Negros ojos de chimenea

 

Une étoile rien qu’une étoile perdue dans la fourrure de la nuit.

Du rêve, André Breton

 

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De los caminos lácteos

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Siete eran los caminantes lácteo el horizonte negros sus ojos como la época decimonónica.  Cuando llegaron ya se habían ido todas las luciérnagas y el Señor-de-todas-las-cosas había abierto la puerta sin ellos no había más que rabia y dolor. Cuando los Siete atravesaron la puerta marfil y herrumbre por todas partes era demasiado tarde y el Señor-de-todas-las-cosas lagrimeó el Mar de Andalucía. Siempre fue demasiado tarde.

 

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Aserto moluscoide

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La aurora prístina ardía en la yerba como una mozalbeta, los Siete no conocían el lugar, pero sí la rabia y el dolor. El Mar de Andalucía primigenio contenía las lágrimas de todos los sacrificados a los caminos lácteos. El lugar sí que los conocía a ellos. Brotando del mar en cabriolas descontroladas bestias moluscoides se retorcían al albur de la luna en el firmamento manchas blancas los miraban con desconfianza. Las rocas temblaban al ritmo de los anillos de los planetas las estrellas alineadas. El Mar de Andalucía se tragó a sí mismo la puerta se evaneció y al final solo quedó Lola Flores. “¡Si me queréis, irse!”. La semántica venció al fin sobre la gramática. La puerta ya no existía; debían encontrar la puerta.

 

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Bongripper

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Tres caminantes querían caminar por el camino de la izquierda tres caminantes querían caminar por el camino de la derecha el camino central lo ocupaba una serpiente con ojos de rubí. El caminante dubitativo caminó por el camino central los tres caminantes que caminaron por el camino de la izquierda asaeteados los tres caminantes que caminaron por el camino de la derecha calcinados el caminante dubitativo encontró en los ojos de rubí la redención definitiva. La serpiente le enseñó los secretos del incesante ruido la aurora prístina se molestó e hizo danzar a los moluscoides el reptil de ojos fríos volvió a fundirse con la eternidad. Con el alba el caminante harto de errar se tumbó en la yerba y la yerba se lo comió. El camino central resultó ser un camino lácteo.

 

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Desencantado subterráneamente

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El espectáculo secreto un mundo subterráneo negro frío como sus ojos de chimenea. Estaban Gran Papá Alí y Mamma Legba cantando y lagrimeando por la pérdida del fugaz Mar de Andalucía y la puerta dicen que no existió nunca pero los caminos lácteos son inescrutables. Al final todo vuelve siempre a la esperanza y el autoengaño. Seis días y seis noches elación desencantada y el día que hizo siete el hombre de Vitrubio bajó desde la superficie con dos Thompson cargadas colmó de silencio las entrañas de la tierra el espectáculo secreto bajó su telón. El caminante se aburrió porque todo era muy obvio y entonces se dedicó durante dos décadas a buscar la muerte.

 

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Bajo las ruinas del palacio de yerba de Nueva York

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Mucho intentó  y poco consiguió durante una veintena de años porque la tierra no quería su óbito. Él había amado a Mamma Legba miserablemente durante siete días y su corazón atado solo quería reposar y yacer. Su hogar un edificio ruinoso y su voluntad unos ojos cerrados para siempre mas la yerba a su alrededor no hacía otra cosa que recordarle la parte sedante y digna de la vida. En las ruinas subterráneas de Nueva York no había un alma la época renacentista había barrido todo el lugar con plomo y furia simétrica. La Parca Miseria había alcanzado a todos menos al que la perseguía con paso firme y sonoro y un día se despertó entre ratas inmundas descontento sin ninguna razón. Momento de volver a enfrentarse a la superficie después de cuatro lustros aceptar su sino y centrarse en su objetivo: encontrar la puerta oculta tras el quiasmo del alba, salvar a las luciérnagas de su fatal matanza, robarle sus cosas al señor-de-todas-las-cosas. El caminante se tumbó en la yerba como una mozalbeta virgen se tumba sobre su amante y la yerba se lo comió.

 

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Belzebong (Te lancé un hechizo)

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La noche electrizante y la danza electrizante el caminante estaba otra vez en el principio. Siempre estuvo en el principio. El demonio delante de él con una esvástica en el entrecejo: “Yo puedo lanzarte un hechizo y convertirte en Frank Sinatra. Las mozalbetas se te echarán encima y nunca te faltará el tacto de la yerba sobre tu crin”. Rechazar esta proposición solamente propio de un loco el caminante aceptó henchidamente el Duque de l’Omelette descansaba en un lado y la blitzkrieg de fuego conquistó todo. “Bien, pero a cambio me llevaré tu alma en el momento exacto de tu óbito”. La ironía solo se disfruta cuando va servida de un buen Lucifer. Ahora el caminante no deseaba morir y la tierra no quería otra cosa que su inmediata putrefacción el caminante solo deseaba que el señor-de-todas-las-cosas cerrara los ojos para siempre. Cruzó la vagina de fuego y cayó de lleno en el Mar de Andalucía un bergantín le salvó del ahogamiento final cuando el Capitán Mr. Bong le lanzó una mirada de piedra de soslayo en la bodega del bergantín estaban todas las luciérnagas.

 

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Y las luciérnagas traen la matanza

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Como con dientes de pólvora las olas rompían en la fragua del dios de los océanos sin pensarlo dos veces el Capitán Mr. Bong intentó dar muerte al caminante las luciérnagas brillaban neón malsano. Aprovechó el caminante el bravo oleaje y lanzó al mar a Mr. Bong tornó este en morsa y se frotó la panza antes de volverse pudin incomible a través de la diabólica turbina. Navaja en mano el caminante sabía que todos los marineros debían ser sacrificados al Mar de Andalucía quizás si tuviera suerte tornas cambiarían los siete tenían otra oportunidad el caminante pasó a todos los marineros a su manera por la hoja del cuchillo mientras dormían el barco entero brillaba sangre malsana. Rumbo a la puerta el mar no podía desaparecer un camino lácteo de emergencia lo atajaba en la serenidad del palacio-de-todas-las-cosas y la puerta aún no se había convertido en Lola Flores los siete caminaban aún por el desierto y él podía darle la vuelta. Sin dudarlo un segundo tomó el atajo de Mondo Weirdo sus ojos brillaban matanza malsana.

 

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Mondo Weirdo

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Días de ocio en Mondo Weirdo donde no existen Netflix ni los torrent nadie echa de menos la ficción solo existe la blanca decadencia de los parques y jardines los jóvenes cimbrando y fornicando por la yerba omnipresente. En Mondo Weirdo todo el mundo es feliz el problema mortal por eso nadie sale nunca del monolito hueco que sueña desesperación a bostezos encantadores. El caminante fue sitiado por la realidad tres semanas a punto de sucumbir para siempre al sueño consciente de un mundo raro e inmisericorde y recordó la trampa del ruido incesante. Según las enseñanzas de la serpiente de ojos de rubí se ahorcó con una soga a punto de morir profirió tres alaridos gargáricos el pegamento que le unía a la madre tierra se insonorizó y el caminante ya no caminaba emprendió el vuelo como el azulejo majestuoso las luciérnagas todas le siguieron hacia la orilla definitiva.  Los días de ocio eran días de matanza entre luciérnagas agoreras el caminante flotaba liviano y cuando puso el pie en tierra se encontró con los Siete caminantes iniciales.

 

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The bong of Kutulu

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El caminante estaba entre los Siete caminantes y también no estaba entre ellos ninguno le reconoció por contingencias infernales ahora era Frank Sinatra. Cuando Frank se vio a sí mismo no esperó a pensarlo se lanzó sobre sí mismo y a golpes con una roca de la madre tierra le partió la crisma a sí mismo. El resto de caminantes sátrapas cobardes huyeron inmediatamente tres caminantes huyeron por el camino de la derecha tres caminantes huyeron por el camino de la izquierda no los volvería a ver estaba muy seguro. De nuevo sin amigos sin camino que transitar sin saber qué hacer a continuación las luciérnagas se ahogaron en el mar y despertaron al primigenio Kutulu aliado indispensable a partir de ahora nadie le haría sombra su no euclidiana estatura intimidaba a todos los seres del universo. Sentado sobre su hombro el cálido amor de un padre que se preocupa en demasía y con cada paso agigantado estaba más cerca de la puerta. Destruía civilizaciones completas mientras cimbraba sus pies de cincuenta metros y sus alas estaban impregnadas de pólipos y luciérnagas le daban un toque barroco de pesadilla de Doris Day.

 

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Negros ojos de chimenea

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Cuando Frank Sinatra llegó a lomos del Gran Durmiente Kutulu cantando el estribillo de “That’s life” el señor-de-todas-las-cosas estaba en calzoncillos Thompson en mano oliendo rotuladores a pares en su diván el primigenio no podía continuar el sello amarillo se plegó sobre sí mismo y se lo llevó a rastras su primo segundo no oficial lo reclamaba pero las luciérnagas se quedaron con el caminante ofreciendo apoyo moral detrás de los enemigos naturales la puerta brillaba como el Maguffin dolorido. El caminante se chocó los pies tres veces y sus piernas se tornaron espadas de luz el señor-de-todas-las-cosas lanzó la Thompson al suelo se frotó las manos y de ellas brotó una espada hecha enteramente de condescendencia sólida un duelo de esgrima y taekwondo pondría fin a la disputa por mil años batallada. En este tipo de historias siempre gana el bueno de una patada atravesó el corazón del señor-de-todas-las-cosas con luz cegadora y fulgurante un estruendo llegó del firmamento el cielo se estaba derrumbando y la puerta volvía a evanecerse. El caminante ya no era Frank Sinatra se dirigió paso raudo a la puerta por mil veces ansiada pero cuando estaba ya a pocos metros se tropezó con una bestia moluscoide y se partió la crisma sin remedio Belzebong siempre gana se llevó su alma permanecieron para siempre cerrados sus negros ojos de chimenea.

 

SE SUPONE QUE AQUÍ SE TIENE QUE ACABAR

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Jardín de carne

 

He who has loved the wild girls of Zothique

Shall not come back a gentler love to seek

Nor know the vampire from the lover’s kiss:

For him the scarlet ghost

Of Lilith from time’s last necropolis

Rears amorous and malign

Clark Ashton Smith, Zothique

 

 

Capítulo primero de tres: Piel dentuda

Y cuando llegue el momento, sacarle las tripas”.

Georgie no paraba de repetirse eso desde hacía varias semanas. “Cuando llegue el momento…”. En su huerto de calabazas, rodeado de alimañas dentudas y abrazado por las más oscuras tinieblas. “…sacarle las tripas…a todas”. Ese era su objetivo final en la vida: salvar el huerto de calabazas que le había sido legado por su padre de las hijaputas alimañas. El Semper tremulus había pasado de generación en generación en su familia, sobreviviendo a todo tipo de plagas y catástrofes naturales, durante varios siglos, y debía seguir así para que Georgie pudiera pasárselo a su hijo Georgito, en cuanto Georgie padre encontrara una moza que le correspondiera y estuviera dispuesta a concebirlo. Pero parecía que todas las mozas del estado de Texas habían hecho una reunión para concordar que jamás yacerían con un hombre que se hiciera llamar Georgie Gambolpt, y mucho menos con el objeto de concebir a un infeliz benjamín al que llamar Georgito Gambolpt.

Cuando llegue el momento, sacarle las tripas a todas”

Las susodichas alimañas eran unos engendros que llevaban rondando los alrededores de Babylon Valleys desde que Georgie tenía uso de razón, y cuya única misión en la vida era, al parecer, joderle el sustento a la familia Gambolpt. Tenían unos ojos verdes como los pantanos de Louisiana, salidos de sus órbitas como los antiguos paletos que los habitaban. Tenían un color grisáceo sucio y sus bocas enormes estaban normalmente llenas hasta rebosar de unos dientes afilados y negros; el tío abuelo Ciryllus Gambolpt había desarrollado una teoría según la cual los dientes de las alimañas se habían ido pudriendo cada vez más rápidamente con el paso de los siglos, seguramente debido al hecho de masticar y comer tierra diariamente y sin excepción, hasta que el ADN de estas se adaptó y mutó de forma que las alimañas ya nacían con los dientes completamente podridos. Eran unas bestias escamosas, pegajosas, pues su piel se asemejaba de forma horrible a los dientes humanos; por las branquias de sus cuellos brotaba un líquido espeso y blancuzco similar al semen humano. Normalmente las alimañas tenían seis brazos, cuatro patas y medían de uno a dos metros, pero en sus mejores momentos Georgie había liquidado a alimañas de hasta doce brazos, ocho patas y de casi cinco metros de altura; en la punta de sus brazos había un par de uñas bien afiladas, redondeadas como las de los topos, antes de que estos animales se extinguieran en el 2042. No paraban de escupir unas babas corrosivas por sus bocas en ningún momento, cosa que por alguna razón había hecho que Georgie finalmente dejara de mascar tabaco. Su afán por comerse todo lo que se encontrara en los dominios del Semper Tremulus era tal que Georgie había colocado trampas con dinamita en lugares estratégicos.

Cuando llegue el momento, reventar… reventarles…el cráneo… ¡a todas!”

 

Capítulo segundo de tres: Las Batallas del Amor Incondicional

¿Me querrías por siempre? ¿Me querrías aunque tuviera la piel dentuda y exhalara semen por todos los poros de mi piel? ¿Aunque me viera reducido a una alimaña asquerosa? ¿Aunque yo ya ni siquiera fuese capaz de amar? ¿Me querrías aun así?”

Georgie tenía el índice apoyado sobre el gatillo de su escopeta, también heredada, como casi todo lo que le rodeaba. Llevaba días esperando la siguiente horda, pues la última le había pillado desprevenido y había salido muy mal parado: el jardín trasero destrozado, magulladuras en su pecho que podrían acabar peor, y Georgie Can, su perrete, muerto y masticado por siete u ocho alimañas carniceras. Esta vez estaba preparado. Y cuando llegara el momento, pues… pues eso, les sacaría las tripas y les reventaría sus cráneos a todas. Lo había decidido así y estaba contento con la decisión. No iba a dejar que el azar se interpusiera en esto.

Y el momento llegó. Como un trueno.

Un trueno blanco y pegajoso con doce ojos, tres mandíbulas gigantescas y por lo menos treinta brazos empapados en smegma que brotaban de su resbaladizo cuerpo de al menos siete u ocho metros. Era la reina de las alimañas. Había llegado para el duelo final, para dilucidar de una vez el tema de la propiedad del Semper Tremulus (un tema candente en estas zonas desde hacía varios siglos). Ahora era definitivo. La sangre contra el semen, la piel contra el diente; el humano contra la alimaña.

Como una cohorte de pesadilla, veinte o treinta alimañas de tamaño normal acudieron a la batalla inmediatamente. Georgie pensó que parecían poseídas por el poder del crack, como su primo segundo Jacinto Gambolpt aquella negra tarde de septiembre en la escuela dominical. Muchas de ellas cayeron con los primeros cartuchazos de Georgie, pero enseguida cayó en la cuenta de que eran demasiadas. Recordando que una retirada a tiempo es equivalente de alguna forma a una victoria, o eso le habían dicho, se precipitó ipso facto al jardín trasero. Intentó cobardemente abrir la puerta trasera de su cabaña pero recordó que la llave estaba bajo el felpudo de la puerta delantera.

Suspiró profundamente. Y entonces recordó toda la dinamita que tenía escondida de forma estratégica a su alrededor.

Sonrió, por un momento lo vio todo claro y una sonrisa socarrona acudió a su rostro. Pero entonces cinco o seis alimañas se le abalanzaron a las piernas y empezaron a morder y arañar con sus largas uñas duras como el maldito mármol (antes de que el mármol desapareciera de la Tierra en el 2084). Georgie cayó al suelo y la Reina Maggie (así apodó Georgie días después a la reina madre de las alimañas) saltó sobre él. Poniendo su segundo ano superior (que estaba entre su mandíbula inferior y la central) a pocos centímetros sobre el rostro de Georgie, Maggie excretó cantidades ingentes de un líquido que no era espeso ni blanco, sino claro y verduzco, dentro de la boca del aterrorizado heredero del Semper Tremulus. Georgie Gambolpt intentó defenderse y patalear, solo durante los primeros tres segundos. Después se quedó inmóvil y durante los quince minutos siguientes Maggie continuó excretando.

¿Me querrías por siempre? ¿Me querrías aunque tuviera la piel carnosa y exhalara sudor apestoso por todos los poros de mi piel? ¿Aunque me viera reducido a un humano asqueroso? ¿Aunque yo ya ni siquiera fuese capaz de amar? ¿Me querrías aun así?”

 

Capítulo tercero de tres: Semper Serenus

Aquella noche le despertó Sebastiana. Sus llantos más bien recordaban al crujido de la madera vieja contra el viento. La noche anterior le despertó Billy. Esto no le disgustó tanto, puesto que Billy, a pesar de ser el menos antropomórfico de sus hijos (no era más que una masa de carne amorfa y elástica con varios órganos vitales en su interior y un par de mandíbulas superpuestas, pero ni ojos, ni oídos, ni nariz ni órganos reproductores), era el que tenía la voz más bella. Sus llantos recordaban a los cánticos submarinos de las antiguas ballenas (las ballenas evolucionaron hacía muchísimos años y desarrollaron grandes y fornidas patas con las que conquistaron Sudáfrica en el 2087).

No le gustaba ir a calmar a Sebastiana, pues era la que más brazos estaba desarrollando: en sólo una semana de vida, ya tenía siete brazos y tres patas, todas estas extremidades rematadas en sendas uñas duras como el mármol (ya sabéis…). No estaba en su top 3 de hijos mutantes favoritos a los que calmar cuando se despiertan en mitad de la noche, precisamente; ni siquiera estaba en el top 5 ni en el top 10; estaba en el top 20, pero solo porque Georgie había tenido hasta el momento diecisiete hijos mutantes. Por un momento pensó en despertar a Maggie, que descansaba plácidamente a su lado, pero luego recordó que una Maggie recién despierta era mil veces peor que una Sebastiana. Frunció el ceño y se levantó de la cama. Se frotó los ojos un momento con sus dedos pegajosos. Siempre sereno.

