarte sin miramientos cuando acabe esta conversación, luego mataré a mi queridísima Katia a sangre fría, y justo después, ahogaré a la recién nacida Anna, a la que todos esperábamos impacientes, con un cojín o algo así”.

-Nikolai Nikonov: “¡¿Pero qué majaderías estás diciendo, Alek?! ¡Cyka! ¡Llevamos planeando esto desde…!” (Aleksandr le hinca suavemente el cuchillo en la mejilla para hacer que se calle) “…hace… mucho…”

-Aleksandr Sr.: (tajante, frío, serio) “Lo sé. Por eso mismo estoy tan convencido de que mi idea no puede fallar. Es egoísmo en el estado más puro. Tanto tiempo esperando para que llegue yo ahora y decida por mí mismo que no, que no será mi hija el sacrificio de pureza, que la mataré, y a mi padre, y que no me importa que mi padre matara a mi familia por la causa mayor para nada. Yo soy la causa mayor. Yo soy el egoísmo, ¿sabes padre? Es imposible que esto falle… sí, esperaremos un par de siglos más a que mi hijo Alek crezca, encuentre a una fémina y tenga otra hija… ¡y esa será el sacrificio, ¿entiendes?! Después de que yo mismo le obligue a matar a sangre fría a su mujer cuando dé a luz…” (Nikolai se queda completamente boquiabierto) “¿Lo entiendes ahora, padre? ¡Tanto egoísmo concentrado tiene que ser más que suficiente! Cuando llegue el momento, me sacrificaré, y mi egoísmo trascenderá en algo superior, y… y… ¡Qué demonios!” (Agarra el cuchillo con las dos manos y apuñala a su padre en el corazón, manchándose la camisa blanca con un chorro de sangre que parece una manguera; recordemos que seguimos en una película de serie B. Se levanta, en plano americano, tirando el cuchillo y limpiándose como puede las manos en un mantel de la mesa). “Uf… que asquito…no pensé que fuera como en las películas… en fin, es por el bien común… Ahora, a por Katia…” (Derriba de un a patada la gramola y la música desaparece. Luego, desaparece él de la habitación con un portazo. La cámara gira por un momento y vemos que a Nikolai le han empezado a brotar cogollos y ramas de marihuana del pecho).

(Escena 19. Plano general. Podemos ver a Topless 3 despertando a Joe a hostias. Ambos están en el suelo. Trueno le está lamiendo los pies descalzos a su amo. También podemos ver que la habitación está totalmente destrozada: armarios agujereados, ventanas y lámparas rotas, y las paredes dan la sensación de que ambos están dentro de un colador gigante).

-Joe: (despertando entre suspiros, con cara de molestia) “Qué… Alek no… por qué…”

-Topless 3: (le da una bofetada con más fuerza) “Despierta Joseph, joder”

-Joe: (despierta del todo y mira dudoso a su alrededor. Se lleva las manos a la cabeza y gime) “Aah… mierda…ahora empiezo a entender un poco más esta mierda. Yo… ¿qué ha pasado aquí?” (Se pone de pie y Topless hace lo mismo. Los vemos ahora a ambos en un plano americano).

-Topless 3: “¿Es que no te acuerdas? ¡Vinieron los transexuales chupasangre y conseguimos matar al hombre-lobo y al niño virtuoso del ceremín al que tanto odias! También hemos recuperado a Trueno, aunque lo han convertido. Y no solo eso…” (Se arremanga los ropajes medievales que los vampiros la obligaban a llevar, y le deja ver un pene. Luego pasamos a un primer plano de Joe, que se lleva las manos a la cara y suspira largamente).

-Joe: (plano general. Los vemos a ambos. Joe está decidido, se le nota en los ojos. Le da un beso a topless 3) “Mierda. Tenemos que arreglar esta mierda y creo que tengo un plan. He estado teniendo sueños raros desde que tuve contacto con estos monstruos y puede que me sirvan de ayuda. De todas formas, cogeré el Bazuca por si no se muestran diplomáticos. Después de todo, a estos salvajes solo les mueve la sed de sangre” (Agarra a la topless y salen de la casa. Tras el portazo, la escena se difumina en negro mientras las últimas palabras resuenan en eco).

(Escena 20. Plano general del camarote del O.V.N.I. de Aleksandr Sr. Las paredes están repletas de cuadros y retratos de muy distinto tipo, pero ninguno de ellos verdaderamente comprensible: los paisajes tienen ángulos imposibles y colores descarados y llamativos, los retratos son monstruosos y deformados; ni siquiera los bodegones parecen bodegones. Vemos a Aleksandr Sr. y a Junior sentados en sendos divanes, uno frente al otro, sosteniendo sendas copas de vodka).

-Aleksandr Jr: “¿Sabes, padre? Ese bastardo granjero ha huido esta mañana y ha conseguido matar a Omega. Tras que Alfa y mi hijo Anacletto le siguieran buscando venganza, consiguió finiquitar al Nota Lobo y a Aacletto. Lo bueno es que Alfa transformó a la Topless traidora que ahora sale con el estúpido granjero. Pero no importa, padre. Porque Anacletta sigue viva y pura. Sin adulterar. Créeme, si lo estuviera yo lo sabría. Casi no le quito el ojo de encima, y además sé que es una buena chica. Yo la crié, así que… Lo único es que seguro que le apenará bastante la muerte del Nota, estaba más apegado a él que a su propio hermano gemelo

-Aleksadr Sr: (tranquilo, menea su copa un poco) “Bueno. Ya sabes que tu nieto nunca nos dejaba dormir tranquilos con su puñetero ceremín. Y sobre el Nota, sé que era vuestra mascota y que todos le queríais, pero como bien sabes necesitábamos su sangre de lobo de todas formas, así que le habríamos matado nosotros tarde o temprano. Por eso le criamos Alek… No te pierdas… ¿Has…? Has terminado la pistola catalizadora, ¿verdad?”

-Aleksadr Jr: (su rostro parece calmado y feliz) “Pues claro… está todo preparado. Se acerca el momento, padre. No creas que dudaré. Tengo muy clara mi misión. Tantos siglos esperando volver. Tantas mañanas anhelando el hogar. Después de las desdichas de Júpiter y tantos años con la impotencia de… Se acabó… Se acabó la impotencia…”

-Aleksandr Sr: (brinda su copa contra la de su hijo) “Por el fin de la impotencia. ¡Y porque, cuando la sangre de lobo se encuentre por fin con la sangre pura y sin edulcorar de Anacletta y con mi sangre egoísta de vampiro transexual, nuestro Señor Cthulhu resurja e inunde este planeta en llamaradas letales y convierta a todos los transexuales alienígenas latentes de la Tierrra en una apoteósis de marihuana!” (La escena desaparece con un fundido negro, y las últimas palabras resuenan con un eco ensordecedor).

(Escena 21. Vemos en un gran plano general el O.V.N.I. de los vampiros transexuales ya totalmente reparado. Luego, pasamos a un plano americano en el que contemplamos a Vampyr Alfa, Topless 1 y Topless 2 en el exterior).

-Vampyr Alfa: (dirigiéndose a Topless 1) “¿De verdad me estás diciendo que has visto Mary and Max y no te parece una obra maestra de la animación?”

-Topless 1: “Pues… aun a riesgo de perder mi trabajo… yo prefiero algo como Hotel Transylvania”

-Vampyr Alfa: (primer plano. Pone una cara como si le hubieran dado una patada en la bolsa escrotal, o en la vagina, o en el lo que sea que tuviera en ese momento. Luego, pasamos a un plano medio y vemos como Alfa saca una pistola bastante pequeña de un bolsillo interior de su chaqueta y dispara a la cabeza de Topless 1) “Esa película es una ofensa para nosotros los vampiros” (Entonces primer plano otra vez, y le vemos sonreír de forma diabólica, como de costumbre). “¡Pero mira quién ha reunido valor y ha venido hasta aquí! ¡Esto no me lo esperaba!” (La cámara gira y vemos a Joe, Topless 3 y Trueno acercándose al O.V.N.I. Joe lleva un Bazuca al hombro y Topless 3 tiene en las manos un Fusil de Asalto  Sturmgewehr 44).