Fue en busca de su decimosexta hija siguiendo el rastro de crujidos, lo cual se complicó sobremanera porque la cabaña en la que vivían era de madera y estaba siendo azotada por el viento invernal. Después de más de diez minutos, llegó al fin al cuarto donde dormían Sebastiana, Uma, Cyrilla, Carcosa y Jorge Luis. Pero justo en el momento en que cruzó el umbral, un silencio sepulcral se impuso de forma tan vehemente que se le erizaron todos los pelos de su cuerpo empapado en semen nocturno.

Sebastiana no estaba en la habitación. De hecho, en esa habitación dormían normalmente cinco de sus diecisiete hijos y en ese momento no había ninguno allí. Georgie notó como la temperatura bajaba, su aliento empezaba a helarse, y entonces se percató de que el llanto similar al crujido de la madera que le había despertado era realmente el crujido de la madera. Varios de sus hijos habían desaparecido en mitad de la noche, y tanto la vida de los infantes como la suya estaban en juego, pues si alguno de sus hijos moría, la reina se pondría realmente furiosa.

Enseguida fue en busca de su hijo predilecto, el primero, así que también el más crecido. Con dos metros de altura a sus tiernos tres años, tenía también cuatro musculosos y pegajosos brazos de carne, tres mandíbulas como su madre, y un pene totalmente funcional como su padre; su piel era blanca como la leche y sus ojos secretaban usualmente un líquido que asimismo recordaba a este alimento. Georgie se plantó en un momento en el cuarto en el que dormían Sue, César, Doris y Ubbo-Sathla junto con el mayor de todos sus hijos, Georgito Gambolpt. Pero cuando llegó a la habitación y cruzó el umbral, de nuevo se impuso el silencio. Georgito tampoco estaba allí, ni los otros cuatro. Georgie padre empezó a plantearse la letal hipótesis de que quizás todos sus hijos habían desaparecido.

Siempre sereno, Georgie. Siempre sereno.

En el trance del momento terrorífico, supo exactamente qué hacer: buscar algo de tabaco de mascar en su escondrijo secreto, la segunda maceta de las escaleritas de la puerta trasera. Lo había dejado hacía más de tres años y una vez intentó volver y Maggie casi le descuartizó porque no le gustaba que escupiese ese líquido tan asqueroso, pero aun así lo necesitaba, y sabía que el tabaco debía seguir allí, pues nadie conocía ese escondrijo. Si iba a morir, sería oliendo a nicotina reseca, como siempre había planeado. Así que atravesó corriendo el pasillo, se tropezó con el cochecito de policía de juguete de Billy y llegó al jardín trasero. Por tercera vez en la noche, se le erizaron todos los pelos del cuerpo al atravesar el umbral de una puerta.

El panorama no pintaba nada bien. El jardín trasero del Semper Tremulus estaba siendo azotado por una plaga nocturna que no afectaba tanto a las calabazas como a sus hijos. Al menos medio centenar de asquerosos humanos rodeaban las vallas, árboles y arbustos. Habían atado a sus diecisiete hijos y los habían amontonado en el centro del jardín, que ahora se asemejaba a un grotesco espectáculo barkeriano. Algunos de los humanos que estaban más cerca del montón de carne portaban antorchas, y los ojos de Georgie se estremecieron al máximo.

-“¡¡Maggie!!” –gritó. Esta situación definitivamente lo merecía- “Cariño… ¿podrías despertarte un momentito, por favor?” -Siempre sereno, Georgie. Siempre sereno.

 

Capítulo cuatro de tres: La redención de Billy Gambolpt

Sabía cómo pensaban esos asquerosos humanos infectos porque una vez él fue uno. Con cierto remordimiento, recordó los tiempos en los que solo pensaba en sacarles las tripas y romperles el cráneo a todas las alimañas del puto planeta. Tenía que detenerlos, pero su vieja escopeta sureña estaba al otro lado de la cabaña, y Maggie parecía no despertar. A veces tomaba somníferos y Georgie se temía que no podría despertarla. Una turba de cincuenta humanos enfadados puede parecer una amenaza para otro humano solo, pero no son más que un divertimento muy efímero para Maggie. Aun con todo, Maggie no despertaba por mucho que gritara su nombre.

Suspiró profundamente. Y entonces recordó toda la dinamita que seguía teniendo escondida de forma estratégica a su alrededor.

Sonrió profundamente, cogió una piedra del suelo y la lanzó con toda la serenidad del mundo a la parte izquierda del jardín, lejos del montón de carne que eran sus diecisiete hijos mutantes. La piedra rodó ligeramente, y nada más. Georgie se quedó quieto. Luego pensó en intentarlo otra vez, pero los humanos que portaban antorchas se acercaron más a la masa de carne y esta vez no lo hizo con nada de serenidad. Con furia y un intento de fuerza hercúlea, el heredero de los Gambolpt lanzó una piedra que dio justamente en la cabeza del humano asqueroso con antorcha más cercano a la masa de carne. La antorcha cayó sobre la masa de carne, que empezó a arder, el humano cayó en redondo y la piedra rebotó y accionó un cartucho de dinamita que aún seguía a medio enterrar en el jardín trasero después de tres años.

En un momento, todo era fuego, caos, destrucción y desesperanza en un jardín de carne chamuscada. Georgie reconocía todos los alaridos: los que parecían crujidos de madera de Sebastiana, los estertores infernales de Ubbo-Sathla, el susurro sonoro y pavoroso de Carcosa o los chillidos estridentes de Sue. Le habría gustado hacer algo al respecto en ese momento, pero se quedó totalmente inmóvil ante el show de monstruosidades que se erguía a su alrededor.

Mientras Georgie no hacía nada, llegó Maggie, pero claro, tarde. Sus hijos ya estaban envueltos en lenguas de fuego que recorrían sus cuerpos blancuzcos y pegajosos. La reina de las alimañas no se tomó nada bien el panorama, y empezó a perseguir y desmembrar a todos los humanos presentes. Si realmente hubiera un trabajo de controlador de plagas de humanos, Maggie sería la puta ama. Georgie seguía paralizado por el terror, por supuesto, y la reina estaba a punto de iniciar su rito ceremonial de excretar ese líquido lava-cerebros en las bocas de los humanos asquerosos que ahora yacían desmembrados, cuando de repente todo cambió.

El silencio se impuso por última vez durante un solo milisegundo, y después todo fue impregnado por una música hipnótica que parecía salida de otro planeta. Aunque no eran alienígenas los que lo proferían, sino Billy, el séptimo hijo de la familia Gambolpt. Georgie sonrió con toda su alma y levantó la vista al cielo, Maggie hizo lo propio aunque sus ojos se dirigieron a la masa de carne en llamas; los más de cincuenta humanos asquerosos desmembrados sonrieron plácidamente y se dispusieron a morir en paz. El llanto de puro martirio de Billy Gambolpt corrió por las venas de todos los presentes como la una droga opiácea que se te mezcla en las venas, y unió todas las almas de los puros e impuros en una sola comunión.

Fue entonces cuando las vallas, los árboles y todo alrededor comenzó a temblar y a derrumbarse. De entre el humo, las llamas y el hedor a cadáveres brotaron rápidamente, casi como de la nada, unas criaturas mastodónticas, húmedas como tres océanos, con patas musculosas y un cuerpo escamoso. Las ballenas de tierra no dejaron títere con cabeza, arrasaron la cabaña, el Semper Tremulus y el jardín de carne quemada de diecisiete hijos mutantes de Georgie Gambolpt llevándose al narcotizado padre y a la madre alimaña por medio.

El Semper Tremulus, última herencia de la otrora prestigiosa familia Gambolpt, resultó ser la última necrópolis del tiempo de la conquista cetácea que asoló Sudáfrica a finales del siglo veintiuno. Si hubiera sabido eso, seguramente Georgie habría pasado un poco más del tema de las alimañas.

 

Epílogo.  Victorias evolutivas

Aquél que haya conocido alimaña no encontrará mayor deshonra. No encontrará, por consiguiente, mayor sensación de libertad. Los hierofantes y los frailes se sentirán livianos a su paso. Librados como por algún hechizo ignoto de su sermón astral.

Siempre sereno.

Aquél que haya amado alimaña no será capaz de amar cosa otra. No será capaz, por consiguiente, de amarse a sí mismo. Las muchachas vírgenes le regalarán flores que se tornarán látigos de cuero y las mujeres encintas llorarán salvajemente a su paso, aunque nunca sabrán por qué.

Siempre sereno.

Aquél que haya yacido con alimaña no será capaz de yacer jamás sobre tierra que no esté impregnada de semen. No reconocerá tampoco, por consiguiente, sabor que no sea semen en cualesquiera otras cosas. Los jardines de carne serán su única serenata, y el tacto de los dientes sobre el pecho desnudo, su única victoria.

Siempre sereno.

FIN

Ninguna

Prólogo: Steve Stevenson, vigilante de los cielos de profesión

En el cielo, a veces, también hay guerras y orgasmos. Es en esa fina línea donde el mar conoce al cielo, donde todo termina y vuelve a empezar. Un ciclo que se lleva repitiendo una y otra vez tanto tiempo que ya no se sabe qué es más viejo, si el cielo o el mismo ciclo.

Había siempre un hombre a cargo de presenciar el ciclo, asegurándose de que el ciclo siguiera adelante. Un hombre que, debido a las pequeñas casualidades que conforman la vida, siempre se llamaba Steve Stevenson.

Steve Stevenson XXIV, el Stevenson que resulta ser el protagonista de nuestra historia, tenía una vida tranquila, apacible, envidiable para muchos salvo para aquellas personas que prefieren una vida interesante y esas cosas. Vivía en un gigantesco faro de piedra alejado de la civilización a más de cien kilómetros de radio. Se despertaba por la mañana muy temprano, se servía una taza de café y miraba al cielo. Seguía mirando el cielo durante cinco o seis horas y entonces se preparaba un rápido almuerzo, y luego seguía mirando al cielo durante otras siete u ocho horas, entonces se preparaba una cena, miraba al cielo otras cuatro horas, y a dormir. Al día siguiente vuelta a empezar, todos los días mirando al cielo, sin descanso, sin días libres, siempre, sin nada más que le pudiera preocupar.

Y entonces, un día, pocos días después del quincuagésimo segundo cumpleaños de Steve Stevenson XXIV, el cielo tuvo un orgasmo, y Steve estaba allí para presenciarlo.

Capítulo I: El Fuego del Infierno de Venus

Llevaba seis horas y media mirado el cielo cuando, en un instante, un destello dorado lo cubrió todo. Un cambio de ciclo, pensó Steve Stevenson, o tal vez la destrucción de uno.

Steve había oído historias desde que era pequeño sobre el significado de ese destello. Según decían, un destello dorado en el horizonte marino es una señal de que Venus ha sido destruido, pero Steve se mostró siempre escéptico, pues le habían dicho que ese destello fue registrado al menos dos veces en el transcurso de la historia de los vigilantes de cielos, pero según había leído en los libros, Venus solo había uno. Así que cuando Steve contempló anonadado ese destello, comprobando con sus propios ojos que al menos una parte de la leyenda era cierta (el destello existía, al menos), no pensó en Venus. Lo primero que pensó Steve Stevenson XXIV al contemplar anonadado el destello dorado fue que debía avisar cuanto antes a Steve Stevenson XXIII.

Mas no tuvo oportunidad de hacer la llamada, pues sus grandes ojos quedaron aún más grandes y embelesados con lo que vino después del orgasmo celestial.

Los únicos datos registrados que existen sobre el orgasmo del destello dorado (cuyas autorías pertenecen a Steve Stevenson VI y XIII) son escuetos: un destello del color del oro en le lejanía del horizonte marino, y luego, de nuevo tranquilidad. Es posible que precisamente por eso, por la falta de algo realmente jugoso que contar, se inventaran lo de Venus. Pero ninguno de esos datos hablaba de lo que contempló Steve Stevenson XXIV justo después del destello dorado. El destello, o eso le pareció a Stevenson, se alargó tomando la forma de algo parecido a una vagina gigantesca y dorada, fulgurante en el horizonte marino; luego, para mayor sorpresa, de la vagina emergió un dragón dorado con tres cabezas coronando sus sendos cuellos de hidra. El dragón tricéfalo alado comenzó a lanzar rayos láser color anaranjado por sus tres fauces, y estos rayos triples golpeaban las olas creando remolinos y tornados. Una imagen digna de ver, una imagen que te hace estar al fin orgulloso de ser vigilante de los cielos, pensó Steve Stevenson, y desde luego una imagen digna de ser registrada en datos fehacientes que me otorguen la fama sempiterna.

La bestia surgida de la vagina dorada se mantuvo veinte minutos en el mismo rollo: creando tornados y remolinos con sus alas cromadas, devastando enormes tsunamis con sus rayos láser triples y, en definitiva, alterando el ciclo eterno que debía vigilar y salvaguardar Steve, del que dependía su sustento y, por ende, su nutrida colección de pornografía. Cuando hicieron veinticuatro minutos exactos, Stevenson XXIV pensó que no se iba a perder nada por ausentarse cinco minutos, y decidió telefonear a Stevenson XXIII para contarle lo ocurrido y prepararlo para la lectura de datos más polémica de las últimas diez generaciones.

Mas no tuvo oportunidad de hacer la llamada, pues sus grandes ojos quedaron aún más grandes y embelesados con lo que vino después del dragón tricéfalo dorado.

Capítulo II: Erika Shiragami, o al menos, lo fue alguna vez

¿Un segundo orgasmo? ¿Una guerra inminente? En fin, podemos confirmar que al menos la respuesta a una de esas preguntas es afirmativa.

Había una costa en la lejanía (al oeste del gran faro del oeste, en las inmediaciones del ciclo), no muy alejada de la bestia y de los desastres naturales que provocaba. Varios tsunamis habían sembrado el pánico por aquellos lares, y los temblores de tierra despertaron a lo que parecía ser un monstruo primigenio que dormitaba plácidamente en las cuevas subterráneas de las playas. Con cabeza de cocodrilo y cuerpo de rosal, tentáculos rematados en plantas carnívoras y, en alguna parte muy escondida, el alma de una niña adolescente, esta monstruosidad mutante se hacía llamar Rose Biollante. Steve Stevenson había oído hablar de él, un híbrido contra natura entre rosa mutante, radiación nuclear y niña pequeña, o algo por el estilo. Al parecer a un doctor se le fue la pinza años atrás e intentó revivir a su hija con catastróficas consecuencias. Tras ver el resultado, abandonó a la criatura a su suerte y ésta creció y se mudó a Saturno.

Biollante empezó a lanzar bilis pútrida sobre el mar, tanta que las olas se volvieron verdosas y al agua que circundaba la costa le salió una telilla espesa parecida a la que le sale al ramen cuando lo dejas un buen rato sin comértelo. Esto atrajo la atención de Ghidorah, el Fuego del Infierno de Venus, que con un ligero aleteo se acercó al monstruo mutante y le lanzó varios rayos láser triples anaranjados a modo de aviso. Entonces se desató la batalla de kaijus. Steve Stevenson XXIV estaba tan ensimismado que ni pensó en llamar a su predecesor. Era como una película de la Showa en sus mejores tiempos.

Erika se desplazó rápidamente con sus tentáculos hasta posicionarse justo debajo del dragón alado, y aprovechó su confusión para atarlo con celeridad entre sus tentáculos espinosos y tirarlo a tierra. Ghidorah, humillado, rugió tres veces a la vez y juró venganza, como diciendo, nena, no te conviene luchar contra el dragón dorado de tres cabezas que extinguió a los dinosaurios, que destruye planetas cuando se aburre. Erika estaba preparada, estuviera donde estuviera, y para demostrarlo hizo rugir a su cabeza de cocodrilo mutante. Con su pecho, de paso, lanzó montones de rosas ponzoñosas y alucinógenas para debilitar a su adversario.

Pero Ghidorah no era un adversario corriente. Siglos de exilio espacial le habían inmunizado contra casi todos los tipos de gas nocivo que existen en el universo. Con un ágil exabrupto, agitó dos de sus cabezas (la de en medio se quedó embobada mirando el cielo) y volvió a rugir, al menos dos veces. Luego, su cerebro hiperevolucionado coordinó sus tres cabezas para realizar un combo de mordiscos de quince golpes. Erika no las veía venir, se las tragó todas sin hacer miramientos. Cuando quedó satisfecho, el Fuego del Infierno de Venus dio un salto impulsado por sus brillantes alas y le propinó cuatro zarpazos con sus garras de plata.

Rose Biollante quedó para el arrastre, y al ver que Ghidorah volvía a su rollo a crear remolinos y tornados en el mar, Steve decidió que por fin era el momento de ir a por la máquina de escribir y ya de paso telefonear por fin al último vigilante con vida.

Steve Stevenson le resumió rápidamente todo lo ocurrido a Steve Stevenson, quien a juzgar por su voz se encontraba o bien deprimido, o bien preocupado, o tal vez, probablemente, ambas. La escueta respuesta de Stevenson XXIII fue “Tenía que pasar en algún momento”, a lo que añadió un dato interesante: según unos recientes e impactantes informes del faro del norte (aquél que tiene un observatorio incorporado), se habían avistado unos fogonazos y explosiones en el espacio hacía una media hora aproximadamente, y el resultado de aquella aparente guerra celestial había sido la desintegración del planeta Venus.

Capítulo III: La redención de Destoroyah, la bestia perfecta

Ya no queda Venus. Venus ha sido reducido a polvo gris y roca errabunda.

“Cuando tenía seis años, mi padre me contó por fin el motivo secreto de mi nombre. El objeto era convertirme en el mejor y más experimentado observador y vigilante de los cielos que hubieran existido. Se decía, como tantas otras leyendas saturnianas absurdas, que el hecho de llamarte Steve Stevenson te ofrecía ya de por sí buena fortuna  y un talento innato para la observación celestial. Mi padre ya me instaba a mirarlo antes de los seis, pero desde que me contó aquello, mi misión, mi sino, no dejé de vigilarlo ni por un momento. Me he dedicado a mirar los cielos y a anotar cualquier posible anomalía (hasta el momento, ninguna) los últimos cuarenta y seis años de mi vida, sin descansar media hora seguida, todos los días de todas las semanas sin excepción. Me he dedicado diligentemente a esta tarea toda mi vida sin esperar reconocimiento ni recompensa alguna”

Steve Stevenson XXIV no hacía más que pensar en Venus y en la leyenda urbana que le contaban cuando era un renacuajo (en Saturno la clase de vida dominante es la de los hombres-rana, muy parecidos a los humanos pero con la piel verde y la estupenda capacidad de la visión periférica, muy útil para la profesión de vigilante de los cielos, que casualmente solo se ejerce en dicho planeta) y en cómo demonios podían haber desintegrado Venus por culpa de ese destello si ese destello ya lo habían visto dos veces antes. No tenía sentido. Algo estaba mal.

“La primera vez que me llamaron para ejercer la vigilancia de los cielos estaba que no cabía en mí de ilusión. No era más que un adolescente abotargado por las feromonas saturnianas y me llevé a una chica cien al faro la primerísima noche de trabajo, para fardar y así quizá poder darme el filete con ella; recuerdo que ella me llamaba Destoroyah, la bestia perfecta, pues la chica cañón era además una friki del canal asiático terrestre cuyo satélite pirateábamos. Estábamos en el faro del sur, el más lujoso y barroco de todos, pero también el más exigente. Todo salió mal. La chica cañón se tropezó cuando nos estábamos morreando y tiró al suelo un tarro de oro blanco rematado en jades que contenía las cenizas de un tal Steve Stevenson IX, el primer Steve Stevenson abiertamente homosexual de la historia. Por supuesto fui yo el que cargó con la culpa, y dada mi excelente habilidad para vigilar los cielos, me mantuvieron en nómina, aunque me reubicaron en el faro del oeste, lejos de mi familia, de la civilización y de todo mundo conocido. Todo ha sido paz y tranquilidad desde entonces”

El dragón de tres cabezas estaba rodeado por una pared de tornados y remolinos que a su vez lanzaban por el aire todo tipo de criaturas marinas. Parecía algo sacado de un disco de Ahab. Trataba los mares y los cielos con total indiferencia, como a quien no le importa que el planeta sea destruido porque llegó a él a través de una vagina gigantesca dorada y puede dejarlo de la misma forma, y lo peor de todo era que, muy lentamente, se iba acercando cada vez más al faro, a Steve.

Ya nadie podía ayudarle: ni su familia, ni Steve Stevenson XXIII, ni su infructuoso ligue de una noche. Ya solamente podía ayudarle su inmensa colección de pornografía, que había ido nutriendo con el paso de los años gracias a su honrado sueldo, así que nuestro protagonista se marcó la de Shinji Ikari y fue a hacerse una paja en el momento más inoportuno de la aventura. Cuando volvió al mirador, el Fuego del Infierno de Venus estaba muy cerca del faro, y entonces fue cuando todo se difuminó y se volvió borroso. Y por fin todo empezó a tener sentido.

“Ahora miro hacia atrás y lo veo casi como un paseo, aunque debo admitir que en su momento la cosa se convirtió en una puta odisea. Lo recuerdo con muchas luces estroboscópicas. En un momento estábamos en Saturno, en el faro, y cuando esa maldita criatura rugió estábamos en un lugar totalmente diferente en el que en vez de mar, había escarcha y lagos helados; cuando Ghidorah tropezó y hundió una pata en el agua helada, volvió a rugir, y entonces, de nuevo las luces estroboscópicas (¿había bongos de fondo o es mi mente que lo está magnificando todo por culpa de la demencia senil?), y entonces estábamos en un mundo desértico y caluroso, sobre un acantilado de tierra seca y roja. Creo recordar que me percaté de lo que pasaba antes del siguiente rugido. Yo ya había leído sobre dimensiones paralelas en los textos de Stevenson II, el teorista, y estaba claro que el Fuego del Infierno de Venus era una criatura magnífica capaz de atravesar agujeros de gusano interdimensionales que le hacían ir de un universo a otro como un niño jugando a la rayuela. Esta teoría, al menos, daría por explicada la leyenda del destello dorado, pues no sería imposible imaginar que Ghidorah hubiera destruido los planetas Venus de tres dimensiones distintas. Cuando la bestia magnífica volvió a rugir y ambos volvimos a saltar, me decidí a armarme de valor y tomar el dragón tricéfalo por los cuernos.

Nunca supe del todo donde estábamos, aunque la posición de las estrellas en el firmamento me era muy familiar, así que sospecho que no muy lejos de  mi planeta natal. Había rocas y cráteres pálidos y escombros por todas partes, algo parecido a una cúpula geodésica medio derruida y un planeta gigantesco, azul y verde como telón de fondo. Ghidorah me lanzó una mirada inquisitiva, yo le lancé una mirada de furia y decisión. Y Ghidorah me lanzó un rayo láser triple, al cual sobreviví milagrosamente al saltar a un cráter cercano.

Allí encontré la horma de su zapato: una caravana rosa con flores verdes muy estilo años sesenta, sea lo que sea eso, prácticamente chamuscada. No sé si fue instinto o si me paré realmente a pensarlo, pero funcionó: agarré un tubo metálico que colgaba por detrás del vehículo y lo lancé hacia el Fuego del Infierno casi sin terminar de darme la vuelta. Le acerté en la cabeza del centro y se abalanzó sobre mí. Recuerdo haber pensado, joder, he cabreado a un dragón dorado de tres putas cabezas, si salgo de esta me tomaré un tiempo de solaz. Corrí como un loco y me caí por un terraplén que acababa en las ruinas de una cabaña derruida. Miré atrás y vi que Ghidorah se había enzarzado con la caravana, por alguna razón estaba intentando comérsela, pero no le sentaría bien, pues poco después emprendió vuelo y desapareció de mi vista a través de una especie de vagina gigantesca dorada para seguir destruyendo planetas inocentes.”

Ya no queda Saturno. Saturno ha sido reducido a polvo gris y roca errabunda.

“Desde entonces, he dedicado mi vida a vigilar los cielos de estos lares. No he visto mucho, salvo una especie de rombo negro cruzando el horizonte una vez, pero no estoy seguro de si fue mi imaginación, o quizás sea que después de otros cuarenta años de soledad, por fin me he estoy volviendo loco a los ochenta y cinco. También creo que vi un payaso de pelo enmarañado azul una vez, observándome inquisitivamente desde la lejanía, pero cuando quise acercarme a saludar ya no estaba, y en su lugar había una tortuga con la cara sospechosamente parecida a Joe Pesci que acabó convirtiéndose en mi mejor amiga.

Debí habérmelo imaginado después de llevarme toda una vida mirando los cielos y  las estrellas. Al final nunca queda ninguna esperanza”

PUNKHEAD #1: Caperuza Bastarda

 

Escisión bastarda 1. La caperuza bermellón y el sadismo implícito

Caperuza Bastarda caminaba brincando y cimbrando sus pies ante la majestuosa luz del sol veraniego, deteniéndose ante cada matorral y admirando sus desordenados ramajes que se iban sintetizando en un único y frondoso matojo. Iba camino de la casa de su Abuelita, pero quería demorar la llegada todo lo posible, pues recordaba con dolor como su Abuelita le pegaba palizas cuando era más pequeña por minucias como romper el jarrón con las cenizas del abuelito o quemar el antiguo granero con todas las reses dentro. Bastarda no paraba de argumentar que había sido un accidente, pero ella misma sabía la verdad, aunque no quisiera reconocerlo: lo había hecho a propósito, y disfrutó sobremanera escuchar la melodía mortal que cantaban las vacas y mulas mientras se chamuscaban. Aun así, las palizas interminables no había quien se las quitara, y a estas alturas Bastarda ya tenía todo el cuerpo lleno de moratones irreversibles a los que incluso les había puesto nombre (sus favoritos eran Descanso, que tenía forma de nube, y Eterno, que tenía forma de castillo derruido). Otro secreto que a la abuelita no le gustaba reconocer ni siquiera ante ella misma, es que disfrutaba sobremanera aquellas palizas, más aún, pensaba que estas palizas tan dinámicas y divertidas eran lo único que la mantenía viva, pues había sobrepasado ya los noventa y cinco años y seguía muy ágil. Eso y los brownies con LSD que Bastarda le llevaba en su cestita cada dos semanas.

Caperuza Bastarda brincaba con su caperuza bermellón camino al bosque que llevaba a casa de su abuelita, no demasiado feliz teniendo en mente lo que se le venía encima.

Escisión bastarda 2. Mose: entre el vacío y el matojo

Mose, ¿un planeta? Desde luego la mayoría de sus habitantes así lo creen, aunque cierto es que ha habido escépticos que argumentan teorías en base a unos lunáticos que afirman venir de Soltar, otro de los, como dicen, continentes de lo que vendría a ser un planeta gigantesco del que Mose solo sería una pequeña parte.

Entonces Mose, ¿un continente? Pero sus tres soles salen por el sur y se ponen por el norte todos los días, y los astrónomos han diseñado cartografías del espacio en las que, según toda lógica matemática, Mose es un planeta de dimensiones no muy gigantescas.

Mose, ¿acaso un sentimiento? Eso desde luego. Un sentimiento de responsabilidad para con los cientos de princesas encerradas en torres, las innumerables bestias transformadas, los hombres crueles, los científicos locos, la magia a borbotones… es un sentimiento de humildad, de honestidad y de sadomasoquismo intrínseco en cada persona viviente. Los reinos se corrompieron y cayeron ante las rebeliones; la crápula, orgullosa, se irguió y escupió sobre la nobleza; los reyes fueron desollados, las princesas fueron mancilladas y encerradas y la moralidad fue apuñalada al menos cuarenta veces.

Mose, un diamante en bruto del sadomasoquismo. Lo que está muerto, está muerto. Entre la materia y el vacío, un matojo de entropía sarcástica se erguía esplendoroso: Mose.

Escisión bastarda 3. El legendario cazador de huracanes

Cuando Freddy el Prenda nació aún no le habían apodado así, aunque la verdad es que no tardó mucho en ganárselo. De pequeño en la escuela le gustaba oler el pegamento y organizar los diferentes tipos según las sensaciones nihilistas que obtenía tras olerlos. Más tarde, en su adolescencia, dejó ese vicio y se interesó en la búsqueda de la sinestesia perfecta: quería oler un huracán. Quizás así, cuando le dijeran que era un prenda, él podría decir que sabe a qué huelen los huracanes, y sería el primero en poder decir eso; le respetarían, se interesarían por él y dejarían de llamarle prenda; pasaría de prenda a leyenda. Sus sensaciones nihilistas fueron a más cuando se casó y tuvo dos hijas y luego decidió matar a su mujer y sus dos hijas con un tenedor. No tardó mucho, aunque dejó el salón hecho un completo desastre. Cuando se enteró la policía y empezaron a perseguirlo por todas partes, Freddy el Prenda simplemente desapareció, se fue a vivir a un bosque asiduamente habitado por huracanes y continuó su búsqueda en pos del huracán con el olor perfecto y definitivo, fuere cual fuere.

No obtuvo ninguna caza interesante hasta que se encontró con Caperuza Bastarda brincando por el bosque.

Escisión bastarda 4. La mierda holística

Una naranja valenciana golpeó a un pájaro en una rama y lo tiró al suelo. Caperuza Bastarda seguía brincando por el bosque cuando vio de lejos lo que parecía ser un gigantesco huracán bastardo que se dirigía a casa de su abuela. Perpleja porque los huracanes no solían salir hasta pasada la puesta de Sol, cuando su abuelita estaba ya dormida y no se enteraba de nada, Bastarda se recreó un momento con las posibles consecuencias: sangre, ruinas con manchas de sangre, el cadáver sangrante de su abuela, etc. Dejó de pensar en eso y se detuvo un momento a mirar el cadáver de un pájaro manchado de cítrico naranja. Luego siguió contemplando la belleza del huracán.

Un venado de astas plateadas persigue a un hurón rayado cuando se golpea fuertemente contra un cedro, provocando un gran estruendo. Freddy el Prenda estaba paseando por el bosque cuando el estruendo le hizo percatarse del Huracán Desasosiego, que estaba pastando por una colina. Se percató de las posibles consecuencias: sangre, ruinas manchadas de sangre, el sangriento cadáver de su odiada madre, que vivía por allí y a la que llevaba mucho tiempo sin visitar, etc. Momentos antes de ser perseguido por un venado de astas plateadas, el hurón intenta comer una naranja que ha robado sobre la copa de un cedro, pero un sentimiento inefable lo hace lanzarla fuertemente. Freddy se paró un momento a contemplar la belleza del huracán.

Por un momento parecía que había una persona dentro del huracán, pero la silueta parecía no tener cabeza, sino un tentáculo largo y viscoso que se retorcía hacia arriba.

Fue entonces cuando las miradas de Freddy y Bastarda se encontraron. Y también las de otros tres ladrones macarras que pasaban por allí recogiendo naranjas para luego timar a los campesinos con sus precios.

Escisión bastarda 5. Mentirosos hijos de puta

Eran tres ladrones cuyos nombres no importan. Lo relevante aquí es que eran tres ladrones muy pero que muy malos, y que no debéis creer nada de lo que digan porque también son unos mentirosos. Estaban persiguiendo a un hurón que les había robado una naranja para despellejarlo, cuando le echaron el ojo a Caperuza Bastarda justo en el momento en que el cazador de huracanes la vio por primera vez. A los que desconocen las leyes de la estadística esto suele parecerles insólito, pero la verdad es que este tipo de cosas ocurren todo el tiempo. Bien, eran tres ladrones, uno de ellos era también pederasta violador, y eran además unos mentirosos.

-“Hola niñita, ¿cómo estás tan sola por aquí? ¿Te has perdido?” –dijo el primero, pero éste no era el pederasta.

-“Podemos llevarte con tu mamá si hace falta. Puedes fiarte de nosotros, somos buena gente…” -¿veis? Son unos mentirosos de mierda, no os fiéis de ellos ni en broma.

-“Podemos hacer que te sientas mejor…” -dijo el tercero, antes de relamerse los labios. Éste era el hijoputa pederasta violador; seguro que no hace que se sienta mejor.

De pronto Freddy el Prenda, cazador de huracanes de profesión, entra en escena heroicamente.

-“¿Quién eres tú? ¡Largo! ¡Aquí no se te ha perdido nada!” -otra mentira más. A Freddy se le perdió algo hace mucho en ese mismo bosque: su fe en la humanidad, por culpa de su madre, que vivía por allí.

Escisión bastarda 6. Breve baño de sangre predeterminado

Freddy el Prenda siempre llevaba una escopeta recortada atada con varias cintas de esparadrapo a su espalda, ya que siempre había considerado vital el efecto sorpresa. Con un movimiento ágil propio de un buen cazador, sacó la escopeta, apretó el gatillo, luego apuntó rápidamente al primer bandido y le reventó la cabeza bañando de sangre a sus colegas. Éste no volvería a mentir ni a agredir ni a violar a nadie ni a nada; simplemente éste no vivió más. No vivió por ejemplo para contemplar la muerte de sus colegas ladrones, que fue ligeramente más espectacular.

Freddy lanzó la escopeta a la cara del segundo ladrón, y aprovechó su distracción para lanzarse a por el tercero y arrinconarlo contra unas rocas puntiagudas. Golpeó su cabeza varias veces hasta que dio con la tecla y escuchó un chasquido: la había reventado por fin, al tercer intento, el de la suerte. Aún quedaba un tercer ladrón hijo de puta mentiroso vivo, al que le había dado tiempo de recoger la escopeta recortada, apuntar a Freddy y apretar el gatillo, pero curiosamente no acertó al cazador de huracanes, sino que rozó la pata trasera de un hurón también hijo de puta y ladrón que pasaba por allí. El hurón no se lo pensó dos veces antes de lanzarse a la cara del ladrón mentiroso, y esto atrajo la atención de un alce de astas plateadas que estaba persiguiendo anteriormente al intrépido animal, y que no iba a desistir en su caza. Las plateadas astas del alce atravesaron el pecho del ladrón ante la perpleja mirada de Freddy y Bastarda, que no tenían ni idea de qué estaba pasando. Después de arrancar con sus dientes al hurón de la cara del hijo de puta ladrón mentiroso, el alce se alejó del cazador y de la niña; al parecer solo estaba interesado en cazar al hurón. A cada cual con su caza.

Escisión bastarda 7. Camino a casa de la Abuelita

Freddy y Bastarda se llevaron bien enseguida. A ambos les gustaban los brownies con LSD y las películas de Bröm Calandrön, que es como el Leslie Nielsen de Mose. El cazador le prometió a la niña que la escoltaría hasta la casa de su abuelita, pero antes debían ir a casa de su madre, que también vivía por allí. Tenía una corazonada y quería sincerarse con ella antes de que llegara lo inevitable: que uno de los diez o doce huracanes que cada día arrasa el bosque se la lleve por delante.

Pero cuando llegaron a la cabaña ya era demasiado tarde: el Huracán Serendipia ya se la estaba llevando por delante. La corazonada de Freddy era correcta, y las posibles consecuencias se materializaron: su madre había sido limpiamente despellejada por el huracán, y su piel colgaba encajada en el sofá ondeando al aire con la fuerza del huracán como si fuera la bandera más grotesca que jamás se hubiera visto en un cuento de hadas, o el envoltorio de un chicle flotando sobre una rejilla de metro, si hubiera metros en Mose.

-“Mamá” –le gritó Freddy el Prenda al huracán. –“Sé que me odias y que has muerto odiándome porque maté a tus nietas, pero… sólo quería que supieras que… simplemente las maté porque te hacían feliz… y yo no podía soportar verte feliz… ¡Ahora si me disculpas, este huracán huele a pellejo de vieja pasado de fecha! ¡Me voy en busca de otro huracán que huela mejor! ¡Sé que no te ha importado nunca, pero voy a encontrar al huracán del olor perfecto!” –se dio la vuelta y miró a la niña pequeña –“Pequeña Caperuza Bastarda, ¿te quedan brownies de LSD? Sé que me dijiste que eran para tu abuelita, pero por uno no va a pasar nada, no se va a morir de hambre y yo… yo necesito un descanso de verdad”

Escisión bastarda 8. Brownies

El hombre de la cara de tentáculo avanza hacia la casa de la Abuelita. Mientras, Freddy se relame los labios porque siempre le ha encantado el sabor del LSD y no quiere desperdiciar ni la más remota pizca del brownie que la niña le ha regalado. Por otra parte, Bastarda se toma otro brownie de un bocado, y luego otro más. No importa, piensa, pues de todas formas siempre suele comerse al menos la mitad de la bolsa de camino a casa de su Abuelita para que las palizas por habérselo comido le duelan menos; es un círculo vicioso que nunca cesará porque lo cimienta una adicción muy temprana a un alucinógeno muy potente.