-Joe: (estamos ahora en un plano entero, se nos muestra a Vampyr Alfa, que se ha apartado de Topless 2 y del cadáver de Topless 1, acercándose al granjero, y a la pareja, que con sus miradas retan al vampiro) “Estamos preparados para acabar contigo y con quien haga falta, Alfa. Estamos cargados hasta los dientes, y no huiremos ni nos daremos por vencidos hasta que dejéis a Trueno como estaba y Topless 3 vuelva a tener vagina”.

-Vampyr Alfa: (vuelve a reír en voz muy alta. Es realmente molesto) “¿De verdad crees que nos vas a amedrentar? Mira, paleto, lo primero es que Trueno no podrá jamás a volver a ser el que era: está convertido, jamás escapará de la insoportable levedad de ser un vampiro transexual. No es lo mismo tener las habilidades de un vampiro que tener las de un transexual alienígena, y Trueno tiene las dos cosas. Considérale dichoso, ahora pertenece a nuestra misma raza solo porque se le antojó a Anacletta. Respecto a Topless 3, podríamos revertir el efecto, pero no… nos da la gana. Y ahora… ¿qué vas a hacer?” 

-Joe: (mira al cielo y da un bufido. Deja la Bazuca en el suelo. Echa a un lado a su amada y se arremanga la camiseta) “Quiero que arreglemos esto como hombres, no como vampiros transexuales. Quiero que me demuestres lo que verdaderamente valéis. No se permiten mordiscos ni transformaciones transexuales. ¿Te apuntas?”

-Vampyr Alfa: (da un empujón a Topless 2, que cae sobre el cadáver de su compañera. Luego, se acerca al granjero sonriendo. Sus caras están a pocos centímetros una de otra) “Esto va a ser divertido” (Las últimas palabras resuenan en eco mientras un fundido en negro barre la escena. Empiezan a sonar unos bongos).

 (Escena 22. Los bongos pertenecen a la canción que suena ahora de fondo: In the name of love, interpretada por el Soweto Gospel Choir. Estamos ante un gran plano general en el que vemos un campo con muchas flores amarillas. Un hombre con el pelo engominado y canoso, que lleva una túnica blanca inmaculada y un colgante con un medallón metálico con un corazón en relieve y unos auriculares también blancos, baila sin parar con las manos en alto, en slow motion. Entonces pasamos a un plano secuencia: la cámara sigue al Hombre Misterioso a sus espaldas. El hombre llega a una cabaña y sube al porche; en el porche hay una pareja de adolescentes morenos vestidos como paletos texanos, y el chico estaba en ese momento pasando la mano por la entrepierna de su novia, y dicha entrepierna estaba brillando. El Hombre Misterioso Que Llegó En Nombre Del Amor los contempla un momento. Pasamos a un primerísimo primer plano, y en pleno estribillo de la canción, los labios del hombre recitan el tema: parece que está escuchando dicho tema con los auriculares. Pasamos entonces a un plano medio, y podemos contemplar como el hombre pasa sus manos por las cabezas de los enamorados y en un momento ambas cabezas revientan con una explosión gore. El Hombre Misterioso Que Llegó En Nombre Del Amor sigue bailando con los brazos en alto, en slow motion, y se va de la cabaña dejando los cuerpos sin vida de los adolescentes. Mientras sigue la música, la cámara se acerca y enfoca a lo que queda de las cabezas: una masa de carne destrozada y llena de sangre. En el lado inferior izquierdo de la pantalla aparece el título del tercer y último capítulo de la obra, en letras góticas rojas):

(CONTINUARÁ)

What lies beyond the Sun

“It’s a filthy world”

The world according to Takeo

by Takashi Nemoto

 

1- Hail the Lord of Snakes (half a slayer)

Are you a man or a coward? Now we’ll see. Ok, let’s just…remember the three steps before you begin: one, never fail the stabbing, pure blood and delicious tones of dead flesh, two, dismembering is the best way to ensure you an easy body-flapping (scenes of appalling ants who were once humans -now decay above all of them, condemn me to suffer, condemn me to hurt and feel with no regret), and three, remember always pray for the advent of the Sacred Lord of the Snakes, whose albino scales shine with the Sun, and make the houses of poor people whiter, though not richer.

Son, remember always that the Sun wants us to kill. He’s our master, and as the light that he cast to us is ours, then our crimes will vanish to he space -they will be his crimes, they will be his murders and his sexual abuses. So, all that we do today is for the Sun. Could you imagine a Sunless country, son? Dark fields where no one see anything, where mean creatures dwell. Yes, son, it’d be a lawless jungle, as it was in the old times.

Now what about that? You’ve murdered him. You’ve murdered your teacher, he whom you love so much. You’re now a cruel thing born of the Sun. Now you deserve to be my son, son of your father, son of the Great Pale Star. Yeah, and you’ll always be mine, and blood will always be your partner in life. For life is badass, and you know you’ll have to get used to it. Better kill than to be killed. Better catch than to be caught. Better fuck than to be fucked.

2- Fifty dead children (Say with me: “I’m-not-your-entourage”)

Please Master have mercy. I know I have not prayed all that I should have, but I believe in you, and I know you help the ones who need you. Please, don’t abandon me, please, cause you’re all that I have now. For everything I have known in my life, it’s gone. You’re the altar whose pale wings I want to embrace me. I want your scaled body to be around me, to overwhelm me; to suffocate me.

What? You want a list? Ok, that shouldn’t be difficult. You… you want to know all about me, right? Well…let’s go… The first one was called Abel, he was 10 years old, and I was 8. I crushed his head with a bowl of petunias from my balcony. The second was Oli and I hit his body to death with a walking stick in the mountains because he didn’t shut up. The third was Dan, and I discovered that he wasn’t fireproof. A fourth was called Isaac, and I put a bullet into his right eye. The fifth was stabbed five times with a fork and I can’t remember his name. The filthy Gallardo twins were drowned in mud, they were bastards. The eight kid was called Benigno and I sentenced him to death by tellling him that I had killed his dog: then he committed suicide. Gael was my number nine, that’s why I painted a on his forehead and I killed him with a shotgun. God have mercy. My first two figures murder was a kid named Bartolo, and I killed him with a lamp because a lot of people told that he seemed like me, and it must be no one like me, for I am filth of the world and Sun itself. The eleventh boy was Eloy and I made him eat puchero until death because I hated his name. There was a number 12 but I only remember rain and dark, maybe in the woods but I’m not sure at all. I killed the thirteenth in the woods, that is pretty sure. I hanged him on a tree, he was called Jan. The fourteenth was called Shinji and I decided to kill him because he had the name of the main character of NGE, and I hated that character. The fifteenth was Hermenegildo. I manipulated him until the speed overdose and he ended up jumping from a cliff. Cool. And so go on… until fifty…fifty dead children that I carry with my soul.

But my soul is all yours, Master. I’m your entourage. I’m your vices and faults, I’m your glory and pride. I’m your light, for I’m all light.I…am not your entourage, for I am you. I am all that you always wanted to be. You…are all that I always needed. Your light, your senselessness and your dishonor. For I will be ready to kill the entire world when you tell me, Master. I will be ready to conquer and massacre, to reduce and subjugate. I will be the blade, and you will be the hand.

3- Apapachoa men (And just when you thought that things couldn’t get weirder)

Embrace me with your soul, Master. The time has come for me to leave my mark in the universe. Your red scales will cast the necessary light to me, just enough to see through your albino eyes. I will be giant. I will be pure. I will be light. And I will apapachoa the world with my “light-of-everything” wings. I will be titanic. I will be crimeless, forgiven, pure. I will be light.