El caso es que cuando el cazador de huracanes y la pequeña niña de caperuza bermellón se encuentran a pocos cientos de metros de la cabaña de la Abuelita, empiezan a subirle las drogas y nada parece real. Lo típico: Freddy siente que es Hitler e intenta apuñalarse el pecho con un ramo de flores que cree que son un cuchillo para detener la Segunda Guerra Mundial, y ésta alucinación sí que es un pasote porque esa guerra ni siquiera ocurrió en el planeta en el que él vive… Caperuza Bastarda gestó una idea horrible en su cerebro: que ella era la reina de un enjambre de hombres-abeja que la obedecían en todo, pero ella sólo quería más y más miel de LSD y al final acababa viendo como se volvía tan grande y gorda como los tres soles, y éstos la achicharraban hasta la muerte…joder, Bastarda estaba tan drogada que incluso sus alucinaciones tenían alucinaciones…desde luego se había pasado con los brownies. Después les pareció ver a una especie de hurón de color naranja con pequeñas astas plateadas que les hacía gestos con una pata, como queriendo decirles que debían seguirle. Le siguieron a través de una cueva oscura llena de cedros que gritaban tormentosos, como si fueran las almas de todas las personas que han perecido en ese bosque a causa de los huracanes tan recurrentes.

Freddy y Bastarda siguieron al hurón hasta que éste les llevó a la casa de la tan temida Abuelita. El hurón subió por el pantalón de un hombre con traje formal, luego siguió subiendo y desapareció en la manga de su camisa. Donde debía estar el rostro de esa persona había un tentáculo largo y viscoso que ascendía hasta el cielo. Después de proferir un alarido que parecía demasiado real y horrendo para ser una alucinación, atrajo toda la fuerza del bosque a sí mismo. Un huracán se formó en muy pocos segundos alrededor de esa cosa tentacular, el Huracán Desasosiego.

Escisión bastarda 9. El envoltorio de un chicle flotando sobre una rejilla de metro

Supongo que debe ser un sentimiento complejo y contradictorio. Me refiero, por supuesto, al hecho de que un huracán destruya a tu Abuelita, que es además tu ser más odiado. Por una parte, imagino, debe de ser un alivio porque se acabó el odio, pero por otra parte es tu Abuelita, y por muy pesada que sea la carga, la familia siempre lo es más. Así que Bastarda no sabía ni cómo sentirse en ese momento en que el Huracán Desasosiego estaba a punto de destruir la cabaña que asiduamente había estado visitando y temiendo durante más de la mitad de su vida. ¿Debía sentirse aliviada? ¿Debía sentir dolor? ¿Debía sentirse hambrienta o furiosa? Lo único que estaba claro en la mente empapada de LSD de la pequeña niña, es que quería coger a ese hurón tan raro y cocinarlo en una barbacoa.

Freddy, en cambio, sí que tenía claro lo que quería hacer. Una especie de aroma lo estaba hipnotizando mágicamente desde que vio al hurón. Se dirigió hacia el hombre-tentacular-huracán corriendo tanto como le permitía el ciegazo que llevaba. La silueta-tentacular de dentro del huracán se giró a ver qué pasaba, antes de llegar a la cabaña.

-“¿Qué haces? ¿Quién eres tú? ¿Acaso no eres consciente de mi poder destructivo? ¿Para qué si no te interpones en mi camino?” –le preguntó el huracán.

-“Para olerte mejor” –respondió Freddy mientras se abalanzaba contra el huracán. En un acto de coraje y determinación sin igual, logró abrazar al hombre-tentáculo en el centro mismo del Huracán Desasosiego, y lo que olió fue sin duda la sinestesia perfecta. Una inefable sensación de nihilismo deslumbrante, una supremacía legendaria sobre todos los que alguna vez se rieron de él. Pero esta sensación no duró mucho, pues la fuerza del huracán despellejó la piel de Freddy de cuajo y la dejó flotando por ahí como el envoltorio de un chicle flotando sobre una rejilla de metro; mierda de holística, para odiarse tanto, madre e hijo murieron dejando la misma imagen espectral. Las vísceras, intestinos y restos mortales de Freddy dieron un último baño de sangre póstumo a las criaturas del bosque: menudo prenda el tío, vaya suerte la suya…

-“¿Y tú, niña pequeña de caperuza bermellón?” –preguntó el hombre-tentacular extraño a nuestra protagonista-“¿No quieres interponerte en mi camino, o acaso no te importa que me lleve por delante a tu Abuelita?”

-“Llevo un rato pensándolo” –respondió Caperuza Bastarda“La verdad es que creo que no me importa demasiado, ¿sabes? En fin, quiero decir…si eso te hace feliz…allá tú con tu rollo…”

Escisión bastarda 10. Y vivieron bastardos y no comieron más naranjas

El Huracán Desasosiego no daba crédito a lo que oía. No podía creer que a la niña no le importara la vida de su Abuelita. Esa apatía misantrópica hacia los demás le dejó pasmado.

-“¿A mi rollo, dices? ¿Cómo que a mi rollo?” –quiso aclarar.

-“A tu rollo, sea cual sea” –respondió la niña de la caperuza bermellón.

-“Mi rollo es destruir vidas humanas para prolongar mi vida y aumentar mi poder; después, seguir absorbiendo más y más vidas hasta que no exista un mañana” –espetó el Huracán Desasosiego, en un exabrupto sincero.

-“Pues adelante con tu rollo. Te respeto, tío. Incluso me parece que el tentáculo que te cuelga del careto tiene cierto atractivo” –esto ya fue demasiado. Nunca nadie había encontrado atractivo su tentáculo, de hecho todos lo consideraban asquerosamente innecesario. ¿Y ahora qué? Ahora una niña pequeña y apática le había dejado prendado y sin palabras.

Caperuza Bastarda le sonrió. El huracán le devolvió la sonrisa y ambos pasaron por delante de la cabaña de su Abuelita destruyéndolo todo y reduciéndolo a una masa informe de sangre, ruinas con manchas de sangre, el cadáver sangrante de su abuela, etc. Las cosas nunca fueron mejor para Bastarda, que acabó casándose con el Huracán Desasosiego y teniendo tres hijos híbridos entre humano, huracán y pulpo llamados Jordan, Flubber y Martin. El Holismo dejó de perseguirla, y entre los tres hijos y su papá redujeron a cenizas gran parte de Mose mientras Bastarda se dedicaba a mirar y sonreír con altivez. Nunca le fueron mejor las cosas a Bastarda, hasta que un día un extraño aroma a pegamento la atrajo hipnóticamente hacia una carretera y un enorme camión lleno de naranjas la pasó por delante.

FIN

Habitación vacía

“Though thou loved her as thyself,
As a self of purer clay,
Though her parting dims the day,
Stealing grace from all alive;
Heartily know,
When half-gods go,   
The gods arrive”
Give all to love
Ralph Waldo Emerson

 

I

El cosmos al fin se pliega sobre sí mismo. A menos de medio minuto de la destrucción total del universo, Jeff decide fumarse su último cigarro allí mismo, de pie en el trozo de roca que orbita alrededor de la última Luna de B’tre’hg-9, último planeta superviviente del Universo-2, ya prácticamente extinto. Y tira el paquete vacío de Camel al suelo rocoso. Qué más da. A quién le va a importar a estas alturas apocalípticas si Jeff es el último ser vivo de la existencia.

II

La llama de su mechero le trae hermosos recuerdos: de repente es transportado por unos ángeles negros que le llevan en volandas a Cjor, su ciudad natal, en un planeta cuyo nombre consta de tantos números que la gran mayoría de sus habitantes lo han olvidado. Allí en Cjor, los edificios se erguían orgullosos hacia el cielo con afiladas agujas que rasgaban las nubes color malva; la población de los numerosos parques del centro de la ciudad consistía en copiosos intentos de recrear criaturas que habían avistado con sus telescopios alrededor de toda la galaxia: perros deformes sin orejas, smelplux de color naranja oscuro, dragones del desierto sin trompa, etc. El eslogan de la ciudad era “Un lugar para disfrutar, un lugar para ser disfrutado”, y ciertamente ningún habitante o turista de Cjor podría haber afirmado jamás que el eslogan no le venía como anillo al serso -salvo, por supuesto, cuando el planeta se plegó sobre sí mismo y se vio reducido a un montón de nada arrugada.

III

“El momento que fue el momento”, así es como lo llama. Así es como Jeff se refiere siempre a la oportunidad para cambiar su vida que desaprovechó por completo aquel 45/7 de Höpf. “El momento que fue el momento”. Le gusta porque suena trascendental y metafísico, aunque se esté refiriendo al momento más doloroso de su vida, y el que le ha causado más remordimientos y quebraderos de cabeza.

IV

El momento que fue el momento. Sí. Tan sólo mencionarlo hace que le duela la entreingle y le hierva la blangre.

V

Su esposa se llamaba Zíx’k, y murió al día siguiente de su boda, por complicaciones debidas a que su cabeza fue golpeada repetidas veces contra la pared cjoriana por Jeff. Jeff no tenía la culpa: Zíx’k le dijo que no era suficientemente hombre para hacerlo así que Jeff le demostró su amor. Tuvieron una hija antes del matrimonio, llamada Glor’r, y precisamente fue Glor’r la principal desencadenante, aunque de forma colateral, de ese famoso momento que indudablemente y como bien sabéis, fue el momento.

VI

 Un día, precisamente el 69/0 de Çëpf, durante la celebración anual del culto a la diosa de la incertidumbre -la más incierta de las cincuenta y siete diosas del panteón cjoriano-, la pequeña Glor’r se acercó demasiado a la Garganta del Este Infernal de Cjor mientras jugueteaba con las hormigas rojas y estuvo a punto de despeñarse por el mortal acantilado -no mortal por la altura, pues se trataba de una fosa de menos de cinco metros, pero aun así era el acantilado más letal del planeta, pues allí se escondían las temibles serpientes arcoiris-. La pequeña Glor’r habría perdido la vida esa tarde del 69/0 de no haber sido por Jamelga, una mujer bella y esbelta a la que le apasionaba el bondage.

VII

El momento en que su preciosa princesita casi es devorada por un nido de serpientes camaleónicas que lanzan chorros de veneno opiáceo por los ojos. El momento que fue el momento.

VIII

 Jamelga era una anoréxica bielozi’ma y hippie de alma, pero no de aspecto -aunque sus cabellos eran de colores-. De blangre caliente y con la cabeza bien amueblada, Jamelga se acercó a Jeff y le envió una indirecta. Pero el caso, queridos míos, es que Jeff no es un personaje con la cabeza bien amueblada; como protagonista no es más que un patata insensible y con mala suerte, y su historia es sólo interesante por lo que es, no por quien él es; y un parguera como Jeff, por supuesto, no iba a recibir, aprehensiblemente hablando, ninguna indirecta de ninguna mujer en ninguna de sus diferentes vidas -pues los cjorianos, sabedlo desde ya, tienen diecisiete vidas-.

IX

Mientras, cerca de La Caleta, un chico oriundo de Trebujena, Capital del Mosto, suspira profundamente y agarra el enciendellamaradas con sus sersos fríos por culpa del invierno que vino antes de tiempo. Enciende el objeto de papel que sostiene en su boca, se rasca la entreingle durante unos diez segundos y luego vuelve a teclear como una máquina autosesgomática-ipsométrica en su ordenador de cecina de ternera. Sé que no viene a cuento y que no es realmente posible porque no se conocen, pero este chico está empezando a gestar una malsana animadversión hacia Jeff, nuestro protagonista, así que es muy posible que este relato no acabe bien para el pobre desdichado.

X

 Jamelga, como decía, no vio ninguna respuesta en su acercamiento romático, así que alzó el vuelo literalmente y Jeff nunca la volvió a ver. Mientras Jamelga desaparecía en el pico de un temible mastuerzo de miel -pájaros colosales de color miel que cazan serpientes arcoiris, supongo que confundirían el cabello de Jamelga con un asqueroso nido-, Jeff solo pensaba una cosa.

XI

Este era el momento que era el momento. Y lo he perdido. Mi momento que fue el momento ha desaparecido en la garganta gigante de un pajarraco absurdo.

XII

Dilo y haz que los demás también se sientan desdichados o cállatelo. Como dice el antiguo adagio bielozi’mo, “para medir la pleitesía de los cielos no hay que fijarse en la anchura del Sol, sino en la largura de las nubes”. Esa frase encerraba algún significado secreto sólo para Jeff, estaba seguro, pero no sabía el qué. Así que sin pensarlo mucho, como una máquina autosesgomática, agarró un cuchillo con sus sersos fríos y lo clavó en la bugía lateral de Glor’r, justo entre ojo y ojo, a unos cinco centímetros cjorianos de donde empezaría su cerebro exterior.

XIII

Glor’r estaba muerta. El momento llegó y se fue. La vida después de aquello no fue mucho más fácil, aunque al menos Jeff no tenía ya esa responsabilidad sobre sus hombros. Ahora, sentado sobre el cráter de la última Luna de B’tre’hg-9, por fin piensa en ello y recapacita. No, aquello no estuvo bien.

XIV

 Y ahora, creo recordar, es donde las cosas empiezan a ponerse abstractas. No me llega la memoria a tanto por esto de la vejez senil, pero era un faisán de color mierda, estoy casi seguro. Era un faisán de color mierda con un nombre acabado en “-ardo”, y provocó un caos total en el mundo de Jeff -para que nos entendamos, algo parecido a lo que Disney hizo con Marvel-. Dijo algo de unas absurdeces ipsométricas sin sentido y de repente el mundo estaba patas arriba. Las paredes cjorianas ya no eran paredes: eran serpientes arcoiris; el faisán se transformó en una señora pelirroja muy muy vieja con millares de arruga; “soy Zíx’k, pero tú no eres Jeff. Y es una lástima porque llevo cincuenta y siete millones de años sin echar una cana al aire”. Entonces la vieja pelirroja estalló en un montón de serpientes arcoiris que se unieron a sus compañeras en las paredes. Las paredes rotaban y sus ángulos se multiplicaban; en un momento, la habitación en la que se encontraba, el comedor de su casa, ya no tenía nada que lo uniera a sus antiguos recuerdos del comedor. Cubos, pirámides, rombos y demás desfases no euclidianos se manifestaban por doquier y Jeff no podía pensar otra cosa que: “¿Pero dónde está mi filete con patatas?”

XV

 El techo también decidió venirse abajo como el que no quiere la cosa. Era de madera, y dejó al descubierto un vórtice brillante y aterrador -como un cotillón- que se lo estaba tragando todo a su paso, incluidas las nubes de color verde-tóxico tan bonitas que por allí pasaban. El cielo era de color violeta y parecía tener un matiz difuminado de color plateado, como una fotografía que alguien ha hecho una bola por despecho pero luego se ha arrepentido porque ha sentido en su bugía lateral el hechizo de la diosa del enchochamiento severo. “Son las Tierras Fantasma”, dijo un mastuerzo de cacao que se posó oportunamente en una viga del techo al descubierto; su plumaje era atraído hacia el vórtice, pero estaba bien agarrado con sus zarpas. “Es un nexo con los otros mundos. No deberías pasar por allí. Además, ¡eeeeeek! Es allí donde guardan el botón para destruir el universo”.

XVI

Lo volveré a repetir varias veces para darle dramatismo. El botón para destruir el universo. El botón para destruir el universo. El botón para destruir el universo. El botón para destruir el universo. El botón para destruir el universo. El botón para destruir el universo. El botón para destruir el universo. El botón para destruir el universo. El botón para destruir el universo. El botón para destruir el universo. El botón para destruir el universo. El botón para destruir el universo. El botón para destruir el universo. El botón para destruir el universo. El botón para destruir el universo. El botón para destruir el universo. El botón para destruir el universo. El botón para destruir el universo. El botón para destruir el universo. El botón para destruir el universo. El botón para destruir el universo. El botón para destruir el universo. El botón para destruir el universo. El botón para destruir el universo. El botón para destruir el universo. El botón para destruir el universo. El botón para destruir el universo. El botón para destruir el universo. El botón para destruir el universo. El botón para destruir el universo. El botón para destruir el universo. El botón para destruir el universo. El botón para destruir el universo. El botón para destruir el universo. El botón para destruir el universo. El botón para destruir el universo. El botón para destruir el universo. El botón para destruir el universo. El botón para destruir el universo. El botón para destruir el universo. El botón para destruir el universo. El botón para destruir el universo. El botón para destruir el universo. El botón para destruir el universo. El botón para destruir el universo. El botón para destruir el universo. El botón para destruir el universo. El botón para destruir el universo. El botón para destruir el universo. El botón para destruir el universo. El botón para destruir el universo. El botón para destruir el universo. El botón para destruir el universo. El botón para destruir el universo. El botón para destruir el universo. El botón para destruir el universo. El botón para destruir el universo. Ni repitiéndolo cincuenta y siete veces pierde la gracia, oigan.

XVII

A Jeffrey-Randall Auster la idea de un botón para incinerar el universo, o destruirlo o lo que fuera, le parecía irresistible, por supuesto, así que se acordó de la anchura del Sol y la largura de las nubes y todas esas idioteces que le contaban sus abuelos sobre sistemas métricos celestiales y, sin pensarlo dos veces, saltó intempestivamente a las paredes-serpiente arcoiris. Trepando por ellas y haciendo caso omiso del veneno opiáceo que le lanzaban, se agarró al mastuerzo y éste emprendió el vuelo. Como pudo, Jeff se encaramó hasta el pico y se metió dentro -había espacio de sobra para él y para una fiesta con ambiente y mozas de buen ver, pero estaba solo; con migraña, a punto de precipitarse por un vórtice aterrador y completamente solo. Vaya vida esta. Vaya momento para…

XVIII

…y entonces fue el momento. “El momento que tampoco fue el momento”, como aún lo recuerda Jeff en el cráter de la Luna de B’tre’hg-9, con medio cigarro por fumar y a unos diez segundos de la completa desaparición de todas las cosas que existen. “Ese momento tampoco fue el momento. Tuve dos momentos. Y dentro de poco ya no existirán los momentos, literalmente”.

XIX

Fue justo en ese momento, cuando Jeff terminó de acomodar su bugía lateral en la parte delantera de la lengua del mastuerzo, cuando se quedó pasmado ante la mirada de una mujer a la que no esperaba volver a ver. Jamelga, acomodada también dentro del pico del mastuerzo que se la llevó, lo miró desde la lejanía. Era una segunda oportunidad sin duda, un segundo momento. Pero ya sabéis que el momento que no fue el momento no tendría tal nombre si de verdad lo hubiera sido, así que no hay oportunidad posible, y Jamelga envió un gesto feísimo con sus sersos a Jeff -gesto que sí aprehendió al instante- y se lanzó del mastuerzo en busca de la gravedad fría y asesina. Jeff no lo pensó mucho, no quería deprimirse. Simplemente se acurrucó dentro de la garganta del pajarraco absurdo y esperó. Esperó hasta que el pajarraco le llevó hasta el centro mismo del universo. Y allí estaba, sobre una mesa de despacho que flotaba parsimoniosamente en el vacío ipsometroide. El botón para destruir el universo.

XX

Ya no queda apenas nada a lo que sostenerse en la Luna del planeta B’tre’hg-9. Mientras sus piernas se pliegan sobre sí mismas y su cerebro exterior se petrifica, Jeff hace un movimiento especial con sus sersos y lanza la chusta del cigarro hacia la Eternidad Fantasma. “Joder, debí haber aprovechado ese momento que fue el momento”. El agujero de su ombligo fue el último estertor de materia del Universo-2.

XXI

Fue entonces el momento perfecto para que naciera el Universo-3, que también tuvo muchos momentos especiales. Pero esa es otra historia.

El ataque de los vampiros transexuales del espacio exterior.

 

(Escena 1. Empezamos con varios planos detalle rápidos al son del Amazing grace cantado por el Soweto Gospel Choir: unos pergaminos con garabatos incomprensibles, en uno de ellos hay un boceto de un monstruo gigantesco con alas y cabeza de calamar destruyendo una ciudad y unas letras que dicen “distruzione finale”, en otro hay diseños de máquinas imposibles, y en otro sólo hay dibujos de tetas y penes; unas cortinas de seda rojas; la comisura superior de unos labios escondidos por una bien poblada barba. Luego pasamos a un plano medio largo de Leonardo Da Vinci en su estudio. Mientras sigue la canción, él gira su cabeza y ve que ha entrado en la habitación un varón caucásico de poderosos ojos azulados. Este joven se detiene un momento delante de él, sonríe y se agacha, buscando el miembro del afamado artista, saliendo del plano. Pasamos a un plano americano, y vemos cómo el joven le despoja de sus pantalones, y pasa la mano por delante del miembro, convirtiéndolo milagrosamente en una vagina. Levanta la mirada buscando la aprobación de Da Vinci, que asiente con una sonrisa ruborizada, y entonces, aún al son del Amazing Grace, se marca el cunilingus del siglo. Leonardo Da Vinci gime de placer y sus gemidos se mezclan con el coro. La imagen se difumina. Todo se vuelve translúcido, como si vieras la escena a través de la mampara de una ducha.

En unas grandes letras góticas rojas, se presenta el título de la obra)

EL ATAQUE DE LOS VAMPIROS TRANSEXUALES DEL ESPACIO EXTERIOR.

(Escena 2. Aún mantenemos el Amazing Grace, ahora nos encontramos en los aposentos de Francisco de Goya: un plano general en el que le vemos de espaldas a la cámara, pintando a la Maja. En un arrebato de pasión en slow motion, echa abajo el caballete y se lanza a la cama de la modelo: le pasa la mano por su vagina y la convierte en un falo.  Entonces comienza a juguetear con el falo de la maja desnuda mientras ella se deja hacer. Durante la escena, aparece en la esquina inferior izquierda el nombre del primer capítulo de la película, que va por capítulos porque aunque sea serie B, tiene ínfulas modernoides de película de Von Trier o de Anderson, además de tratarse de un relato y no de una película):

1#El sueño de la razón produce vampiros transexuales.

(Escena 3. Por supuesto mantenemos la misma canción. Ahora nos encontramos con el primerísimo primer plano de Michael Jackson. Sonríe. Mantenemos unos cuatro segundos ese plano. Cambiamos a un gran plano general cenital y vemos que está en una gran cama rodeado de personas desnudas de ambos sexos, pero todos sus sexos están cambiados. Él se levanta en plano entero y sale de la habitación esquivando los cuerpos, casi se tropieza con uno. Entonces, aún en plano entero, delante de un gran y ostentoso espejo, se mira y vuelve a sonreír. Pasa la mano por su sexo y lo vuelve a cambiar: tiene pene otra vez. Se ríe, en voz muy alta, y sus risas se confunden con las voces del coro.)

(Escena 4. Nos encontramos con un plano entero de Eduard Punset, que está a punto de salir de su casa. Entonces, justo cuando él se dispone a abrir la puerta, entra su esposa. Eduard, en un arrebato de pasión, le quita las ropas a su amada. Entonces, en un plano medio corto, vemos cómo Punset convierte el pene de su esposa en una vagina otra vez, y entonces la empuja fieramente contra la pared y le hace el amor, ya en un plano americano, al son del Amazing grace.)

(Escena 5. El coro de Gospel se desvanece gradualmente. En su lugar tenemos los sonidos de la naturaleza: el viento cortando la hierba, unos grillos. Varios planos detalle rápidos: un perro rascándose las orejas con la pata trasera, un molino medio derruido en lo alto de una colina, unos gatos jugueteando en un huerto. Pasamos a un gran plano general: una granja, la típica granja de madera chapuza del sur de EEUU, probablemente Texas o Louisiana, con su porche y su mecedora con un señor corpulento meciéndose mientras limpia su escopeta y mastica una rama de trigo sin tragársela nunca. Ya en un plano general, vemos con mejor detalle que el señor, de unos cincuenta y vestido con un viejo peto azul despintado y una camisa de franela roja debajo, tiene a su lado a otro perro: un border collie con un collar que dice Trueno. Volvemos al gran plano general, esta vez la parte trasera de la granja. Una estela de fuego blanco cruza el horizonte y desaparece bajo las montañas cercanas. Una leve iluminación tras estas montañas sugiere que la bola de fuego ha tocado tierra. Que ha encontrado su destino.

-Joe: (en el mismo plano general de antes, Trueno se levanta rápidamente y se dispone a salir del porche en busca de respuestas) “Tranquilo, chico. No seas tan ansioso.” (Se levanta, escopeta en mano) Iremos juntos a mirar si te sientes mejor, pero seguro que no es nada”. (Primer plano del rostro de Joe, su mirada de hielo da a entender que ni él se cree lo que acaba de decir).

(Escena 6. Vemos mediante varios grandes planos generales como Joe y Trueno cruzan el valle hacia las montañas, en silencio, escuchando los sonidos de la naturaleza, mientras en la parte inferior de la pantalla van apareciendo con letras góticas los créditos de entrada:

Starring

Tor Johnson as Joseph “Joe” Versallius

Bela Lugosi as Vampyr Alfa

Boris Karloff as Vampyr Omega

Dolores Fuller as The Topless 1

Katrina Uribe as The Topless 2

Lisa Carver as The Topless 3

Vincent Price as Dr.Aleksandr Senior

Leslie Nielsen as Nikolai Nikonov

Duke Moore as Aleksandr Junior

Loretta King and Tony McCoy

as Annacletta and Annacletto

Lon Chaney as The Wolf Dude

Vampira as Michael Jackson

Clancy Brown as

The mysterious man that came in the name of love

And Constantino Romero

as the voice of awaken Cthulhu.

(Escena 7. Gran plano general del clásico O.V.N.I de toda la vida, de unos diez metros de radio, y otros diez de altura. Se ha estrellado en tierra, y un aterrizaje aparentemente muy forzoso lo ha destrozado por completo: humo, fuego, varias partes del vehículo se han venido abajo… se nota que es una imagen de croma cutre. En plano general vemos que Joe y Trueno se acercan a curiosear, y entonces se abre una compuerta del O.V.N.I. De esta compuerta sale un anciano, vestido con una bata de laboratorio, con su bigote y barba de chivo canosos, seguido por dos señores en traje de chaqueta: el que va delante lleva el pelo moreno corto engominado hacia atrás, una pajarita y camisa blancas y sonríe, el que le sigue parece bastante mayor, su pelo canoso también está engominado hacia atrás, tiene ojeras, un semblante invariablemente serio y una corbata de franjas diagonales monocromática. Detrás de este señor, salen tres chicas de bellos cuerpos, desnudas de cintura para arriba, con los ojos tapados por una venda negra. Por último, al final de todos, sale un hombre de mediana edad, también engominado hasta las trancas, vestido con un traje de chaqueta, con corbata y con un bigote de dandy; sonríe, y tira de una cuerda. Vemos que la cuerda está atada al cuello del último en bajar, que aparentemente es la mascota de este dandy: es un hombre lleno de pelos, parece un hombre lobo, y camina a cuatro patas con bastante facilidad. Todos miran al cielo, a los árboles, a Joe y a su perro.

-Vampyr Alfa: (en plano medio. Sonríe, como siempre. Es una sonrisa de superioridad, de altivez) “Chicos, no sé qué pensaréis, pero a mí me gusta. Creo que podemos encontrar aquí muy buenos sacrificios para el…” (Se percata de la presencia de Joe y Trueno: los vemos en un plano medio y luego volvemos a Alfa de nuevo, que se relame los labios dejando ver sus colmillos) “Sí, muy buenos sacrificios, ciertamente…”

-Vampyr Omega: (inexpresivo, serio, en plano medio) “Vamos Alfa, no te exaltes tan rápido, que luego ya sabemos lo que pasa. ¿O no recuerdas que dijiste exactamente lo mismo en Júpiter? ¿Y qué pudimos sacar en claro de allí?” (Su ceño se acentúa) “¿Acaso algo bueno?”

-Vampyr Alfa: (En un primer plano, su sonrisa se acentúa) “Es porque fuimos allí que somos vampiros”.

-Vampyr Omega: (Hace un exabrupto con las manos, una especie de gesto de impotencia o de auto contención, y se acerca a Alfa, encontrándose sus semblantes a pocos centímetros. Serio, invariablemente serio) “¿Algo bueno, acaso? Además no jodas, no somos vampiros por haber ido allí, somos vampiros por tu entera culpa, y lo peor es que pareces plenamente orgulloso de…”. (Mira a Joe y a su perro, los vemos en un plano americano, parecen atentos a la situación, pero también asustados. Luego, volvemos al plano medio de Alfa). “¿Qué demonios estamos haciendo discutiendo en un lugar como este? ¿Por qué no ofrecemos algo a nuestro primer colega oriundo de la Tierra?”

-Aleksandr Sr.: (En plano medio largo, con una sonrisa leve medio escondida por su bigote y perilla de chivo típica de los doctores malvados de toda película de serie B). “Estoy de acuerdo.” (Se acerca a Joe y le pasa la mano por el hombro, como si se tratara de un viejo amigo). “Invitemos a nuestro colega Joseph Versallius a unas bebidas espirituosas, ¿no es así como se dice ahora? Nunca entenderé las modas de hoy en día…” (Joe etá pasmado, ni siquiera puede articular palabra pero vacila al ser empujado suavemente hacia la entrada del O.V.N.I. medio derruido). “Sí, sí… confía en nosotros. Te conocemos de toda la vida, Joseph. Somos amigos, y hemos venido en son de pax aeterna… quiero decir…”

-Aleksandr Jr.: (Plano medio largo, sujetando la correa del Nota Lobo, le quita a su padre la mano del hombro de Joe y la pone él en ese lugar. Empuja con más fuerza a Joe introduciéndolo en el platillo volante. Aunque Joe es un hombre muy corpulento, está tan absorto que se deja llevar a donde sea, y su perro le sigue, como buen perro). “Lo que quiere decir es que venimos de buen rollo, y te queremos demostrar a ti, por ser el primero que nos hemos encontrado, lo hospitalarios que somos nosotros los trans… transeuntes del espacio” (Suspira, en un primer plano.) “En fin, que no tienes de qué preocuparte, venimos en son de paz…”. (Estas últimas tres palabras se repiten con un eco varias veces mientras se cierran las compuertas del O.V.N.I., en un gran plano general, vemos que todos han entrado, salvo los tres bellezones en topless, que se quedan custodiando el lugar. Vemos en plano detalle que los pezones de la Topless 1 están erguidos por el frío.

-Topless 1: (plano medio largo, tiritando de frío) “¿Vosotras sabéis si nos pagan bien por esto? Es que aún no he visto ni un duro y…”

-Topless 3: “Yo estoy ahorrando para tatuarme en el culo PROPIEDAD DE DRÁCULA, ¿os mola? Así que necesito el trabajo.”

-Topless 2: “¿Soy yo por ser rubia, que pienso tonterías, o acaso no tiene mucho sentido que nos contraten para vigilar las cercanías y nos obliguen a llevar los ojos vendados todo el tiempo?”

-Topless 1: “Eres tú, guapa. Eres la tonta de las tres”.

(Escena 8. Dentro del O.V.N.I. Plano general de una habitación decorada con cuadros rupestres y motivos equinos por doquier: planos de talle de algunos cuadros, de una herradura colgada de la pared, de una cabeza de caballo árabe negro como la noche, con un letrerito dorado debajo que dice “Mi querido, inolvidable amigo Sergei. Mi primera vez.”. Otra vez en plano general, los comensales están sentados: Joe, entre Alfa y Omega, con Trueno a sus pies comiéndose las sobras; Aleksandr Sr. y su hijo, que tiene a su lado, en el suelo, al Nota Lobo restregándose contra su pierna; también hay un chico y una chica al fondo de la mesa, de unos quince o dieciséis años de edad cada uno, vestidos con los mismos colores; ambos son rubios y de cara inexpresiva. La mesa está repleta de manjares deliciosos y todos han empezado ya a comer, con excepción de Joe).

-Aleksandr Jr.: (Sonriente, plano medio corto, habla mientras está masticando) “¿Sabes, Joseph? Puedes comer tranquilo, y dialogar con nosotros si quieres… Ya te hemos dicho y repetido que somos buena gente, que venimos en son de paz, tío. Así que… sé sincero… este sitio mola un pegote, ¿verdad? Si no estuviera medio derrumbado molaría más aún, pero… ¿has visto cómo lo tenemos? De donde venimos también tenemos caballos y nos encantan, es curioso porque hemos intentado imitaros desde hace mucho, y en un montón de aspectos no sólo lo hemos conseguido, sino que os hemos superado.” (Apunta a la cabeza de Sergei) “¿Ves a ese semental de ahí? Bueno… lo que se pudo salvar de él…” (Primer plano de la cabeza de Sergei, mientras se oye a Junior hablando). “Es un caballo árabe. Lo introdujimos nosotros en vuestro planeta hace… buf, siglos… verdaderamente llevamos siglos espiándoos, ¿cómo hemos…? Chicos…” (Su rostro se torna dudoso, mira a Alfa y a Omega) “Chicos, ¿cómo es que hemos tardado tanto en decidir venir? Ya sé que Anacletta y Anacletto tenían que estar preparados pero aun con todo… podríamos haberlo resuelto mucho antes si…”

-Vampyr Omega: (en un plano medio corto, se limpia la boca con un paño y termina de masticar. Invariablemente serio). “Ya vale, Junior. No querrás aburrir a nuestro invitado con estulticias espaciales, ¿no? Queremos causarle una buena primera impresión. Que pase la noche con nosotros, si es posible, y que nos cuente de todo acerca de la Tierra…”.

-Aleksandr Jr.: “Yo sólo decía que si hace siglos hubiéramos estado atentos, ahora mismo estaríamos en…”

-Aleksandr Sr.: (Tajante, serio) “Ya vale, Junior. Aburrirás al Señor Versallius. Y queremos que se quede.”

-Joe: (sin levantar la mirada, su semblante parece estar casi desfigurado por el terror y el desconocimiento de si lo que dijeron al principio, lo de los sacrificios, iba por él. Habla con una voz susurrante, tartamudeando) “Te-tengo… tengo un par de pre… de prepreguntas…” (Y levanta la mano como si estuviera en una clase de primaria. El pobre no sabe ni qué hacer para que no le maten).

-Aleksandr Jr.: “Pues dispara, colega. No vamos a hacerte daño.”

-Vampyr Alfa: (sonriente, relamiéndose los colmillos) “No, a menos que tú nos des permiso para ello, claro.” (Se ríe en voz muy alta, es molesto). “Bromeo, claro.”

-Vampyr Omega: (serio) “Bromea, claro. Es un molesto bromista y un gaznápiro.”

-El Nota Lobo: (primer plano, Junior le ha pasado un hueso y se entretiene con él) “Brrr… brrrrrrr…” (Su boca emite un sonido más parecido al gruñido de un perro que a una frase comprensible). “¡Brrrr… omista! ¡Brrrromista!”

-Aleksandr Jr.: (primer plano)“¡Vamos! ¡Dispara!”

-El Nota Lobo: (primer plano, suelta el hueso) “¡¡Brrrrromista!! ¡Brrrrrr Brrrrrromista!”

-Joe: (Mirándose las rodillas en plano americano) “¡Quisiera saber qué carajo quisisteis decir antes con lo de los sacrificios!” (Levanta la mirada en primer plano y la dirige hacia Aleksandr Senior. Tiene una mirada a medio camino entre el desquiciamiento total y la absoluta decisión, esa mirada que sólo se ve durante los últimos segundos de aquellas personas que saben que están a punto de morir) “¡¿A qué habéis venido aquí?!”. (Volvemos al plano general de todos los comensales en la mesa. Un par de segundos de silencio tenso, y entonces Alfa empieza a reírse. Luego Junior, y le siguen los gemelos, Senior e incluso Omega sonríe y el Nota Lobo se intenta subir a la mesa al ver tanta euforia).

-Vampyr Alfa: (consigue dejar de reírse, se quita las lágrimas de los ojos con las mangas de su traje de vampiro) “Dios, eres de lo que no hay, Joseph. ¿No has oído que soy un bromista? El papel de vampiro se me vino arriba desde Júpiter y no veas… el caso es…” (Se relame los labios) “…que no vamos a hacerte ningún daño.”

-Vampyr Omega: (invariablemente serio) “Eres una persona muy preciada para nosotros.”

-Aleksandr Sr.: (con una sonrisa que se nota de lejos que es fingida) “Y es por eso que queremos que te quedes”.