And what then? Crushed ants, everywhere fire, ash above the skies and the Heaven gets besieged. What then? What if your red scales have nothing to cast his light to? Then it’ll be the second advent of Great Duck-Silhouetted Gerardo, the one who sniffs paradigms, and with the vast power of Creation, he will reduce all of us to tragedy and gore. What then, Master? Have you planned it yet? What if I destroy the world with my pale and sincere apapachoa? The ground would be the skies and the stars would be missiles from the space, and your light would be purifier swords of flame. It’d be a dance of planets until there’s nothing to gaze at. Gorgeous. But also boring. What about the Moon? Do you know that there’s a secret killer-clowns clan based in the underground of the Moon? Do you know the battles of the selenites? Would the Moon help us in the Final Battle?

You know I love you, Master. I love you with all my heart and I embrace you with my soul. But sometimes you’re wrong, and I get scared. But light shall not get scared. Light may not get scared. Light shall conquer everything. You, Master, and me. The Sun and the infinite pity of filth. The time has come for us to leave our mark in the crappy universe that is so full of darkness.

May there be light. May there be fire. May there be my Albino Master.

Caja-laberinto

(Inspirado en hechos reales)

Primeros dos minutos. Desesperación, traición, la destrucción de la Tierra

Oh Dios, juro que si pudiera destruir la Tierra entera ahora, si me ofrecieran un simple botón, rojo, por supuesto, que desintegrara todos los continentes y los redujera a polvo y tragedia, lo pulsaría sin pensármelo ni un momento. Pero, ¿a quién se le ocurre cambiar de aula la clase de Pensamiento crítico sin avisar más que por el campues virtual, que no mira nadie? Hay que tener mala leche, desde luego. Sobre todo teniendo en cuenta el número considerable de pasillos que se desdoblan, puertas falsas, gente rara y caminos paralelos por el techo.

He llegado a la universidad a las 12:28 y la clase empieza a las 12:30. Soy una persona de letras, así que si mis cálculos no me fallan, y es muy probable que lo hagan, me quedan dos minutos para atravesar el laberinto de pasillos y patios que supone la universidad; sin migas de pan, sin hilo dorado; solos mi mochila y yo. Y mi expresión de pánico cuando encontré al vagabundo con su Collie mendigando en el segundo patio. “Esto se está poniendo raro”, pensé. “Será mejor que busque la clase por mí mismo, ya que está claro que mis amigos me han traicionado y se han largado por su cuenta”. Traición, ¿hay algo más insípido y transparente? Seguro que si tuviera un olor, sería el del formaldehído.

Subo las escaleras junto a la cafetería exactamente a las 12:28’34”, ¿y qué  encuentro? Encuentro la clase que yo esperaba que fuera la de Pensamiento crítico ocupada por unos alumnos de historia. “Genial, no tengo ni puta idea de donde es la clase. Me toca perderme por los pasillos con… un minuto y medio de tiempo para encontrarla”. ¡Y menudo follón! ¡Nunca habría imaginado lo del lodazal en el quinto piso! ¡Ni siquiera habría imaginado que tiene un quinto piso! Desde luego, esta universidad está aún llena de confusos secretos para mí. Bien. Subo las escaleras, encuentro la clase ocupada por los alumnos de historia, ¿y qué encuentro en el pasillo frente a las escaleras, a las 12:29’02”? Encuentro un cubo: una caja de madera cúbica con símbolos extraños que apenas sabría describir, pero lo más extraño es que creo que eso fue lo que lo empezó todo. La miro pasmado durante al menos medio minuto. Es medio minuto de búsqueda perdido, lo sé, pero algo me atrae hacia ella. Y es ese momento extraño del que hablo, cuando la toco y siento la inexpresable sensación de que un efecto espejo se derrama por todo mi alrededor, ese es el momento que creo que lo empezó todo. No puedo explicar por qué, no sentía ninguna diferencia, pero aun así sentí que todo estaba al reves. Y cuando intento bajar por las escaleras, veo que no hay escaleras por las que bajar, solo un estanque de carpas japonesas. “Bonito”, pensé. “Pero es casi la hora y no tengo ni idea de qué hacer con mi puta vida”.

Los diez minutos después. Una carpa parlante, un doppelganger, la aniquilación de todas las cigarras que existen

Son las… 12:31’20” y aún tengo la vaga, muy vaga esperanza de encontrar la clase y no perderme Pensamiento crítico. Son las únicas clases decentes, y además cuenta un poco para la nota. El profesor siempre llega tarde, así que aún tengo un par de minutos. Así que me dispongo a emprender la búsqueda. ¿Y no va una de las carpas del estanque que se acaba de materializar delante de mis narices y me chista? Vivimos en un mundo de malencarados, por supuesto. La carpa me dijo que se llamaba Reginaldo, y que estaba buscando la forma de salir de allí; que si le podía ayudar; que luego contaría con su ayuda incondicional para lo que fuese. “¿Y para qué carajo iba yo a necesitar la ayuda de una carpa parlante?”, le dije. Vivimos en un mundo de auténticos malencarados. Y marché por el pasillo, asqueado por la forma en que esa preciosa carpa roja me había chistado y luego pedido ayuda ofreciendo a cambio humo. Me rio un poco de la situación. Luego recuerdo mi situación, miro el reloj y veo que son las 12:32’30” y maldigo a esa asquerosa preciosa carpa por entretenerme tanto. Deseo por unos segundos tener una barbacoa plenamente funcional a mano, luego me ato los cordones y me doy cuenta de que estoy andando por el techo.

Noté que estaba andando por el techo cuando vi que las puertas tenían un raro escalón alto para entrar, y que la puerta terminaba ciertamente en el techo; luego vi una lámpara que contradecía las leyes de la gravedad, a mi altura, y me convencí. “Estoy andando por el techo. Debería arreglar eso”. Así que abro rápidamente una puerta, ya me da igual el decoro o la puntualidad: lo que quiero ahora es salir de aquí, joder. Encuentro que la puerta da a un pasillo desdoblado. Escojo la opción de la derecha. Encuentro unas escaleras hacia abajo. Las escaleras dan a otro pasillo, pero ni rastro de patios o cafeterías. Abro otra de las puertas y contemplo totalmente traumatizado como otro yo ha abierto la misma puerta, una puerta doble. Apenas nos da tiempo a mirarnos. Cerramos al unísono de un portazo y continuamos corriendo por el pasillo, creo que por en direcciones contrarias, por el sonido decreciente de sus pisadas. Sigo corriendo, como no me apetece abrir más puertas, corro hasta que veo que no hay más opciones: el pasillo acaba en una puerta de frente, grande y plateada. La intento abrir. La abro, de hecho, pero no encuentro nada al otro lado más que ladrillos, una pared sin pintar. “Conque esas tenemos… pues a la mierda, abriré cualquier puerta”.

Eran las 12:38’57” cuando abrí la puerta a la derecha de la puerta falsa plateada y grité como una niña de nueve años. Por supuesto que ya no tenía esperanzas en encontrar la clase. “Bien, concéntrate en salir de aquí. Lo demás ya no importa. Y encuentres lo que encuentres al otro lado de esta puerta, no empieces a gritar como una niña de nueve años”, me dije, pero ¿cómo no gritar ante tal espectáculo? Lo que encontré fue a un hombre vestido con un traje ignífugo naranja, casco y gafas de herrero a juego, que con un lanzallamas incineraba una nube de cigarras que parecían continuar brotando de la nada. El hombre reía fuerte y alto como un loco adicto al crack. Tenía a su lado el mismo Collie que el vagabundo de abajo. Decido, en un rapto de genialidad, preguntarle por la salida a ese grillado armado. “En fin, he tomado decisiones peores desde que estoy despierto, ¿verdad?”, pienso. Y le pregunto por la salida, y me dice que tres puertas más a la izquierda, que diga que voy de parte de Tommy Makepeace. Me dice que Tommy Makepeace no fue siempre Tommy Makepeace. Que se llamaba Thomas O’Connor hasta que su cerebro no dio de sí y se jubiló por culpa del abuso de drogas. Entonces, los padres de Tommy, médicos de profesión, le practicaron una saludable lobotomía frontal y lo dejaron vagabundear por las calles de Cádiz, feliz con su perro, que era su mejor amigo. “Desde entonces Tommy Makepeace es feliz. Tommy Makepeace solo desea la aniquilación de todas las cigarras que existen. Fue idea de la carpa roja. La carpa roja es muy sabia e influyente”. Una gota de frío sudor recorre mi frente, bordea mi rariz y atraviesa mis labios velozmente. Luego la siguen otras muchas. “Algo me dice que no debería haber ignorado a esa carpa”, pienso.