-Joe : (aún mira a Senior) “¿Y a qué se refería ese… Junior…?” (Lo señala) “¿A qué se refería con lo de venir aquí y… y lo de espiarnos desde siglos…?” (Joe tiembla como si tuviera una pistola en la sien) “¿De qué vais? De… de qué…”

-Aleksandr Sr.: (De nuevo con la sonrisa fingida) “¡Oh, querido Señor Versallius, no tiene usted de qué preocuparse! Lo conocerá todo a su debido tiempo. Y ahora, deléitenos con historias sobre la Tierra. ¿Qué comen actualmente? ¿Qué está de moda? ¿Qué… drogas están de moda? Cuéntenos, por favor, somos muy curiosos…” (Las últimas tres palabras resuenan con un eco mientras la escena desaparece, difuminada en negro).

(Escena 9. Plano general de Joe en el camarote individual del O.V.N.I. que le han dejado para dormir. Está tumbado en un catre sucio, con las manos apoyadas tras la cabeza. Suspira. De pronto se oye un ruido, y se levanta. Es el sonido de un ceremín interpretando la canción “Somewhere over the rainbow”. Joe abre la puerta con cuidado, y la cámara empieza a perseguirle en plano secuencia. Le perseguimos lentamente mientras vemos que, con suma tranquilidad y sin hacer ruido, se acerca al camarote más cercano, y mira por el cristal de la escotilla de la puerta. Entonces pone cara de asco y se aleja; la cámara, curiosa, antes de volver a perseguirlo, mira también por la escotilla: ve a los vampiros Alfa y Omega manteniendo relaciones sexuales, de alguna forma Alfa debe tener vagina, porque Omega está encima de él penetrándolo por delante; la imagen se vuelve doblemente grotesca al son del ceremín. Después de un segundo de esta imagen, la cámara vuelve a perseguir a Joe, que ha encontrado otro camarote persiguiendo a su vez el sonido de ese celemín. Está quieto, agachado, y vemos como abre suavemente la puerta, muy levemente, para escuchar lo que dicen Senior y su hijo).

-Aleksandr Sr.: (Fuera de plano, estamos todo el tiempo viendo a Joe agazapado en la puerta) “Pues sí, querido hijo. Estoy seguro de que lo conseguiremos. Con un poco de ayuda de tu hija Anacletta, claro. Ella es vital. Pero será todo muy sencillo y… y valdrá la pena. Eso es lo importante.”

-Aleksandr Jr.: (Fuera de plano, a él sólo se le oye susurrar) “Sí, sí… la llevo entrenando para esto toda su vida. Ahora que por fin ha llegado el momento de la acción después de tantos siglos siendo meros espectadores… no va a cagarla, estoy seguro. Tiene una voluntad férrea y… bueno, en fin, ¿quién podría fastidiarlo? Alfa y Omega no harán nada, estoy segurísimo.”

-Aleksandr Sr.: “¿Y ese granjero, ese tal Joe? Nos es útil contándonos cosas sobre la Tierra para que perfilemos nuestro plan y será sin duda un buen sacrificio cuando llegue el momento, pero…” (Joe se pone la mano en la boca para impedir gritar o hacer alguna tontería) “…bueno, podemos… liquidarlo antes de lo previsto por si surgen molestias.”

-Aleksandr Jr.: “Que vaa… Le llevaré a una de las topless de ahí abajo, que no se ni para que las tenemos. Que hagan algo por una vez, sí. Y así ese idiota, que no se espera nada, se entretendrá y se mantendrá alejado de mi hija… y podremos disponer de él cuando nos sea preciso. De momento tenemos que ganarnos su confianza… En fin, me voy volviendo a mi camarote, que…” (Joe se recompone y se aleja con cuidado de la puerta, escondiéndose detrás de unas oportunas cajas. La cámara continúa persiguiendole en plano secuencia; en algún momento la cámara se gira para ver que Junior se ha ido por otro lado. Joe sigue su camino en solitario, persiguiendo a ese ceremín que le tiene de los nervios, que le promete algún lugar más allá del arcoiris, algún lugar sin sacrificios ni melodramas vampírico-transexuales. Se acerca al siguiente camarote que encuentra, se asoma a la escotilla y sigue caminando. La cámara también echa un vistazo y vemos una habitación pintada de rosa con motivos florales y una cama vacía; de hecho, la habitación entera lo está. La cámara vuelve a perseguir a Joe y vemos que éste ha encontrado al fin de dónde venía el sonido. La cámara se asoma junto a Joe a la escotilla y vemos al pequeño chico rubio e inexpresivo de la cena tocando el ceremín en su cuarto, que tiene motivos marítimos, como una ballena azul pintada en la pared. Joe se queda unos segundos ensimismado escuchando la melodía, hasta que decide levantarse y volver a su camarote. La cámara vuelve a perseguirle en plano secuencia, esta vez va más rápido, aunque igualmente con sigilo, arrastrando los pies. Cuando abre la puerta de su cuarto, encuentra a la Topless 3 sentada en su cama, desnuda de cintura para arriba y con una cinta tapándole los ojos. La cámara se acerca a la topless y sigue lentamente su figura desnuda, desde las pálidas plantas de sus pies hasta sus majestuosos cabellos).

-Topless 3: “Hola. Te he oído.”

-Joe: (la cámara hace un zoom de las tetas de la topless, y luego se gira y hace un primer plano de la cara de Joe, que sonríe como un niño pequeño en navidad) “Hola. Encantado. Déjame que adivine. Te han ordenado que me satisfagas en todos los aspectos”.

-Topless 3: “Exacto” (Esta palabra resuena varias veces en eco mientras desaparece la escena, difuminada en negro).

(Escena 10. En un plano general vemos a un niño de unos diez años con un revolver en las manos, junto a un hombre de pelo blanco y un caballo árabe negro como la noche. Se pone el Sol, están en lo alto de una colina. Toda la escena es en blanco y negro, y muchos fotogramas parecen dañados, como si se tratara de una escena de una película muy antigua. Asimismo, todas las voces se escuchan lejanas y con eco).

-Nikolai Nikonov: (con tono seco) “¡Vamos, Alek! ¡Dispara!”

-Aleksandr Sr.: (apuntando al caballo, temblando) “¿Pero por qué tengo que hacerlo? ¡Sergei es mi mejor amigo!”

-Nikolai Nikonov: (se enoja, y habla en un tono más insultante) “¡Cyka, Alek! ¡Ya te lo he dicho una miríada de veces! ¡Precisamente porque es tu mejor amigo le tienes que disparar!

-Aleksandr Sr.: (plano medio corto de sus manos temblando como si lo agitasen como una botella de champagne) “No… no puedo, yo…”

-Nikolai Nikonov: (más enojado, hace aspavientos con las manos) “¡Mierda, Alek! ¡Cyka! ¡Si tu hermana aún estuviera aquí, ella… ! ¡Dios, ella salió a mí, tan dispuesta siempre, pero tú… tú has salido a tu madre, que Dios la tenga en la gloria a ella también!”

-Aleksandr Sr.: (en un plano americano, dispara a Sergei al costado, sin dirigirle la mirada. Por un momento, durante un sólo segundo cuando el chico dispara, un fogonazo de luz borra la escena y vemos fugazmente a un hombre engominado con muchas canas, que lleva una túnica blanca inmaculada y un colgante con un medallón metálico con un corazón en relieve; lleva también unos auriculares blancos, y baila con las manos arriba durante unas milésimas de segundo, en un campo con muchas flores. Luego, otro fogonazo de luz barre la escena y volvemos a encontrarnos con el pequeño Alek y su padre, en plano americano) “Yo… soy como tú. Quiero ser como tú. No soy débil. Mataré a quien quieras que mate. Me desharé de lo que quieras que me deshaga, aunque eso incluya renunciar a todo lo que siempre he amado” (Primer plano de su rostro, vemos una lágrima recorriéndole la mejilla izquierda) “Te quiero, papá”.

-Nikolai Nikonov: (Plano medio. Apenas se emociona, habla en tono condescendiente) “¡Oh, Alek! Eso es bonito. Matarías a quien yo te ordenase… Tienes mucho que aprender, querido hijo, pero tienes suerte de tener un padre como yo. Te lo iré desglosando todo a su debido tiempo, tú sólo sigue viviendo, y disfrutando de la vida. Encuentra a una mujer digna y ámala, y… “ (Mira hacia el caballo. Lo vemos en plano entero, tumbado y muerto en el suelo, pero le han empezado a salir unos brotes vegetales por todo el cuerpo, que lo están cubriendo rápidamente. Luego, volvemos al plano medio de Nikolai hablándole a su hijo) “…bueno, a su debido tiempo, tú, querido hijo, serás testigo de la destrucción de este planeta como acto heroico en nombre de los nuestros.” (Volvemos al plano entero del caballo. A estas alturas los brotes vegetales se han adueñado de toda su piel y lo han cubierto por completo. Todo el caballo está hecho completamente de marihuana) “Y será glorioso”  (Otro fogonazo de luz pone fin a la escena).

(Escena 11. Plano cenital de Joe en el catre sucio de su camarote. Se despierta a gritos de su pesadilla. Fuera hay una tormenta. Mira a su lado y se percata de que la vigilante topless se ha ido).

-Joe: (susurrando casi para sí) “Qué cojones… por qué demonios soñaré yo con el viejo chivo ese y con su caballo… yo… y encima ésta se ha ido y no puede animarme…” 

-¿?: (Una voz de hombre surge de algún lugar oscuro de la habitación. Habla en voz bastante alta y parece que le cuesta vocalizar) “El sueño de la razón produce vampiros transexuales, ¿verdad, JJJJJoe?¿Qué tal si yo le animo?” (Un rayo intempestivo deja ver a Vampyr Alfa por un instante, en plano entero, sentado en una silla en medio de la habitación, fumando un cigarro).

-Joe: (da un brinco, asustado) “¡Mierda, Alfa! ¡¿A qué vienes aquí?! ¡¿Qué demonios… quieres?! ¡¡Me has asustado!!”

-Vampyr Alfa: (se levanta de la silla, aún en plano entero. Sonríe. Se queda un momento en silencio y gira la cabeza, como escuchando el sonido de la lluvia) “Te dije que era un br… brromista” (Empieza a reírse muy alto durante unos segundos, luego se detiene, y en primer plano vemos como se relame los colmillos de nuevo con una mirada perdida, de borracho total) “Vengo a… adtervirte…. adtrevirte…”

 -Joe: “Vienes a advertirme. ¿Qué ocurre?”

-Vampyr Alfa: (enfadado) “¡Cálla- ¡hip!-te! ¡Aquí soy yo el que habula! ¡Vengo a amenazarrte, a amedlentarte!” (Le da una calada al cigarro, pero ve que se ha gastado hace ya bastante, y que no queda nada salvo una colilla diminuta. La tira al suelo enfadado) “¡¡Puta mierda de tabaco de humanos!!” 

-Joe: “Vienes a amenazarme. ¿Qué ocurre?”

-Vampyr Alfa: “¡He dichio quetecalles! ¡Y no toques a Anaculetta!”

-Joe: “¿Qué?”

-Vampyr Alfa: “Anaculetta. Eso. Que no la toques. No es pata ri, es para nosotlos.” (Se tambalea, se agarra a la silla) “No se te ocurra tocarla, es pura, y así tiene que seguir.”

-Joe: “Porque es parte de vuestro plan…”

-Vampyr Alfa: “¡¿Cómo demonios… ?!” (En plano medio, desconcertado, intenta hacer unos aspavientos tan exagerados que no puede controlarlos con su borrachera y se cae desapareciendo de la pantalla. Luego se levanta agarrándose a la silla, dolorido) “¡¿Cómo demoniossssabes eso-hip?!

-Joe: (en primer plano de su cara, sonríe, porque está a punto de contar una mentira y sabe que el muy borracho se la creerá). “¡Pero si me lo acabas de decir, cretino! ¡¿Pero qué pasa con ese plan?! ¿Qué pinto yo en él, y Anacletta y los sacrificios…? ¡No me explicas nada!”

-Vampyr Alfa: (de nuevo desconcertado, se rasca los pelos con la mano, agarrado como puede a la silla, balanceándose). “Ah sí, sí. Yo… sssoy un charlatán… No deblería… pero buenoyaquetehecontadoeso… el caso es que Anaculetta… tiene que permanecer pura… ¡essso egs vital, amigo mío!” (Se saca otro cigarro de un paquete que tenía en un bolsillo interior de la chaqueta de su traje negro, y se lo enciende con un mechero, al tercer intento). “Ella tiene que permanecer pura y casta, y su sexo sin edulcorar, para que ssirvla como plimer saclifijo…” (Da varias vueltas bruscas con la cabeza, como si un ente invisible la empujara con fuerza de un lado a otro). “Bueeeno… yo me voy yeeendo ya a la cama antesdeque… se me esclape algo implortante másh y tú… lo malentiendasss… yo… ¡¡No toques a Anaculetta!!” (Y deja el camarote cerrando rápido pero sin hacer ruido).

-Joe: (susurra casi para sí) “¿Qué habrá querido decir Alfa con eso de que la pureza de Anacletta es vital para el primer sacrificio? ¿Acaso la van a sacrificar a ella? Dios, si no es más que una niña… “ (Se acuesta en el catre, da un giro para intentar acomodarse pero le resulta imposible. Otro. Y otro más). “Sea como sea… lo que está claro es que la pureza de  Anacletta es el centro de su plan…”. (La última frase resuena en eco varias veces mientras se difumina la imagen en negro).

(Escena 12. Justo después del eco de esas palabras, empieza a sonar el This little light of mine interpretada por el Soweto Gospel Choir, mientras vemos a Anacletta, sentada en una cama en plano medio largo, convirtiendo su vagina en un pene, en slow motion. Luego vemos a un hombre que se le acerca por detrás y la abraza. Pasamos a un plano americano y vemos al Nota Lobo, que la acaricia y la besa. Toda la escena es en cámara lenta, al ritmo del coro. Ambos se acarician sus cuerpos y Anacletta cambia de postura. Se pone encima de él y lo toma por detrás. En algunos momentos los planos americanos de cópula explícita son interrumpidos por primerísimos primeros planos de los sudorosos rostros de los enamorados, y por planos detalle del pequeño camarote que sirve como caseta del perro: un cuadro con una foto del Nota Lobo cuando era adolescente, en un páramo desértico, con otros dos adolescentes con mucho vello y pelo; una mesilla con una lámpara con forma de hueso de alita de pollo; la parte inferior de un armario, mordida y la madera casi cedida. Después de un par de minutos de estas escenas al son del coro, aparece en la parte inferior izquierda de la pantalla el título del segundo capítulo de la obra, en letras góticas rojas):

2#La insoportable levedad de ser un vampiro transexual.

(Después de desvanecerse el nombre del capítulo, el desenfreno sexual zoófilo continúa de muy variadas formas hasta que acaba la canción y entonces todo desaparece con un difuminado negro).

(Escena 13. En el camarote de Joe, éste se despierta de su cama en plano medio largo. Se queda unos segundos callado, pensando, con las manos agarrándose la nuca. Luego, se pone la ropa y sale de la habitación lentamente. En el pasillo todo está tranquilo y en silencio sepulcral, hasta que Joe se encuentra con el chico que estaba tocando el ceremín la noche anterior, el gemelo de Anacletta).

-Anacletto: (plano medio corto, su cara es apática. Lleva un pijama a rayas verticales monocromáticas y su pelo corto dorado está despeinado) “Buenos días, señor Versallius. Nos acompaña a desayunar, ¿cierto?”

-Joe: (primer plano, está sudando, mueve sus labios de forma extraña, como queriendo contenerse unas palabras que provocarían problemas) “Ehm… sí… supongo que…” (Entonces, en un plano americano, vemos como Joe da un par de pasos hacia atrás y coge una lámpara con forma de lágrima que estaba sobre una mesilla en el pasillo, y golpea con ella a Anacletto en la cabeza. Luego, sale corriendo. La cámara le persigue rápidamente mientras cruza los pasillos y mira en todas las ventanas de los camarotes. Entonces, entra en uno, en el de las topless. La cámara sigue en plano secuencia, tras Joe. En la habitación sólo están Topless 2 y Topless 3. Joe agarra fuertemente a su querida Topless 3).

-Joe: (nervioso, plano medio largo mientras la agarra a ella con ambas manos) “Tenemos que irnos, querida. No hay tiempo para explicaciones, y yo puedo darte una vida mucho más feliz de la que tendrás aquí entre transexuales chupasangre. Mereces algo más. Me mereces”.

-Topless 3: (primer plano, sonríe y se acerca al rostro de Joe) “Te merezco. Sólo me metí en este trabajo porque necesitaba dinero para hacerme un tatu en el culo. Pero eso ahora no importa. No, ahora que te he conocido”.

-Topless 2: (plano medio largo, está sentada en su cama) “¿Soy yo por ser rubia, o él es un machista egocéntrico, y tú estás demasiado enamorada para acabarlo de conocer?”

-Joe: (plano general, sigue agarrando a Topless 3 por ambas muñecas como si se le fuera a escapar. Sonríe y mira a Topless 2) “Eres tú, guapa. Eres la tonta de las tres” (Luego, dirige la mirada a su Topless 3, y en plano americano, se marca el morreo pertinente). “Tenemos que largarnos, nena”. (Salen de la habitación, y la cámara empieza a seguirlos de nuevo en plano secuencia)

-Joe: (cruzando el pasillo, lo vemos de espaldas, mientras tira de su amada) “Tenemos que darnos prisa, cariño. He dejado K.O. al pequeño Anacletto. Tenemos que desaparecer”.

-Topless 3: (su voz suena asustada y nerviosa, pero también puede deberse a que están cruzando por los pasillos del O.V.N.I. a toda prisa casi sin saber a dónde van) “¡¿Pero qué has hecho, chiflado?! ¿Acaso tienes idea de cuál es el poder de esos transexuales chupasangre, como los llamas?” (Se detiene, y hace detenerse a Joe y a la cámara también). “¿Sabes lo que has hecho? Se van a vengar de ti. Van a ir a por ti… toda la hospitalidad que te mostraron ayer, desaparecerá hoy derribada por un puño de acero y de sus cenizas resurgirá un odio que…”

-Joe: (interrumpiéndola bruscamente, casi enojado) “Vaya, no sabía de tus metáforas y de tus discursitos con moralina cuando te compré” (Primer plano, sonríe).