Los últimos treinta y siete minutos. El pasillo interminable, gente furiosa con escopetas, tinto de verano y olor a agua salada

Así que decido enfrentarme a mi destino y abrir esa puerta. Subo el escalón de cristal de medio metro y abro hacia fuera. “¿Ha pedido cita con el señor?” Niego con la cabeza. No tengo ni idea de quien es esa recepcionista con esa cara tan peculiar y alegre como la tipa cantarina de la serie Raising Hope. “No importa, el señor estará aburrido y encantado de atenderle. Adelante”. Y una puerta se abre tras ella. Y por alguna extraña razón salgo corriendo hacia la puerta, la travieso y sigo disparado por lo que me pareció un pasillo que no tenía fin. Vi un lodazal apestoso junto a unas ventanas cerradas con pestillo, miré a través de ellas sin dejar de correr y parecía que estaba en un quinto piso, pero la universidad solo tiene tres. Encontré al fin algo parecido a una puerta, sí, pero después de treinta y cinco minutos y medio corriendo sin aliento, sin parar ni un segundo. “Tengo que salir de aquí. Tengo que salir de aquí. Tengo que despertar de esta locura”.

La puerta, o trampilla, que encontré a medio esconder bajo la alfombra (aparentemente interminable también), me pareció lo suficientemente sucia como para convencerme de que no era el camino que debía recorrer para encontrar a la carpa, o a quien fuera que me pudiera ayudar a salir de allí. Así que me metí por la estrecha trampilla, y a través de un angosto túnel, llegué a una habitación enteramente plateada, sobre la cual flotaba una masa de agua cilíndrica en la que nadaba una carpa roja. La reconozco, sé que es Reginaldo, y que está molesto conmigo. Se lo veo en sus ojos. Me chista. Me quedo callado. Me vuelve a chistar. Sigo callado. Es el instinto de supervivencia, puede que el hombre que me apunta con una escopeta a escasos dos metros de mi persona, y que lleva una camiseta que dice ODLANIGER A AIROLG (en ese momento empecé a pensar que realmente estaba en un extraño mundo-espejo, luego pensé en mentir a la carpa diciéndole que era vegano a ver si colaba) piense en apretar el gatillo si a mí se me ocurre la idea de abrir la boca. Una situación muy tensa, desde luego. Así que como no me gustan las situaciones tensas, se me escapó un cuesco. Lo que viene a continuación fue cosa de un par de segundos: el hombre de la escopeta se tapa la nariz con una mano y bufa. Aprovecho ese momento para golpearle en la cabeza con el codo y robarle la escopeta, que por suerte estaba apuntando hacia él en el momento del forcejeo. Aprieto el gatillo y la carpa roja de la camiseta del hombre se enrojece aún más. Me doy la vuelta. Disparo varias veces a la masa de agua y noto como se vuelve roja. “Sí, su puta madre, le he dado”. Y salgo corriendo y me deslizo rápidamente por el túnel por el que entré, que volvía a ser una trampilla en el suelo, y no en el techo, que es como estaba antes. Sigo deslizándome y noto como las paredes del angosto túnel se separan cada vez más. Ya no me hace falta apoyarme en nada para bajar. Me suelto de las paredes rocosas y me entrego al vacío, a las 13:17’03”.

Caigo por las escaleras junto al primer patio de la universidad, a las 12:31’40”. “Menudo talegazo”, pienso. Al levantarme, le pego una patada a una caja cúbica de madera que encuentro en el suelo. Y luego veo fascinado como el patio está lleno de gente, entre ellos mis amigos. Uno de ellos lleva una sudadera que dice MURDER, y no REDRUM. Veo que por fin he encontrado la salida. Me he encontrado a mí mismo. Puede que todo haya sido una alucinación momentánea, al fin y al cabo, he dormido muy mal esta noche. Me rio un poco, no muy alto para que no piensen que estoy majara. Les pregunto por la clase de Pensamiento crítico. “No, hoy no ha habido Pensamiento crítico, ¿vienes a tomar algo?”. Me rio muy alto. Deben pensar que estoy como una cabra.

Ya en La Caleta, pedimos tinto de verano y unas tapas de pescado. Nos sirven a Reginaldo con una salsa deliciosa. Nos lo comemos en pocos segundos. “Tan influyente no sería si iba por ahí chistando a los desconocidos y no ha podido impedir que lo frían y acabe en mi tripa”, pienso, frotándome la barriga con satisfacción. Doy un trago al tinto, inspiro el embriagador aroma a agua salada. “Oh, ¿hay algo mejor que vivir completamente perdido?”, me pregunto. “Chsssst”, me dice mi barriga.

FIN.

 

The three caballeros

“Juan Jose Travolta destaca/

en San Jose de Valle/

por meritos propios/

y las gentes los envidian/

y le llaman loco/

pero domina barios campos/

y profeta en su tierra comico divino”

Escritos en la estación

de autobús de Jerez de la Frontera.

Anónimo.

Prólogo: Larry, el visionario

Es el ejemplo de como en un puto segundo, por culpa de una decisión chorra que has tomado a la ligera y de la que ahora se supone que te tienes que responsabilizar, toda tu vida tal y como la conoces se resquebraja y derrumba hasta quedar en nada. Había abierto la puta caja de Pandora de las miserias y los terrores; había desencadenado un efecto dominó de desastres sobrenaturales y genocidios sin sentido. Pero por suerte, él no lo sabía; Tristán nunca lo llegaría a saber. Él no había tenido toda la culpa, claro: eran tres, y el arrepentimiento homicida debe dividirse a partes iguales. Pero fue él, Tristán, quien se fijó en la apertura de la cueva en las fallas de aquel acantilado. Su monomanía le permitió, como en tantos otros momentos de su vida, ver cosas que al ojo humano ordinario normalmente se le escapan. Sí, fue Tristán el que los empujó a explorar la cueva. Era julio y hacía el típico calor de tres pares de cojones que invita a la vagueza más absoluta. Pero encontraron aquella cueva, detrás de los acantilados, y qué iban a hacer, ¿dejarla allí sin más? No, estos chicos, nuestros protagonistas, tenían alma de exploradores, de soñadores. De vividores. Y además no tenían ni idea de que sus actos despertarían la ira de una entidad primigenia, omnipotente y destructora cuyo único objetivo en la existencia era aniquilar toda vida impura en la Tierra. Eran Tristán, de quince años, John, de diecisiete, y el mayor de todos, Chlöe, de veintiún años. Se conocían prácticamente de toda la vida y se hacían llamar Los tres caballeros.

Según les dijo más adelante, su forma primitiva no era más que una luz cegadora, pero para ellos se llamaba Larry, y era un negro engominado y con un traje de chaqueta blanco impoluto. Era un visionario, sin duda; un hombre adelantado a su época. Ellos tan sólo entraron por la grieta oculta a aquella cueva con pinta de no haber sido transitada nunca. Hic sunt dracones, ¿puede haber algo que provoque más curiosidad en unos exploradores que esas palabras? Y entonces el chispazo. Y entonces Larry, simplemente Larry. El negro traía consigo un báculo plateado con un rombo negro en la punta. La entidad golpeó con el báculo el suelo rocoso, y del lugar donde lo golpeó brotó una pequeña caja, la caja se abrió y de ella salió una bellísima mujer desnuda, que en un par de segundos estalló en mil pedazos, y sus tripas e intestinos flotaron en el aire, y se convirtieron en serpientes que ahora reptaban por ese aire, y las serpientes vomitaron otras serpientes, y estas acariciaron e hicieron cosquillas a Tristán, John y Chlöe. Por fin, las serpientes se dirigieron a la boca de Larry, que se tragó algunas, chupándolas como si fueran fideos, y se dejo dos de ellas sobre los labios; estas serpientes se convirtieron en cigarros, y Larry se los encendió con una llama de fuego que salió del dedo índice de su mano.”Es más espectacular y dramático que sacarlos directamente del paquete de Camel, ¿no creéis? Bueno, no hace falta que preguntéis nada, yo me ocupo de explicároslo. Mi nombre es Larry, estoy aquí para ocuparme de destruir el planeta Tierra cuando sea necesario. Pero eso no viene a cuento. Lo que sí os concierne es que llevo aquí mucho tiempo, solo y aburrido, y ya que habéis hallado mi escondrijo, estoy dispuesto a hacer realidad vuestros deseos. Uno a cada uno, eso sí. Soy omnipotente y estoy aburrido, no soy la maldita Madre Teresa de Calcuta. Así que pensáoslo bien y tened en cuenta las consecuencias que…”. “¡Yo deseo vivir en el culo de Eva Green!”, gritó Tristán, cuya monomanía le había provocado desde hacía años una obsesión malsana con el trasero respingón de la conocida actriz. “¡Yo deseo visitar la Luna!”, gritó John sin pensar, pues su sueño desde niño siempre había sido convertirse en astronauta, si es que no le mataba antes su adicción al tabaco Lucky Strike. ¡Yo como persona deseo no sufrir más cuando me arranque los pelos de la nariz!, gritó por último Chlöe, que tenía muy claro que su mayor deseo en la vida era deshacerse de ese horrible dolor cada vez que se preparaba para maquillarse, travestirse y salir a tomar una copa los sábados por la noche; pero Larry estaba tan ansioso tras haber escuchado los dos primeros deseos que ni siquiera oyó al completo la absurda petición de Chlöe. Sólo escuchó las palabras “Yo”, “persona”, “sufrir”, “pelos de la nariz”. Y claro, como es normal, la entidad hizo sus propias suposiciones. “Bueno, si esos son vuestros deseos más profundos…” -suspiró Larry, aún alucinando porque la gente normal suele pedir la paz mundial y no ir a la Luna o vivir en el culo de una famosa actriz- “…los haré realidad inmediatamente. Creo que me voy a divertir un rato, al fin”. Y chocó sus manos creando una luz cegadora. Desaparecieron los tres dejando solo un humo verde que ascendió a las paredes rocosas lentamente, como el humo del tabaco Lucky Strike, pero verde. Larry estaba contento, pues tenía el poder para contemplar cómo se las apañarían en sendos contextos. Iba a estar divertida la cosa, por fin tantos siglos de tedio esperando la completa destrucción del planeta le darían un respiro.

Primer deseo: El asalto a la mina maldita (Un western alegórico)

El carromato corría como si fuera llevado por demonios verdes con cabeza de cabra en lugar de por caballos. Había abierto la puta caja de Pandora de las miserias y desgracias sin fin. Tristán se las había apañado él solito para destruirle la vida a su hija de cinco años, Petunia Rozenblak. Él era el Sheriff de Glandecito Post, y es cierto que quizá no le dedicaba todo el tiempo necesario a su hija. Habían vivido ellos dos solos en la granja de Bitches’ Hope desde que su amada esposa Irina murió en las minas. Y ahora era allí donde esos bastardos de los hermanos McQueso Gutiérrez tenían presa a su hijita: en las profundidades de las temidas minas malditas de las afueras de Shits Landing, donde se dice que se puede entrar pero nunca se ha visto a nadie salir. De hecho, la naturaleza quiso dotar a estas minas de una belleza sobrenatural: la cueva subterránea se encontraba a medio enterrar, eclipsada y oculta bajo tierra negra por las dos montañas más redondas y perfectas que nadie podría jamás soñar. Un paraje caprichoso y fantástico. Allí fue donde llevó a su esposa de viaje por su aniversario. Allí fue donde, hacía ya tres años, perdió a su esposa por culpa de un derrumbamiento provocado por los Extraños. Allí fue donde nunca encontró el cadáver de su amada esposa. Allí será donde encontrará el cadáver de su hija de cinco años, que no tiene ninguna culpa de que su padre sea un sheriff incompetente al que le interesa más su propio orgullo que el bienestar de su única hija.

Estas cosas rondaban la cabeza del Sheriff Tristán mientras su carromato se dirigía embalado a las afueras de Shits. Incluso atropelló a algún pobre bisonte por el camino. Sólo se permitió un par de minutos de tranquilidad cuando la monomanía, que le había acompañado durante sus cuarenta y cinco años de vida, le hizo fijarse en la extraña forma de un árbol, que diríase que parecía más un pelo del culo. Tonterías, Tristán, solo piensas tonterías, y mientras puede que hayan abierto a tu hija en canal como venganza. Ah, sí. Casi se me olvidaba lo de los McQueso Gutiérrez: Loplop y PeppaPig McQueso Gutiérrez se la tenían jurada al sheriff de Glandecito porque este no les permitía cambiarse el nombre legalmente. Al parecer la madre de los bandidos estaba poderosamente drogada cuando les dio el nombre, y ahora se tenían que aguantar porque ningún sheriff de ninguna ciudad les tomaba en serio, solo se cachondeaban de ellos de mala manera. Así, se hicieron criminales porque no les quedaba otra, y al ser Tristán Rozenblak el último sheriff que les había negado su derecho a la dignidad, fue sobre él que cayó el peso de la ira de los hermanos McQueso. Y ahora debían morir. Debían sufrir y pagar por sus actos. Desde luego eso pensaba el bueno de Tristán mientras cargaba su Winchester y sus dos revólveres y se colocaba cartuchos de dinamita por todo el cuerpo.