-Topless 3: (plano medio, con cara de duda, como de sarcasmo) “¿En serio? ¿Ahora? ¿Quieres tener nuestra primera discusión de pareja mientras huimos de unos vampiros transexuales que si nos pasan la mano por la entrepierna nos cambian de sexo?”

-Joe: (con cara de decisión, plano medio. La agarra de nuevo y siguen caminando mientras la cámara les sigue en plano secuencia) “Tienes razón. Prioridad, salir de este maldito cacharro. Si no me equivoco, mi escopeta debe seguir ahí fuera, donde se me olvidó anoche. Al menos así tendremos algo con que defendernos”.

-Topless 3: “Buena idea…”

-Joe: “Luego ya en mi cabaña al otro lado de la colina, tendremos tiempo para discutir y hacer el amor frente a la chimenea. Además, tengo muchas más armas allí. De todo tipo, incluso una Bazuca. Las he ido consiguiendo con el paso de los años, destrozadas, y yo las arreglaba. Mi padre me enseñó cuando era pequeño, era un… un coleccionista y un auténtico manitas…”

-Topless 3: “Ya… Yo no conocí a mis padres. Pero eso que dices de hacer el amor frente a la chimenea suena bien” (Y mientras siguen cruzando los laberínticos pasillos, asomándose primero en cada esquina por si se encuentran con algún vampiro transexual, las imágenes desaparecen con un rápido fundido. Y pasamos a la siguiente escena).

(Escena 14. Vemos en un plano medio largo al Nota Lobo y a Anacletta tumbados en la cama de la habitación del Nota. Anacletta está desnuda y tiene su cabeza contra el pecho del licántropo. Una sábana le tapa el sexo. El Nota se despierta y, aún medio adormilado, le da una cachetada a Anacletta en la cara).

-Anacletta: (Se despierta, se ruboriza y ríe en voz baja, en ese orden) “Me encanta que me despiertes a hostias” (Suspira) “Ah… lo de anoche fue genial…”

-Nota Lobo: “¡RRRRR….RRRRABIA! ¡RRRABIA!”

-Anacletta: “Sé lo que intentas decir y la respuesta es no. No sufro. Soy masoquista y plenamente consciente de ello. No hay ningún problema en lo que hacemos. No te pasas con los azotes. No llegas, de hecho, adonde me gustaría que llegaras. Y me temo que no lo haces porque te estás encariñando conmigo. Todos piensan que eres un animal y que no tienes sentimientos pero… solo yo veo a través de tus ojos de depredador lobotomizado y… me encuentro a mí misma. Un reflejo del animal que quiero ser…” (Le pasa la mano por detrás de la cabeza a su amado y le rasca la oreja. El Nota sonríe y gime en voz baja igual que si le estuvieran practicando una felación). “No hay ningún problema en lo que hacemos, mientras mi abuelo y mi padre no se enteren de nada”. (Pone su cabeza contra la del Nota en pose romántica y relajada) Te quiero, Nota Lobo” (La imagen desaparece en un fundido en negro mientras las últimas cuatro palabras de Anacletta resuenan en un eco espectral).

 (Escena 15. Ya fuera del O.V.N.I., está todo nublado y no hay rastro de Sol. Joe encuentra su escopeta delante de un matorral que hay junto a un árbol. Entonces, Topless 3 le hace un gesto silencioso, apuntando a la compuerta del platillo volante, y vemos en plano general a Vampyr Omega saliendo de la destrozada nave lentamente. Tras la nave, se ven los pantanos de Louisiana entre la niebla, aunque se nota a lo lejos que es una imagen de croma).

-Joe: (decidido, en plano medio) “Yo me ocupo de él”. (Entonces Joe, escopeta en mano, se esconde tras el árbol y hace gestos a Topless 3 para que haga lo propio en el matorral que tiene delante. Ambos escondidos, pasamos a un plano general de Vampyr Omega alrededor del O.V.N.I., paseándose plácidamente, frío y lento, y mirando siempre a todos lados con el ceño fruncido. Llega el momento en que les da la espalda a Joe y Topless 3 para sacar un cigarro del paquete que tiene en el bolsillo de su chaqueta mientras contempla los pantanos, y entonces Joe aprovecha para salir del árbol e ir a por él. La cámara le sigue lentamente en plano secuencia, y cambiamos a un plano americano en el que Omega se da la vuelta y justo en ese momento, Joe le dispara con la escopeta en pleno corazón, a no más de tres metros de distancia. Suenan unos cuervos de fondo. Vemos un plano detalle del agujero que ha dejado Joe en el corazón de Omega, durante medio segundo. Después de esto, Joe corre a por Topless 3 y ambos se largan lo mas rápido que sus pies les permiten, mientras la cámara les sigue en plano secuencia. Durante un momento, la cámara se da la vuelta y vemos a Omega caer al suelo y desaparecer entre la niebla. Luego, la imagen desaparece con un fundido negro).

(Escena 16. Vemos mediante varios grandes planos generales como Joe y Topless 3 cruzan el valle de vuelta de las montañas corriendo a toda prisa, dirigiéndose a casa de Joe. Escuchamos sus voces y diálogos mientras caminan a través de verdes campos y variopintos paisajes rocosos).

-Topless 3: “Pues sí, y a los dieciocho me fugué del orfanato y me metí a stripper. Entonces, después de una leve pero intensa carrera como modelo para un fotógrafo digital que me descubrió en el Club Nostradamus Orgiae, descubrí esto de vigilante nocturna en un O.V.N.I. que, según la llamada que recibí, se iba a estrellar en tal sitio y a tal hora. Simplemente dije que sí, y lo demás vino solo. Tú, con tu perro y tu escopeta, los vamp…”

-Joe: (con tono asustado) “¡¡Mi perro!! ¡Dios mío, Trueno! ¡¡Lo he dejado allí con esos monstruos!! ¡Dios mío, Dios mío, cuando vean lo que le he hecho al niñato ese y a Vampyr Alfa! ¡¡Lo van a matar, Dios mío, Dios mío!!”

-Topless 3: “Ese niñato se llamaba Anacletto y era un virtuoso del ceremín. Y el vampiro al que mataste era Omega, no Alfa. Ojalá hubieras matado a Alfa, ese cretino de…”

-Joe: “¡¿Te crees que me importa el nombre del vampiro transexual al que he matado o que el niñato insoportable toque lo que sea que dices que toca?! ¡¡Ellos nos habrían hecho lo mismo!! ¿Qué es lo que…? ¿Cuál es su plan? ¿Qué es lo que quieren?”

-Topless 3: “Bueno, he oído cosas a hurtadillas. Anoche, cuando salí de tu habitación porque hablabas cosas raras en sueños. Cosas de un tal Sergei… El caso es que oí parte de una conversación entre Alfa y Omega”.

-Joe: “¿Qué oíste? Dime… tengo que saberlo… tengo que saber qué clase de monstruos tienen preso a mi perro…”

-Topless 3: “Por lo que oí anoche… una clase de monstruos de una galaxia vecina que viene vigilando desde hace mucho cada planeta de la nuestra. Se reprodujeron hace siglos y hay algunos entre nosotros que les ayudarán si es necesario. Creo que buscan un entorno tan lleno de vida y egoísmo que suponga un sacrificio digno para los suyos. Por alguna razón, están obsesionados con los suyos. Los mencionaron varias veces, un sacrificio para los nuestros, nosequé del perdón de los nuestros, volver a nuestras raíces, blablablá…”

-Joe: (con un tono entre la duda y la preocupación) “¿Pero a qué se referían con los sacrificios? ¿Se referían a Anacletta? ¿La van a sacrificar a ella? Si es sólo una niña… y encima su propia hija…”

-Topless 3: (suspira, luego con tono de desesperanza) “Sí, mencionaron a Anacletta… creo que puede que sea el primer sacrificio. El símbolo de la pureza y el símbolo del egoísmo o algo así. Dos primeros sacrificios que no pueden salir mal… Dijeron muchas cosas que no entendí… Pero… Joseph… yo creo que no serán sólo esos dos sacrificios… creo que su plan es… sacrificar a todo el planeta Tierra en nombre de los suyos…”

-Joe: (suspira profundamente, luego con tono decisivo) “Tengo que sacar a mi amigo de allí y luego saldremos de este planeta cagando leches… como sea… tenemos que hacerlo… Lo primero es llegar a la cabaña… allí tengo todo lo que nos hará falta…”

(Escena 17. Dentro de la cabaña de Joe. Gran plano general. Joe está agachado sacando revólveres de un baúl. Tirados por el suelo, vemos MP5s, Berettas, etc. Topless 3 está sentada en un sillón, mirando a su alrededor, aunque no hay mucho que ver, la decoración es simple y el mobiliario, rústico).

-Joe: (En plano medio. Saca del baúl una S&W M500 llena de polvo, y empieza a cargarla. Luego, le quita el seguro, se pone de pie y se la ofrece a su amada) “Ésta es para ti. Es bastante potente, así que tendrás que cogerla bien fuerte con ambas manos” (Sonríe) “Seguro… que después de lo de anoche no te cuesta acostumbrarte…”

-Topless 3: “Muy gracioso” (Agarra el arma con ambas manos, apunta hacia la ventana y dispara. Se escucha un sonido metálico muy fuerte, y luego otros sonidos como de derrumbamiento). “Soy muy buena tiradora, ¿sabes? He tenido mis prácticas…”

-Joe: (Plano medio corto, pasmado) “Te has cargado mi cobertizo, pero bueno… Me alegra saber que puedes defenderte por ti misma… Y encima con vendas en los ojos…” (Vuelve a buscar en el bául, y saca una Colt Python) “Y esta pequeñina es para mí… La Python… siempre me ha gustado como suena… Creo que buscaremos unas cuantas granadas, y con la Bazuca y la escopeta será suficiente… ” (Plano medio largo, Joe se enfunda el arma en una pistolera estilo viejo oeste y le da otra a Topless 3. Se fija en que ella está aún mirando por la ventana). “¿Tú qué crees? ¿Será suficiente? ¿Crees que lo conseguiremos?”

-Topless 3: (con tono agorero, pesimista) “Creo que no tendremos tiempo para pillarlos por sorpresa. Vienen de camino. Los estoy oliendo. Mis sentidos se agudizan. Y traen a tu amigo. Pero huele…”

-Joe: (la interrumpe de nuevo, mientras se acerca y mira también por la ventana. Vemos un plano medio largo de ambos mirando por la ventana, pero no vemos lo que están viendo) “¡Oh Dios! ¡Tienes razón! ¡¡Esos cerdos, mira lo que le han hecho a mi pobre Trueno!! Yo… ¡¡Era mi mejor amigo desde hace muchos años, hijos de puta!!” (Primer plano, unas lágrimas brotan de sus párpados y acuden a sus mejillas. Luego, otra vez el plano medio largo de ambos enamorados mirando por la ventana, viendo venir su perdición).

-Topless 3: (le chista) “¡Que nos van a oír! Ven, vamos a escondernos por aquí a ver si… podemos hacerles una emboscada decente…” (Coge a Joe de la mano y lo arrastra a un escondite detrás de un armario mientras la cámara sigue en plano medio largo. Luego, pone unas cajas por delante de ellos, para hacerlos menos visibles y se agachan). “Así… más o menos… Puede que tengamos una oportunidad…”. (Entonces la cámara vuelve a girar enfocando la puerta, que se abre de una patada. Entran Vampyr Alfa, Anacletto, con la cabeza vendada y una mano en cabestrillo, y el Nota Lobo, con una correa que sostiene el niño. También está Trueno, que flota en el aire moviendo sus patas, y además tiene unos colmillos inusualmente largos y ya no tiene falo: es obvio que lo han convertido).

-Vampyr Alfa: (en plano general en picado de la habitación) “Están aquí. Los huelo. Huelo sangre de mortales”. (Entonces, saca una pistola SIG-Sauer P226 de 9mm del bolsillo interior de su traje de chaqueta y apunta justo al armario tras el cual está escondida la pareja).

(Es entonces cuando por fin comienza la fiesta. Y para acompañar a la primera escena de acción de la película, nada más apretar Alfa el gatillo, empieza a sonar Swing Down interpretado por el Soweto Gospel Choir. Como decía, nada más apretar el gatillo y comenzar la música, ocurren varios acontecimientos rápidos, y todos ellos los vemos a la vez en el plano general en picado: Trueno, a quien no le gustan los sonidos fuertes a lo Aronofsky, flota rápido hasta un lugar seguro en la cocina; Topless 3 sale de detrás del armario y, sin parar de disparar a ciegas todo el tiempo, corre a esconderse detrás de un diván viejo y sucio, Joe sale por la otra parte del armario y se acomoda al lado de una mesilla de noche, acurrucando su cabeza contra la lámpara para protegerse y disparando mientras a sus enemigos; mientras, entre el caótico tiroteo, cruzan el umbral unas diez personas de raza negra: son los integrantes del Soweto Gospel Choir, que se han unido a la fiesta y han decidido que este tema de la banda sonora será un directo. Mientras bailan moviendo sus manos y cantan alegre y armoniosamente, una bala alcanza a Anacletto en la cabeza, y el chico, que estaba de pie indefenso y sin hacer nada, cae al suelo en redondo. Entonces Alfa da un grito, los negros siguen cantando alegremente y el Nota Lobo, a cuatro patas como siempre, va lentamente al cadáver de su amo y empieza a lamerle los vendajes color rojo sangre que tiene en su cabeza. Alfa, indignado, se guarda de nuevo la SIG-Sauer en su chaqueta y, mientras recibe a quemarropa y sin inmutarse todos los balazos que Joe puede proporcionarle, se acerca al diván en pleno caos gospel y agarra por la melena a Topless 3. Joe grita, sale de su escondite detrás de la lámpara y dispara varias veces a la cabeza a Alfa, que sigue sin inmutarse. Las balas no le hacen ni un rasguño. Entonces el vampiro le pasa la mano por la entrepierna a la topless y tras un pequeño destello, sonríe. Joe, más enfurecido que nunca porque sabe lo que acaban de hacerle a su amada, tira su Python al suelo y busca algo más potente en su baúl de los recuerdos. Agarra un MP4 y lanza una ráfaga donde se encontraba Vampyr Alfa, que ya había lanzado a la topless contra la pared con desprecio. La ráfaga no logra hacer ningún daño a Alfa aparentemente, pero sí pone fin a la vida del pobre Nota Lobo, una inocente criatura del señor, que seguía lamiendo las heridas de su amo. La ráfaga también hace que los diez o quince negros se larguen cagando leches, y la música se acaba cuando se van. Quedan solos y en silencio Alfa y Joe, pues Topless 3 está inconsciente en el suelo).

-Joe: (cambiamos a un plano medio largo de ambos apuntándose con sus armas, uno apunta a la cabeza de su enemigo, y el otro, directamente al corazón de su némesis. Ninguno de los dos sonríe; más bien parecen furiosos) “Devuélvela a su estado normal. La amo. No quiero que tenga pene y ella tampoco lo desea. Dejad de cambiar los sexos a las personas sin pedirles permiso. Dejadla como estaba y te prometo que no interferiré más en vuestro plan. Me iré lejos y…”

-Vampyr Alfa: (primer plano) “Pedazo de idiota, no importa lo lejos que huyas, no estarás a salvo de nuestra ira descontrolada. Nunca te alejarás lo suficiente del ataque de los vampiros transexuales del espacio exterior. Además, aún no has interferido realmente en nuestro plan. Los sacrificios seguirán su curso, y sólo has… bueno, sólo has hecho una pequeña purga. Seguramente Alek y el doctor se enojen, pero… en fin, visto lo visto, no demasiado mientras el plan siga en marcha… Además, ya me he vengado y el doctor se reirá mucho cuando se lo cuente. Se trata de una de esas venganzas que son peores que la muerte misma. Pues el humano es simple: solo desea sexo, y si se lo quitas, lo convertirás en polvo estelar a la deriva” (Se ríe en voz muy alta). “Puede que vengamos a poner fin a vuestras inútiles vidas antes de que caiga la  noche, que es cuando llevaremos a cabo el plan, por fin. Siempre que siga nublado. Creo que el doctor cambiará de opinión respecto a lo de que serías un buen sacrificio cuando se entere de la que has liado… Así que si no corres rápido… te… alcanzaremos… Y si corres lo suficientemente rápido… igual tienes suerte y puedes contemplar el fin del mundo con tu novia con pene ¡Feliz apocalipsis!” (Plano americano. Sonríe, coge los cuerpos del Nota Lobo y de Anacletto y se pone uno en cada hombro, luego empieza a flotar, cruza el umbral y se va volando, aunque al ser una película de serie B se notan las cuerdas de hilo transparente que le sujetan. Luego, cambiamos a un primer plano de Joe, que suelta un largo y apasionado bufido y, tras cerrar los ojos y levantar la cabeza un par de segundos, se deja caer en el sofá comido de mierda a descansar por fin. Después, del primer plano pasamos a un  primerísimo primer plano, y vemos como la imagen se va difuminando y poniendo fin a la escena mientras Joe con los ojos cerrados pone gestos de molestia, como si estuviera teniendo una pesadilla).

(Escena 18. Plano general de un salón amplio y poco amueblado. Suena en una gramola Hosanna interpretada por el Soweto Gospel Choir. Luego, plano medio largo de Nikolai Nikonov recostado en un diván rojo frente a la chimenea. La escena es en blanco y negro, con fotogramas dañados como si fuera una cinta antigua. Contemplamos como detrás de Nikolai y sin que éste pueda notarlo, emerge una silueta a la que no le vemos el rostro. Esta persona rápidamente agarra las manos del hombre sentado en el diván y les pone unas esposas, luego, con un movimiento casi imperceptible, engancha las esposas en la pata de madera del diván, dejando a Nikolai con las manos en la espalda tendido en el diván y a completa merced de su hijo, que baja su rostro para encontrarlo con el de su padre; aparentemente debe tener unos veintitantos, pero como son alienígenas, quién sabe. Como hechizado, se monta encima de él y saca un cuchillo que tenía escondido en su zapato).