Llegaron por fin a la mina. El paraje era tan bello como lo recordaba hacía tres años. Las montañas que lo bordeaban tenían una forma perfectamente redondeada. El sheriff cogió el cartucho que tenía pegado a la pierna derecha, lo encendió y lo lanzó a la apertura medio enterrada de la cueva, justo en la pared rocosa que se levantaba sutilmente entre las dos montañas. Sonó una fuerte explosión, aunque a Tristán le pareció más bien el sonido de un fuerte pedo. Llevaba todo el día pensando tonterías, no se centraba, y mientras su hija corría peligro. Entró rápidamente, escopeta en mano junto con otros tres sheriffs amigos suyos que no habían dudado en acompañarle; Tristán tenía amigos en todas partes, desde McFarlane’s Butt hasta Mierdarrosa. Recorrieron los pasadizos acribillando a balazos a cada bandido del séquito de los hermanos que encontraban. Uno de ellos alcanzó a Tristán en el cartucho de dinamita de su brazo izquierdo, y lo hizo estallar a él y a parte de los cimientos de la mina. Salió vivo gracias a que los cartuchos que él se había colocado en el cuerpo tenían menos pólvora de lo normal, pero aun así, nada más apretarse el torniquete improvisado que se había hecho con la ayuda de sus colegas, su primer pensamiento serio fue una intensa duda de si había hecho bien cubriéndose de explosivos el cuerpo. Siguieron caminando y matando hasta que se encontraron en el típico final de las minas en donde el malo del videojuego esconde a la chica en apuros. Allí estaban, Loplop llevaba una gabardina de cuero marrón llena de arrugas, y PeppaPig, un poncho comido de mierda al más puro estilo spaguetti western; Petunia Rozenblak llevaba el semblante atemorizado de una chica en apuros cuyo padre sólo piensa en su orgullo y en pelos del culo y pedos sonoros. Y el Sheriff Tristán llevaba el cuerpo cubierto de sangre y dinamita y apuntaba con la Winchester que sostenía con su único brazo al malvado Loplop. En un momento, todos sacaron sus armas, y los seis estaban a punta de pistola. Reinó el silencio, solo roto por los incesantes latidos de los corazones llenos de adrenalina de unas personas que saben que están en la puta cuerda floja, latidos que, gracias al eco de la cueva, retumbaban y se multiplicaban. “Devuélveme a mi…” -pero Tristán Rozenblak no pudo terminar de articular su demanda. Las paredes y el mismo techo de la mina de Shits Landing empezaron a derrumbarse. Como si fuera una cúpula esfinteriana, el techo de la cueva se abrió bruscamente, y dio paso a los Extraños. Siempre hubo escépticos, puesto que nadie había sobrevivido cuerdo a su ataque para contarlo con palabras que se puedan entender. Lo que vieron los hermanos McQueso Gutiérrez, Tristán, su hija y los compadres del sheriff fue sin duda un acontecimiento difícil de explicar. Una especie de platillo volante cubierto de pelo casposo y rizado, del que colgaban dos bolsas peludas en las que se decía que encerraban a los prisioneros, se acercó a la apertura de la cúpula derruida de la cueva, y entonces, uno de los Extraños, una oruga rosa gigantesca salida de otra galaxia, cargó contra ellos. Huelga decir que el impacto recibido, unido a la explosión acumulada de once cartuchos de dinamita, los hizo estallar a todos y morir en una mezcla de sangre blanca alienígena y tierra negra sospechosamente apestosa. Se me ocurre que no es la forma más bonita de morir…

Segundo deseo: Eclipse lunar

¡Ese maldito bastardo de pelo azul y alborotado le estaba estrangulando! ¡Maldita sea, John, haz algo! No, ya era demasiado tarde, le tenía bien cogido. Oh, no… maldita sea… Se la había buscado él solito. Él y solo él se las había arreglado para abrir la puta caja de Pandora de las congojas y desgracias ilimitadas. Y ahora, un maldito asesino disfrazado de payaso y maquillado de una forma muy original y divertida le estaba estrangulando con sus propias manos mientras contemplaban la corteza terrestre desde la Luna. En qué pensarán, cómo les irá la vida a esos siete mil millones de seres independientes que… Apenas tenía tiempo de acabar ese pensamiento, estaba muriendo. Despertó por fin. John despertó de su pesadilla, sudoroso, en la Luna, su satélite natal. John… qué… ni siquiera recordaba ya su apellido. Tenía suerte de acordarse aún de su nombre. ¡Oh, hacía ya tantas décadas que su hermana Albina había muerto por un aparente derrame cerebral dejándolo completamente solo, a él y al futuro de su raza! Y ahora sus únicos compañeros eran los cráteres, las estrellas y sus pensamientos solitarios.

Pensaba en el pasado mientras se daba un paseo y contemplaba los milagros lunares como las ruinas de la Cúpula Geodésica, las pieles huecas de lo que parecían unos tentáculos gigantes, la cabaña dentro de la mini-cúpula geodésica con el laboratorio subterráneo… Pensaba en Albina mientras contemplaba todas esas maravillas antiguas de civilizaciones ignotas. Recordaba cómo de pequeños jugaban a pelearse en el laboratorio secreto de la cabaña, y él le tiraba de su hermosa melena pelirroja (por alguna razón desconocida, todos los selenitas eran pelirrojos); recordaba lo bien que se lo pasaban con Madre antes de que se hiciera el harakiri con un montón de perchas puntiagudas del armario porque no soportaba la muerte de Padre. Padre murió de un aparente derrame cerebral. ¿Sería hereditario? ¿Tendría que preocuparse? También recordaba a los abuelos, que tuvieron una historia trágica. Su abuela paterna, Georgina, asesinó a su abuela materna, Juanita, y luego le echó la culpa a un payaso asesino de pelo azul. En venganza, su abuelo materno Aleksandr intentó dar muerte a su abuelo paterno Cyril, pero ambos murieron en el duelo. Poco después, Georgina murió de un aparente derrame cerebral. Pero, precisamente en este corto período de tiempo, la abuela aprovechó la poca voz que le quedaba para relatarle historias sobre sus antepasados a sus dos nietos. Al parecer el padre de Georgina se llamaba Jasón, el mayor de tres hermanos huérfanos. Sus otros dos hermanos murieron tempranamente: Zezil se ahorcó para demostrarle el amor a su enamorada Wanda, que acabó casándose con el otro hermano, Mario Domingo Benedicto. Pero Mario Domingo Benedicto era en realidad un maníaco aseino envidioso de padres que acabó matando a sus suegros, los padres de Wanda: Dorothea y Ubú Jr, mientras dormían. Jasón descubrió el pastel y apuñaló diecinueve veces a Mario Domingo Benedicto, su propio hermano. Y se desposó con la que sería la bisabuela de John: Wanda, que acabó muriendo de un aparente derrame cerebral después de engendrar a Georgina. En cuanto a Dorothea y Ubú Jr., estos vienen de un linaje anterior en el que los selenitas corrían un grave peligro de extinción. Ubú Sr. y Ubú Jr. eran los únicos que quedaban, pero el amor de un padre por su hijo, y el afán de un hombre por que su apellido no se pierda en el olvido de la existencia, es inconmensurable. Así que Papá Ubú se las ingenió, con la ayuda de la tecnología encontrada en el laboratorio secreto subterráneo de la cabaña ruinosa, para construirle una esposa-doncella-robótica a su hijo, una esposa capaz de dar a luz vida humana. Tras años de esfuerzos, lo consiguió, y la llamó Dorothea. Juntos, y después de dos bebés llamados Waldo y Wally que extrañamente murieron por un aparente derrame cerebral a la tierna edad de dos y cuatro meses, lograron engendrar a un bebé sano al que llamaron Wanda. En cuanto a Papá Ubú, que murió dos días después de asegurar el futuro de su apellido y su linaje, por un aparente derrame cerebral, también tuvo su esposa y su historia de amor, claro; tuvo una esposa selenita, y no una cualquiera: Victoria Höll. Un nombre lleno de musicalidad que encerraba un significado especial para él. Pues fue él quien lideró la Batalla Última contra los selenitas, solo por secuestrar y enamorar a Victoria, la hija del Rey de la Luna. En contra de todo pronóstico, Papá Ubú logró la victoria al acabar con las hordas de selenitas con el ingenio de los derrumbamientos de cráteres lunares. Al final consiguió seducir a la que sería la tataratatarabuela de John. Ésta también le contaba historias sobre sus antepasados a su hijo Junior, antes de morir por resbalarse con una cáscara de plátano lunar y partirse el cráneo con una piedra con forma de pene. Al parecer, los nobles lunares venían de una estirpe especial directamente vinculada con la Tierra, que se había mezclado y adaptado a este entorno, pero que los reyes y nobles, que vivían aislados en las ruinas de la Cúpula Geodésica, aún mantenían en su sangre muy orgullosamente. Pues contaba la leyenda que el bisabuelo de Jusef Sardonicus Höll, el único y verdadero Rey de la Luna, y el primero que puso de moda aquello de morir por aparente derrame cerebral, nació de un huevo puesto por una tortuga que, cosas de la vida, tenía la cara de Joe Pesci. Y esta tortuga a su vez nació de un huevo que incubó una mujer humana, pelirroja, que hacía experimentos en un laboratorio secreto subterráneo en una cabaña dentro de una mini-cúpula geodésica en la Luna. Ya más allá de eso, John no conocía nada sobre sus antepasados. Ni siquiera podía recordar su maldito apellido. Sus antepasados estarían orgullosos…

Así que, deprimido como nunca, con el síndrome de Roderick Usher taladrándole el cerebro, se tumbó en el suelo y siguió haciendo lo que llevaba varias décadas haciendo: esperar el maldito fin del mundo. Y para su suerte y total desconocimiento, la completa destrucción del mundo se llevaría a cabo aquel mismo día, 34 de Decembrerën de 2085.

Tumbado sobre una caliente roca lunar, John se sorprendió cuando una chica muy guapa, de facciones casi egipcias, vestida con una túnica marrón y con extrañas pinturas rojas en su cara, se materializó lentamente ante él. No dijo mucho, solo algo sobre “Brenda madre de soñadoras”, o algo por el estilo que John no supo captar del todo. Entonces, la extraña chica se quitó la túnica, la camisa y, completamente desnuda, alzó el vuelo con unas magníficas alas blancas de dos metros de altura y cinco de envergadura. Se precipitaba velozmente hacia la Tierra. John cogió otro Lucky Strike; sabía que ya no iba a morir por eso. Había sobrevivido al cáncer, y al derrame cerebral. Pero luego no encontró ningún encendedor. Espera, si yo nunca he fumado… ¿y entonces por qué tengo esta sensación de mono, y por qué tengo un paquete de Lucky Strike en el bolsillo? Espera…¿cómo demonios…? Pero entonces miró hacia la lejanía y vio a un hombre vestido de payaso con una enmarañada pelambrera azul y un cuchillo de carnicero en la mano derecha; después, miró más allá de la lejanía y contempló la destrucción del mundo: las alas de la muchacha desnuda envolvieron la Tierra y esta se volvió completamente blanca, y momentos después, un rombo negro gigantesco la destruyó por completo con un súbito rayo láser. John desistió de pensar más. Se acabó. Voy a pedirle fuego al payaso. Si sale mal, igualmente espero que Larry sea clemente y destruya también la Luna…

Tercer deseo: Todos los pelos de la nariz del mundo

(Dedicado a D.A., esté donde esté)

Chlöe (diminutivo de Chloröphormus, nombre de varón muy típico en Narizzia IV) no lo sabía aún, pero había abierto (y esto le hizo sentir una especie de extraño Dejá vu) la puta caja de Pandora de las inmisericordes agonías de todos los narizzianos. Vamos, que había cometido la mayor strattatta de su vida (contando con aquella vez cuando aún estaba en la fase catágena y robó una caja entera de smelplux, que para que nos entendamos, tienen la textura de las bananas de la Tierra, pero son rojas, más grandes, de forma apepinada y da la sensación de que flotan en el aire; todo el planeta pensaba que las smelplux flotaban en el aire, pero un científico llamado Anna, diminutivo de Annatheoremma Rozzeldo V, descubrió que los smelplux simplemente evolucionaron de tal forma que sus pedúnculos se volvieron invisibles para hacerlos aparentemente inaccesibles a los ojos de los mucosos; los mucosos no son más que perros hiperpeludos e hipermucosos que si te pillan te sacan los intestinos a bocados y te devoran las entrañas hasta que estén saciados y tú, más que muerto; volviendo al tema, la strattatta que había cometido Chlöe era más gorda que aquella vez que robó una caja entera de smelplux a un mercader gitano y éste le persiguió todo el día hasta que le obligó a devolverlos a punta de navaja narizziana) y sin duda la mayor y más sangrienta strattatta de la historia del inofensivo planeta.

Vamos al grano. Narizzia IV es un planeta conocido por atesorar muchas virtudes (sus habitantes están hechos enteramente de cabello, lo cual los hace hermosos y esbeltos a la vista; también es un lugar estupendo para hacer turismo y visitar sus bosques frondosos, sus incontables monumentos al Presidente María Mágica y sus infranqueables montañas de piel resbaladiza; por alguna casualidad inefable, la arquitectura de todo el planeta estaba inspirada en la Italia barroca terráquea; también, y de esto fardan mucho, es el planeta conocido con mayor uso del paréntesis en toda la Vía Láctea), pero también algún que otro defecto (por ejemplo, a mucha gente le parece tedioso tal sobreuso del paréntesis, y muchos seres de planetas vecinos creen que los narizzianos toman demasiados rodeos y no van al grano; esta creencia les viene de muy lejos, de hecho, desde la 37954ª Reunión Trimestral del Universo Para Comprobar que Todo va como Dios Manda; entonces fue cuando un narizziano dio el discurso de apertura, alargando la reunión tanto tiempo que se juntó con la 37955ª, y todos los seres del universo decidieron al unísono que, si querían que todo fuera como Dios manda, más les valdría confiar los unos en los otros en vez de hacer quedadas cada tres meses esfinterianos, que son como cinco años en tiempo terrestre, y así es como se disolvió la Organización de Alienígenas Unidos por la Paz, y medio universo les echó la cruz a los narizzianos). Chlöe también albergaba muchos defectos, y su tendencia genética a andarse por las ramas le había hecho perder aquel mismo día su trabajo (Chlöe se había dedicado toda su vida a vender cavernas de lujo, pero era tan pesado y su voz tenía un tono tan monótono que a los mismos narizzianos les resultaba tedioso, así que después de un severo amontonamiento de quejas de clientes que, redactadas en papel con un tamaño de fuente 8 y sin doble lineado, ordenadas en archiveros de tamaño considerable, ocuparían tres plantas de diez metros cuadrados de la Caverna de Organización Fiscal General, le dieron el equivalente narizziano al finiquito, y le despidieron sin siquiera decirle “Muchas gracias por su dedicación”). Tenía esposa y una hija (Alejandro, el amor de su vida, y Mario, su pequeña princesita peluda, que aún no era más que una fina estructura lisótrica al inicio de su fase anágena), ¿qué iba a hacer ahora? Ni siquiera se atrevía a llamar a la pared rocosa de su caverna y darles las buenas nuevas (no es sarcasmo, por alguna razón desconocida, en Narizzia IV el significado de “buenas nuevas” se entiende por el de “una monumental strattatta“) a su familia. Qué desperdicio de narizziano. Qué parodia de narizziano. Eres un intento infructuoso de narizziano, Chlöe. Eres un pelo de la nariz que sobresalía feo y asqueroso y el dueño de dicha nariz se ha desecho de ti. Eres… patético. Todos estos pensamientos convulsos se mezclaban en la mente peluda de Chlöe, así que se decidió por lo más sensato: llamar a la puerta de la caverna, entrar, dar dos besos a su mujer e hija, y hacer como si nada hubiera pasado. Luego, al día siguiente, ya se ocuparía de volar por los aires la Caverna de Cavernas, su antiguo lugar de trabajo. (Algo que a muchos de los que cuentan esta historia, que ya ha dado la vuela al universo veintisiete veces elevado a otras veintisiete, se les olvida contar, o desconocen, es que Chlöe tenía una malformación mental genética, que le venía por arte de madre y le hacía ver todas las cosas de color blanco o negro; nunca gris; así que si a Chlöe le despedían del trabajo, está claro que su condición mental solo le permitía dos opciones: o bien buscar otro trabajo, o bien cargar violentamente contra sus anteriores negreros asumiendo todas las responsabilidades penales que ello conllevaría, y Chlöe es demasiado perezoso para buscarse otro trabajo).