-Aleksandr Sr.: (plano medio corto, su rostro está como entusiasmado, en contraposición con el de su padre, que parece ser una mezcla de incredibilidad y terror) “Calla, padre, no, no digas nada…” (Su padre intenta hablar pero él le pone el cuchillo en los labios para impedirlo). “No, no, tss, tss… No quiero que me malinterpretes, padre. Quiero… que me escuches y me comprendas, ¿vale? Tú, tú mataste a madre y a mi hermana, y… y crees que con eso ya basta, ya eres lo suficientemente egoísta y el sacrificio saldrá bien, pero… ¡Eso no es así, ¿sabes?! ¡¡Y hay mucho en juego!! ¡¡El respeto y el perdón de los nuestros, maldita sea!! Tú ya eres viejo, y si sale mal y resulta que no hay suficiente egoísmo en ti, todo habrá sido en vano…”

-Nikolai Nikonov: “Es… escucha hijo mío…” (Su rostro es ahora terror absoluto. Sigue sonando Hosanna) “Alek… yo maté a sangre fría a tu madre y a tu hermana… y las amaba muchísimo… ¡muchísimo, maldita sea! ¡¿No es acaso egoísmo suficiente entregarlas al bien común para destruir todo un planeta y que nos perdonen los nuestros?! ¡¿Cómo, si no matando a los que queremos, obligando a los que queremos a que se maten unos a otros, como cuando te obligué a que mataras a Sergei, podríamos demostrar egoísmo suficiente para iniciar la serie de sacrificios?!”

 -Aleksandr Sr.:“Te diré como, padre. Rizando el rizo. Verás, yo te mataré a ti, y luego mataré a mi esposa y a…”

-Nikolai Nikonov: (alucinando, ojiplático) “¡¿Pero qué dices?! ¡Si tu mujer tiene que parir al sacrificio de pureza! ¡¡No sabes lo que estás ha…!!”

-Aleksandr Sr.: “No, no, padre. No hables sin saber. Katia dio luz anoche a la muy esperada Anna. Pero, ¿sabes qué? Mi hija no va a ser el sacrificio de pureza. Se me ha ocurrido algo mucho mejor. Verás, voy a matarte sin miramientos cuando acabe esta conversación, luego mataré a mi queridísima Katia a sangre fría, y justo después, ahogaré a la recién nacida Anna, a la que todos esperábamos impacientes, con un cojín o algo así”.

-Nikolai Nikonov: “¡¿Pero qué majaderías estás diciendo, Alek?! ¡Cyka! ¡Llevamos planeando esto desde…!” (Aleksandr le hinca suavemente el cuchillo en la mejilla para hacer que se calle) “…hace… mucho…”

-Aleksandr Sr.: (tajante, frío, serio) “Lo sé. Por eso mismo estoy tan convencido de que mi idea no puede fallar. Es egoísmo en el estado más puro. Tanto tiempo esperando para que llegue yo ahora y decida por mí mismo que no, que no será mi hija el sacrificio de pureza, que la mataré, y a mi padre, y que no me importa que mi padre matara a mi familia por la causa mayor para nada. Yo soy la causa mayor. Yo soy el egoísmo, ¿sabes padre? Es imposible que esto falle… sí, esperaremos un par de siglos más a que mi hijo Alek crezca, encuentre a una fémina y tenga otra hija… ¡y esa será el sacrificio, ¿entiendes?! Después de que yo mismo le obligue a matar a sangre fría a su mujer cuando dé a luz…” (Nikolai se queda completamente boquiabierto) “¿Lo entiendes ahora, padre? ¡Tanto egoísmo concentrado tiene que ser más que suficiente! Cuando llegue el momento, me sacrificaré, y mi egoísmo trascenderá en algo superior, y… y… ¡Qué demonios!” (Agarra el cuchillo con las dos manos y apuñala a su padre en el corazón, manchándose la camisa blanca con un chorro de sangre que parece una manguera; recordemos que seguimos en una película de serie B. Se levanta, en plano americano, tirando el cuchillo y limpiándose como puede las manos en un mantel de la mesa). “Uf… que asquito…no pensé que fuera como en las películas… en fin, es por el bien común… Ahora, a por Katia…” (Derriba de un a patada la gramola y la música desaparece. Luego, desaparece él de la habitación con un portazo. La cámara gira por un momento y vemos que a Nikolai le han empezado a brotar cogollos y ramas de marihuana del pecho).

(Escena 19. Plano general. Podemos ver a Topless 3 despertando a Joe a hostias. Ambos están en el suelo. Trueno le está lamiendo los pies descalzos a su amo. También podemos ver que la habitación está totalmente destrozada: armarios agujereados, ventanas y lámparas rotas, y las paredes dan la sensación de que ambos están dentro de un colador gigante).

-Joe: (despertando entre suspiros, con cara de molestia) “Qué… Alek no… por qué…”

-Topless 3: (le da una bofetada con más fuerza) “Despierta Joseph, joder”

-Joe: (despierta del todo y mira dudoso a su alrededor. Se lleva las manos a la cabeza y gime) “Aah… mierda…ahora empiezo a entender un poco más esta mierda. Yo… ¿qué ha pasado aquí?” (Se pone de pie y Topless hace lo mismo. Los vemos ahora a ambos en un plano americano).

-Topless 3: “¿Es que no te acuerdas? ¡Vinieron los transexuales chupasangre y conseguimos matar al hombre-lobo y al niño virtuoso del ceremín al que tanto odias! También hemos recuperado a Trueno, aunque lo han convertido. Y no solo eso…” (Se arremanga los ropajes medievales que los vampiros la obligaban a llevar, y le deja ver un pene. Luego pasamos a un primer plano de Joe, que se lleva las manos a la cara y suspira largamente).

-Joe: (plano general. Los vemos a ambos. Joe está decidido, se le nota en los ojos. Le da un beso a topless 3) “Mierda. Tenemos que arreglar esta mierda y creo que tengo un plan. He estado teniendo sueños raros desde que tuve contacto con estos monstruos y puede que me sirvan de ayuda. De todas formas, cogeré el Bazuca por si no se muestran diplomáticos. Después de todo, a estos salvajes solo les mueve la sed de sangre” (Agarra a la topless y salen de la casa. Tras el portazo, la escena se difumina en negro mientras las últimas palabras resuenan en eco).

(Escena 20. Plano general del camarote del O.V.N.I. de Aleksandr Sr. Las paredes están repletas de cuadros y retratos de muy distinto tipo, pero ninguno de ellos verdaderamente comprensible: los paisajes tienen ángulos imposibles y colores descarados y llamativos, los retratos son monstruosos y deformados; ni siquiera los bodegones parecen bodegones. Vemos a Aleksandr Sr. y a Junior sentados en sendos divanes, uno frente al otro, sosteniendo sendas copas de vodka).

-Aleksandr Jr: “¿Sabes, padre? Ese bastardo granjero ha huido esta mañana y ha conseguido matar a Omega. Tras que Alfa y mi hijo Anacletto le siguieran buscando venganza, consiguió finiquitar al Nota Lobo y a Aacletto. Lo bueno es que Alfa transformó a la Topless traidora que ahora sale con el estúpido granjero. Pero no importa, padre. Porque Anacletta sigue viva y pura. Sin adulterar. Créeme, si lo estuviera yo lo sabría. Casi no le quito el ojo de encima, y además sé que es una buena chica. Yo la crié, así que… Lo único es que seguro que le apenará bastante la muerte del Nota, estaba más apegado a él que a su propio hermano gemelo

-Aleksadr Sr: (tranquilo, menea su copa un poco) “Bueno. Ya sabes que tu nieto nunca nos dejaba dormir tranquilos con su puñetero ceremín. Y sobre el Nota, sé que era vuestra mascota y que todos le queríais, pero como bien sabes necesitábamos su sangre de lobo de todas formas, así que le habríamos matado nosotros tarde o temprano. Por eso le criamos Alek… No te pierdas… ¿Has…? Has terminado la pistola catalizadora, ¿verdad?”

-Aleksadr Jr: (su rostro parece calmado y feliz) “Pues claro… está todo preparado. Se acerca el momento, padre. No creas que dudaré. Tengo muy clara mi misión. Tantos siglos esperando volver. Tantas mañanas anhelando el hogar. Después de las desdichas de Júpiter y tantos años con la impotencia de… Se acabó… Se acabó la impotencia…”

-Aleksandr Sr: (brinda su copa contra la de su hijo) “Por el fin de la impotencia. ¡Y porque, cuando la sangre de lobo se encuentre por fin con la sangre pura y sin edulcorar de Anacletta y con mi sangre egoísta de vampiro transexual, nuestro Señor Cthulhu resurja e inunde este planeta en llamaradas letales y convierta a todos los transexuales alienígenas latentes de la Tierrra en una apoteósis de marihuana!” (La escena desaparece con un fundido negro, y las últimas palabras resuenan con un eco ensordecedor).

(Escena 21. Vemos en un gran plano general el O.V.N.I. de los vampiros transexuales ya totalmente reparado. Luego, pasamos a un plano americano en el que contemplamos a Vampyr Alfa, Topless 1 y Topless 2 en el exterior).

-Vampyr Alfa: (dirigiéndose a Topless 1) “¿De verdad me estás diciendo que has visto Mary and Max y no te parece una obra maestra de la animación?”

-Topless 1: “Pues… aun a riesgo de perder mi trabajo… yo prefiero algo como Hotel Transylvania”

-Vampyr Alfa: (primer plano. Pone una cara como si le hubieran dado una patada en la bolsa escrotal, o en la vagina, o en el lo que sea que tuviera en ese momento. Luego, pasamos a un plano medio y vemos como Alfa saca una pistola bastante pequeña de un bolsillo interior de su chaqueta y dispara a la cabeza de Topless 1) “Esa película es una ofensa para nosotros los vampiros” (Entonces primer plano otra vez, y le vemos sonreír de forma diabólica, como de costumbre). “¡Pero mira quién ha reunido valor y ha venido hasta aquí! ¡Esto no me lo esperaba!” (La cámara gira y vemos a Joe, Topless 3 y Trueno acercándose al O.V.N.I. Joe lleva un Bazuca al hombro y Topless 3 tiene en las manos un Fusil de Asalto  Sturmgewehr 44).

-Joe: (estamos ahora en un plano entero, se nos muestra a Vampyr Alfa, que se ha apartado de Topless 2 y del cadáver de Topless 1, acercándose al granjero, y a la pareja, que con sus miradas retan al vampiro) “Estamos preparados para acabar contigo y con quien haga falta, Alfa. Estamos cargados hasta los dientes, y no huiremos ni nos daremos por vencidos hasta que dejéis a Trueno como estaba y Topless 3 vuelva a tener vagina”.

-Vampyr Alfa: (vuelve a reír en voz muy alta. Es realmente molesto) “¿De verdad crees que nos vas a amedrentar? Mira, paleto, lo primero es que Trueno no podrá jamás a volver a ser el que era: está convertido, jamás escapará de la insoportable levedad de ser un vampiro transexual. No es lo mismo tener las habilidades de un vampiro que tener las de un transexual alienígena, y Trueno tiene las dos cosas. Considérale dichoso, ahora pertenece a nuestra misma raza solo porque se le antojó a Anacletta. Respecto a Topless 3, podríamos revertir el efecto, pero no… nos da la gana. Y ahora… ¿qué vas a hacer?” 

-Joe: (mira al cielo y da un bufido. Deja la Bazuca en el suelo. Echa a un lado a su amada y se arremanga la camiseta) “Quiero que arreglemos esto como hombres, no como vampiros transexuales. Quiero que me demuestres lo que verdaderamente valéis. No se permiten mordiscos ni transformaciones transexuales. ¿Te apuntas?”

-Vampyr Alfa: (da un empujón a Topless 2, que cae sobre el cadáver de su compañera. Luego, se acerca al granjero sonriendo. Sus caras están a pocos centímetros una de otra) “Esto va a ser divertido” (Las últimas palabras resuenan en eco mientras un fundido en negro barre la escena. Empiezan a sonar unos bongos).

 (Escena 22. Los bongos pertenecen a la canción que suena ahora de fondo: In the name of love, interpretada por el Soweto Gospel Choir. Estamos ante un gran plano general en el que vemos un campo con muchas flores amarillas. Un hombre con el pelo engominado y canoso, que lleva una túnica blanca inmaculada y un colgante con un medallón metálico con un corazón en relieve y unos auriculares también blancos, baila sin parar con las manos en alto, en slow motion. Entonces pasamos a un plano secuencia: la cámara sigue al Hombre Misterioso a sus espaldas. El hombre llega a una cabaña y sube al porche; en el porche hay una pareja de adolescentes morenos vestidos como paletos texanos, y el chico estaba en ese momento pasando la mano por la entrepierna de su novia, y dicha entrepierna estaba brillando. El Hombre Misterioso Que Llegó En Nombre Del Amor los contempla un momento. Pasamos a un primerísimo primer plano, y en pleno estribillo de la canción, los labios del hombre recitan el tema: parece que está escuchando dicho tema con los auriculares. Pasamos entonces a un plano medio, y podemos contemplar como el hombre pasa sus manos por las cabezas de los enamorados y en un momento ambas cabezas revientan con una explosión gore. El Hombre Misterioso Que Llegó En Nombre Del Amor sigue bailando con los brazos en alto, en slow motion, y se va de la cabaña dejando los cuerpos sin vida de los adolescentes. Mientras sigue la música, la cámara se acerca y enfoca a lo que queda de las cabezas: una masa de carne destrozada y llena de sangre. En el lado inferior izquierdo de la pantalla aparece el título del tercer y último capítulo de la obra, en letras góticas rojas):

(CONTINUARÁ)

What lies beyond the Sun

“It’s a filthy world”

The world according to Takeo

by Takashi Nemoto

 

1- Hail the Lord of Snakes (half a slayer)

Are you a man or a coward? Now we’ll see. Ok, let’s just…remember the three steps before you begin: one, never fail the stabbing, pure blood and delicious tones of dead flesh, two, dismembering is the best way to ensure you an easy body-flapping (scenes of appalling ants who were once humans -now decay above all of them, condemn me to suffer, condemn me to hurt and feel with no regret), and three, remember always pray for the advent of the Sacred Lord of the Snakes, whose albino scales shine with the Sun, and make the houses of poor people whiter, though not richer.

Son, remember always that the Sun wants us to kill. He’s our master, and as the light that he cast to us is ours, then our crimes will vanish to he space -they will be his crimes, they will be his murders and his sexual abuses. So, all that we do today is for the Sun. Could you imagine a Sunless country, son? Dark fields where no one see anything, where mean creatures dwell. Yes, son, it’d be a lawless jungle, as it was in the old times.

Now what about that? You’ve murdered him. You’ve murdered your teacher, he whom you love so much. You’re now a cruel thing born of the Sun. Now you deserve to be my son, son of your father, son of the Great Pale Star. Yeah, and you’ll always be mine, and blood will always be your partner in life. For life is badass, and you know you’ll have to get used to it. Better kill than to be killed. Better catch than to be caught. Better fuck than to be fucked.

2- Fifty dead children (Say with me: “I’m-not-your-entourage”)

Please Master have mercy. I know I have not prayed all that I should have, but I believe in you, and I know you help the ones who need you. Please, don’t abandon me, please, cause you’re all that I have now. For everything I have known in my life, it’s gone. You’re the altar whose pale wings I want to embrace me. I want your scaled body to be around me, to overwhelm me; to suffocate me.

What? You want a list? Ok, that shouldn’t be difficult. You… you want to know all about me, right? Well…let’s go… The first one was called Abel, he was 10 years old, and I was 8. I crushed his head with a bowl of petunias from my balcony. The second was Oli and I hit his body to death with a walking stick in the mountains because he didn’t shut up. The third was Dan, and I discovered that he wasn’t fireproof. A fourth was called Isaac, and I put a bullet into his right eye. The fifth was stabbed five times with a fork and I can’t remember his name. The filthy Gallardo twins were drowned in mud, they were bastards. The eight kid was called Benigno and I sentenced him to death by tellling him that I had killed his dog: then he committed suicide. Gael was my number nine, that’s why I painted a on his forehead and I killed him with a shotgun. God have mercy. My first two figures murder was a kid named Bartolo, and I killed him with a lamp because a lot of people told that he seemed like me, and it must be no one like me, for I am filth of the world and Sun itself. The eleventh boy was Eloy and I made him eat puchero until death because I hated his name. There was a number 12 but I only remember rain and dark, maybe in the woods but I’m not sure at all. I killed the thirteenth in the woods, that is pretty sure. I hanged him on a tree, he was called Jan. The fourteenth was called Shinji and I decided to kill him because he had the name of the main character of NGE, and I hated that character. The fifteenth was Hermenegildo. I manipulated him until the speed overdose and he ended up jumping from a cliff. Cool. And so go on… until fifty…fifty dead children that I carry with my soul.

But my soul is all yours, Master. I’m your entourage. I’m your vices and faults, I’m your glory and pride. I’m your light, for I’m all light.I…am not your entourage, for I am you. I am all that you always wanted to be. You…are all that I always needed. Your light, your senselessness and your dishonor. For I will be ready to kill the entire world when you tell me, Master. I will be ready to conquer and massacre, to reduce and subjugate. I will be the blade, and you will be the hand.

3- Apapachoa men (And just when you thought that things couldn’t get weirder)

Embrace me with your soul, Master. The time has come for me to leave my mark in the universe. Your red scales will cast the necessary light to me, just enough to see through your albino eyes. I will be giant. I will be pure. I will be light. And I will apapachoa the world with my “light-of-everything” wings. I will be titanic. I will be crimeless, forgiven, pure. I will be light.

And what then? Crushed ants, everywhere fire, ash above the skies and the Heaven gets besieged. What then? What if your red scales have nothing to cast his light to? Then it’ll be the second advent of Great Duck-Silhouetted Gerardo, the one who sniffs paradigms, and with the vast power of Creation, he will reduce all of us to tragedy and gore. What then, Master? Have you planned it yet? What if I destroy the world with my pale and sincere apapachoa? The ground would be the skies and the stars would be missiles from the space, and your light would be purifier swords of flame. It’d be a dance of planets until there’s nothing to gaze at. Gorgeous. But also boring. What about the Moon? Do you know that there’s a secret killer-clowns clan based in the underground of the Moon? Do you know the battles of the selenites? Would the Moon help us in the Final Battle?

You know I love you, Master. I love you with all my heart and I embrace you with my soul. But sometimes you’re wrong, and I get scared. But light shall not get scared. Light may not get scared. Light shall conquer everything. You, Master, and me. The Sun and the infinite pity of filth. The time has come for us to leave our mark in the crappy universe that is so full of darkness.

May there be light. May there be fire. May there be my Albino Master.