Aquella noche, Chlöe y Alejandro se reprodujeron por mitosis (con protección, claro, acababan de alumbrar un bebé y sobre todo Chlöe no deseaba otra carga económica, que era así como veía ahora a su pequeña princesita peluda) de una manera sensacional (Alejandro no pudo contener sus gemidos de placer, que oyó todo el barrio, incluida su hija Mario). Inmediatamente después de terminar, Chlöe se hizo el dormido para evitar que su esposa le preguntara por el día (le encantaba hablar después de la mitosis, cosas de hembras narizzianas). Al día siguiente, Chlöe era otro. Se sentía feliz, dichoso, y lo más importante, decidido. Cuando su princesita bajó de su habitación flotante a la cocina, se lo encontró leyendo el periódico (o fingiendo que lo leía, mientras realmente ignoraba el artículo sobre las nuevas carreteras que había construido el Presidente María Mágica y ojeaba por la ventana el edificio en el que tan interesado estaba ese día, la Caverna de Cavernas, que tenía un pórtico lleno de detalles, como un narizziano esculpido en posición pensante sobre varios ángeles y demonios mucosos tocando trompetas). “Por qué miras por la ventana, papá?”-le preguntó su princesita peluda. “Oh, nada. Solo estaba… cotejando el horizonte”. “¿Cotejándolo con qué?”-preguntó la pequeña curiosa y sabelotodo de su hija. “Mi pequeña princesita peluda, ven aquí…”-le dijo su padre, mientras se la subía al equivalente narizziano de las rodillas. “¿Recuerdas cuando…?”. “¿Ya vas a irte otra vez por las ramas? Eres el narizziano más pesado que existe, papá” -le dijo su princesita, y soltó una sonora carcajada narizziana. “Me temo que sí… escucha. ¿Recuerdas hace tres lunas (Narizzia IV posee una luna y media, así que tres lunas son el equivalente a dos días narizzianos, y dos días narizzianos son el equivalente a una semana, tres días, dos horas y cuarenta y tres minutos y medio terrestres) cuando me preguntaste que por qué María Mágica es tan popular, y yo te respondí que porque, cotejándolo con los anteriores presidentes, éste parece por fin un buen narizziano preocupado por su tierra? Tú me respondiste lo mismo que ahora. ¿Cotejándolo con qué? ¡Si es el primer presidente de Narizzia IV! ¡Ha vivido trescientos cuarenta y siete mil años y a ningún narizziano, que sólo suelen durar tres mil años de media, le sorprende en absoluto. Después de esto… ¿recuerdas lo que te dije?”. Hubo una larga pausa de varios minutos narizzianos. “Sí, lo recuerdo. A veces para cotejar algo solo lo tienes que comparar con tus propias expectativas e idealizaciones”. “Pues aplícate el cuento, querida”-le dijo su padre, tajante. “¿Quieres decir que estabas contemplando el horizonte y comparándolo con tu horizonte perfecto?”-le preguntó Mario. “Exactamente”-respondió Chlöe. “Y recuerda que te quiero”. “Muy bien”-respondió la pequeña princesita sabelotodo, y salió sonrientemente de la cocina. Chlöe suspiró profundamente, fue al sótano, llenó de cartuchos de dinamita narizziana su mochila (la dinamita narizziana fue inventada por el célebre científico Anna, aunque como curiosidad, conviene decir que sus primeros usos no se centraban tanto en la destrucción de montañas y edificios como en la realización del suicidio masivo que llevó a cabo el científico, que también formaba parte de una secta destructiva y absurda; Chlöe pensó que sería un alivio para Anna si supiera que ese día se iba a volver a usar para lo que primeramente se planificó: la aniquilación de narizzianos inocentes) y salió de su caverna sin siquiera despedirse de su querida esposa Alejandro (no habría podido seguir adelante con el plan si hubiera tenido que despedirse de ella, la amaba más que a los raviolli de los miércoles por la noche). Por el camino pensó varias veces en echarse atrás: la primera, cuando se encontró con tres mucosos callejeros y tuvo que salir corriendo para salvar su vida (pensó en usar la dinamita narizziana contra ellos), la segunda, cuando se encontró con dos narizzianas, evidentemente lesbianas, besándose en un banco y por alguna razón metafísica que solo una entidad destructiva que habitaba en la Tierra podía explicar, pensó en sí mismo como mujer, y no le disgustó la idea (en este momento pensó en usar la dinamita narizziana para llevar a cabo un suicidio masivo de todo el barrio, y comenzar la siguiente vida con suerte como mujer, pero desistió, ya que, aunque los narizzianos creen firmemente en la reencarnación, ninguno la ha probado aún, y además nada le habría asegurado que nacería como mujer), la tercera y última vez que pensó en usar la dinamita antes de llegar a su destino, fue cuando se encontró con un vagabundo que pedía dinero con un cartel con faltas de ortografía (en Narizzia IV la mendicidad está penada gravemente por ley, y muy mal vista a los ojos de todos), pero de nuevo desistió y siguió adelante.

Al llegar a la Caverna de Cavernas, sintió como los ángeles y demonios mucosos esculpidos en el pórtico le miraban con desprecio, como si conocieran de antemano los hechos que a continuación iban a ocurrir (quién sabe, la madera narizziana tiene propiedades telepáticas si se expone uno demasiado a ella, por eso los habitantes del planeta viven en cavernas; ha habido casos en que narizzianos inocentes y legalmente cuerdos se han vuelto totalmente locos de atar por vivir en una cabaña de madera; cientos de narizzianos, de hecho, han muerto por culpa de una exposición irresponsable a la madera: es digno de recordar que las Undécimas Batallas Narizzianas, que comenzaron porque María Mágica malentendió el uso de la palabra “perjuicio” por el de “prejuicio”, comenzaron en una cabaña de madera narizziana). Entró por el pórtico como el que no quiere la cosa, con cara de presunción de inocencia, y se sentó con su mochila en el vestíbulo de la Caverna de Cavernas (el vestíbulo era amplio y majestuoso, unos smelplux flotaban aparentemente en el aire; las paredes de pura madera narizziana y roca de las Montañas Olvidadas, le intentaban persuadir de que se fuera con su mochila a hacer boniatos, que es el equivalente narizziano a irse a hacer puñetas, pero Chlöe no se rajó).

En otra vida, probablemente, si es que existe realmente la reencarnación, una motera llamada Chlöe entra en un bar y se suena los mocos de la nariz, inconsciente del genocidio masivo dimensional que ha perpetrado con ello.

Epílogo: Larry, el destructor

Era 34 de Decembrerën, amanecía lentamente dentro de la grieta que se había agenciado nada más llegar a la Tierra, donde le encomendaron quedarse hasta que hiciera falta, y destruir el planeta y toda la impureza que albergaba. Qué sabía él de la inminente destrucción del mundo. Sólo se había manifestado unas cuatro o cinco veces durante todos estos millones de años: un par de ellas durante los neanderthales para frenar tanta brutalidad, una vez en un bosque lleno de animales impuros, que casi se le fue de madre y acabó destruyendo toda Europa, y otra vez para destruir Disney Welt, una ciudad de alquimistas y charlatanes. Poco más. Y esa misma tarde, una chica utilizaría el poder mismo de la pureza para destruir todo el planeta, adelantándose a Larry y frenando por completo sus posibilidades de ascenso en el Comité Regulador de Contingencias.

Cuando el negro vio que la cueva estaba resplandeciendo más de lo normal, decidió salir, a sabiendas de que se había manifestado hacía poco tiempo. Contempló como el cielo se volvía puñeteramente blanco, un blanco increíble y cegador, y resopló unas palabras que se quedarían grabadas a fuego en su memoria, y que fueron las últimas palabras emitidas en el planeta Tierra: “¡Hostia puta, se ha abierto la caja de Pandora de las mierdas inmisericordes de la pureza!”. Rápidamente, adquirió una forma más volátil y emprendió el vuelo, decidido a destruir ese maldito planeta de una vez por todas, costara lo que costase. Y luego ya se ocuparía de buscar un nuevo trabajo más acorde con su potencial de deidad arcaica. Sí, tenía un amplio abanico de posibilidades abriéndose ante él. El universo entero se abría ante él.

Pero es un hecho conocido que a los treinta y seis minutos después de destruir el planeta Tierra, que en aquellos momentos no era más que una gigantesca canica blanca, el bueno de Larry murió repentinamente, de un aparente derrame cerebral.